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domingo, 16 de mayo de 2021



EL PASADO PRESENTE

Esa noche con la fría niebla los huesos se levantaron y dijeron: no olvidamos el dolor causado por la tortura, por la intolerancia, por el miedo y el horror de unos ojos que no ven y almas que no comprenden la vida. Tronaban durante los días que aparecían y a todos se les quitaban las ganas, así manifestaban las almas olvidadas en el valle. 

Con el sol de la mañana las voces desaparecieron. Aquel día fue el último que se les escuchó murmurar entre la noche y el amanecer. Le llamaban las noches de los huesos tristes.

Los días transcurrieron entre primavera y verano. Flores, sol y lluvia que enrojecían las montañas y los atardeceres.

Volvió el invierno y con este el murmullo de aquellas voces que no podían olvidar.

Así pasaron muchos años, hasta que un día, una jovencita, en lugar de tenerles miedo, se quedó para conversar. Cuando salieron los abordó. Le contaron su historia y penar. A la mañana siguiente todos creyeron que ella estaría muerta. La encontraron tirada en una calle llena de buganvilias rojas. Era el color de la sangre de los ancestros que la cubrían por completo. Se la llevaron inconsciente a su casa. Le dieron brebajes, le quemaron incienso y a alguien se le ocurrió cantarle con un tambor. Así fue como despertó. Abrió los ojos y dijo: escuché mi corazón, ese me guio por el camino.

Se levantó apresurada, juntó un pequeño fuego, puso candelas y entonó algunos cantos viejos con el tambor y la sonaja. Rezó con devoción y no se detuvo durante toda la tarde y la noche. A la mañana siguiente hizo una ofrenda de flores y frutas. Llevó bananos, manzanas, melocotones, mangos, dulces, tabaco y guarito. Desde aquel día las voces descansan.

Dice la joven Selena que le dijeron que necesitaban fuego. Que la envidia, el dolor y el miedo nacen en la fría oscuridad y por eso era necesario calentarse un poco para purificar aquella memoria adolorida por la muerte en silencio, sin justicia ni descanso eterno. Fuego pidieron, para curar sus penas, para atravesar el umbral. Solo entonces descansaron como estrellas y desde el cielo, cuando se encienden las fogatas, brillan como el sol.

 

Jacqueline Torres Urizar

Chi Kaji' Q'anel, 2021

lunes, 30 de noviembre de 2020

CAMINANDO HACIA NUEVOS HORIZONTES

 

MISERIA EN LAS FINCAS

Kajkan Felipe Mejia Sepet

Cada una de las familias indígenas que han emigrado a las fincas por sus necesidades económicas tienen experiencias diversas que han marcado su vida, y sin excepción alguna han sufrido la discriminación y la explotación de parte de los terratenientes que mantienen las grandes propiedades de una herencia histórica de despojo.

Si bien un buen porcentaje de los habitantes de las comunidades indígenas emigran a las fincas a través de buses, la gran mayoría son llevados en transporte de carga como animales, sin importar que vayan niñas, niños, ancianas, ancianos, enfermos. Y luego las instalan en lugares que están en las mismas condiciones, porque el único objetivo es exprimir su fuerza de trabajo y ser forzada a regresar de nuevo a sus lugares de origen en las mismas condiciones pues el tiempo de labor no da para permanecer en las supuestas rancherías todo el año y tampoco es conveniente para los propietarios.

Cuando no había trabajo en las fincas, llegaban a mi comunidad personajes de dichos lugares para anticipar préstamos a quienes tuvieran la necesidad, y después era cobrado con intereses muy elevados, lo que hacía que muchos solo fueran a pagar su deuda.   

Algunos cuentan la asfixia que se ha generado dentro de los transportes de carga ya que para “evitar accidentes” se cubre el vehículo con lona, lo que hace insoportable la respiración de tanta gente apretada adentro, además de alimentos en descomposición y animales y todo lo que conlleva estar en un vehículo, encerrados por varias horas.

Según mis recuerdos de las veces que acompañé a mis papás a las fincas; no había escuelas, ni centro de salud o medicina alguna. El agua para beber había que sacarla de los ríos o de algún que otro nacimiento. Cada fin de semana se iba a la casa patronal por la ración de maíz y frijol que correspondía a cada familia, sabiendo que los precios de los productos estarían más elevados, y la paga no era suficiente. Muchas veces, las familias tuvieron que pedir dinero prestado a los vecinos o vender algunas herramientas de trabajo con tal de no quedarse sin algo de que comer.       

En una de tantas ocasiones, mi padre fue a la finca quince días antes para encontrar un lugar más o menos cómodo en donde vivir la temporada. Y luego nos fuimos mi madre y yo. Recuerdo que íbamos en un bus y había que pasar un río muy grande. El piloto ya había pasado otras veces por ahí con su vehículo, pero en esa ocasión el transporte fue arrastrado algunos metros por la corriente. Nos asustamos tanto que algunos se tiraron al río y los demás, como pudimos, salimos del bus y caminamos por un puente colgante muy largo, en donde descubrimos que había que saber caminar por él. Algunos optaron por esperar que la mayoría pasaran al otro lado porque se mecía mucho, y también había el riesgo de caerse. Se veía hasta allá abajo la corriente. Y finalmente, el bus ya no pudo pasar hasta el otro lado, y tuvimos que caminar más de diez kilómetros, cuando encontramos a mi padre en la parada, preocupado, pues nos habíamos atrasado más de cuatro horas de lo previsto.

Las tareas de mis padres en la finca empezaban muy temprano con los quehaceres del rancho compartido que se nos dio. Traer leña del bosque, lavar la ropa, preparar la comida del día, traer agua limpia y luego ir al trabajo todo el día, en corte de café. 

Por la edad que yo tenía cuando fuimos a las fincas, recuerdo algunas anécdotas vividas. Por ejemplo, cuando la gente de la ranchería estaba muy enojada pues se especulaba que “alguna persona” estaba aprovechando que nadie se encontraba para robarse la comida. Porque no había familia alguna que no contara que se había desapareciendo la comida de su casa. Así que todos se pusieron de acuerdo en que algunos debían quedarse, y también cuidar por las noches pues quizás aprovechaban que todos estaban cansados y durmiendo para robar. Al final, en una ocasión que escuchamos ruido en una de las casas en plena oscuridad de la noche y la gente pidiendo ayuda, no pudimos con tanta curiosidad y fuimos a ver. Nuestra sorpresa fue que el “supuesto ladrón” era un enorme tecolote que murió después de algunos disparos de escopeta que habíamos escuchado a lo lejos. Ahí nos dimos cuenta de quién nos estaba robando la comida, y nos reímos todos. Eran alegrías tan distintas, provocadas por la naturaleza.

A mi edad, me parecía muy divertido estar en esos lugares, sobre todo cuando los fines de semana con mi padre nos íbamos al arrollo que serpenteaba entre los cafetales y el bosque al pie de la montaña. Nos metíamos al río y buscábamos una buena poza para chapucear un buen rato y luego nos enjabonábamos sobre una de las piedras para luego meternos de nuevo para enjuagarnos. Y mientras nos secábamos bajo el sol, él iba a cortar algunas naranjas y nos las comíamos mientras me platicaba de su vivencia en su aldea, de sus sueños. Y regresábamos a la ranchería justo cuando mi madre nos recibía con el almuerzo que podía preparar con el poco dinero que se ganaba en esas faenas y en esos lugares llenos de peligros y enfermedades.   

Otra anécdota fue cuando mi padre estaba cortando café. En una de las ramas del cafetal estaba enrollada una enorme serpiente de color verde. Y como pudo, mi padre, dio un salto hacia atrás porque se asustó. Uno de los hombres que tenía mayor experiencia en ese tipo de trabajo, se acercó y le preguntó qué le pasaba, él le mostró la serpiente. Entonces el caporal, que era el trabajo de la persona en mención, preparó un palo para poder matarla. La serpiente también se dio cuenta de lo que iba a pasar, y no huyó. Empezó a deslizarse hasta el suelo y se preparó, lista, desafiante. Se enrolló con la cabeza en posición de combate. Esperó al hombre que con su machete estaba quitándole las pequeñas ramas al palo que utilizaría y hablándole a la gente, diciéndoles que iba a enseñarles cómo se debía matar a una culebra. Y la serpiente ahí, esperándolo. Sería un combate entre dos seres, en donde estaba involucrada la vida de cada uno. Muchos creemos que los animales se mueven solamente por instinto, pero los animales también tienen su propia energía, su propia inteligencia.  Cada ser tiene su propio nawal, dicen. Significa que el nawal no es un animal como dicen los extranjeros que estudian nuestra cultura indígena. El nawal es la otra parte que complementa a todos los seres. Es nuestro doble. Y el de la serpiente estaba mostrando en ese momento que había una tarea en donde había que involucrarse. Por eso, cuando empezaron los palos y el hombre trataba de darle en la cabeza a la serpiente, ésta esquivaba sus golpes, aprovechando al mismo tiempo en tratar de asestarle la respectiva mordida, haciendo al señor saltar lejos de ella. Ese tratar de dar y recibir golpes una y otra vez; el hombre con el palo y la serpiente usando su cola y sus colmillos, duró aproximadamente unas dos horas. Se veían cansados, cada uno había agotado sus fuerzas porque llegó el momento en que apenas podían moverse. El señor sudoroso no podía más levantar el palo para golpear ni saltar. Y la serpiente tampoco podía moverse más, ni su cabeza, tampoco el resto de su cuerpo. Hubo un momento en que cualquiera de los dos podía ganar la pelea con un solo esfuerzo más- O cualquiera de los dos podía morir porque se veía que ya ninguno de los dos le quedaba fuerza alguna. Un último esfuerzo del señor fue lo que definió aquel combate; con mucho esfuerzo pudo asestarle un golpe a la cabeza de la serpiente, y eso mismo fue lo que hizo recobrar sus fuerzas porque después vinieron otros palos a la cabeza. Lo que hizo que lentamente la serpiente fuera adquiriendo la relajación de un cuerpo inerte. Luego, el señor se desplomó al suelo, completamente sudado, casi muerto de tanto cansancio. Fue en ese momento entonces que se acercaron los demás compañeros de trabajo para darle un trago de licor. No era de menos haber tenido un combate como aquello, era una competencia entre los seres vivientes de la naturaleza y el ser humano, que en ese momento había ganado. Pero no siempre pasa lo mismo. Muchas veces la naturaleza sale ganando en estas competencias. Y generalmente en un combate como el que cuento, finalmente sale ganando ella porque medio año o un año máximo le queda de vida a quien la desafía porque no ha respetado a los seres bajo su cuidado.     

El último día que mis padres estuvieron trabajando en una finca, nos despedimos de quienes nos habían dado alojamiento por largos y cansados meses, sobre todo para nosotros era muy difícil vivir ahí por el clima cálido, puesto que nosotros procedíamos de tierra fría. Hubo tristeza, llantos e intercambio de utensilios de trabajo de parte de mi padre y de cocina de parte de mi madre para quienes nos habían cobijado en su casa. Había una niña que le tomó mucho cariño a mi familia y quería venirse con nosotros, pero su familia, para calmarla, le dijo que cuando fuera más grande se lo permitirían.

Salimos las once de la noche de la finca, alumbrándonos por todo el camino solamente con algunas candelas y ocote. En un momento, recuerdo, apenas podía sostener la vela entre mis dedos, casi quemándome y por eso opté por dejarla sobre una piedra; redonda que estaba justo al borde de un nacimiento de agua. Ese es el recuerdo que mantengo cada vez que voy a uno de los centros ceremoniales actualmente; porque existe un nacimiento muy parecido al de mis recuerdos.

Dejé la vela en esa piedra, y mientras iba caminando, sentía cómo dejaba parte de mi corazón en cada uno de mis pasos, como despidiéndome para siempre de aquellos lugares al ver cómo la llama de la candelita se iba alejando de mi cada vez más. Y ahora cada paso que voy dando hacia adelante me acerco más a esa candelita de mis recuerdos. Con otros ojos, con otras experiencias vividas en el viaje.

Llegamos las tres de la mañana al lugar para tomar el bus hacia mi ciudad natal. Todo estaba oscuro, nuestras velas se habían acabado y nuestras cosas de regreso consistían solo de algunos utensilios para comer, algunos bananos, nuestra ropa y algunas cobijas. El perro que teníamos, se había venido de regreso con nosotros, pero como no es permitido animales en el bus, como la vez aquella que llegó a la finca sin llevarlo; tuvo que regresarse a nuestra pequeña ciudad de la misma manera. ¿Cuál sería su historia del trayecto de ida y vuelta de aquel amigo fiel? Porque es un largo camino. Encontraría a otros perros que defienden su territorio. Días y noches de camino, gente desconocida, comiendo lo que encontraba, con la idea puesta en volver a encontrarse con sus amigos y estar de nuevo en casa. También tuvo una sufrida y conmovedora experiencia de más o menos de un mes de camino, en su ir y venir para acompañarnos y cuidarnos.  ¿Quién podría ser más fiel qué nuestro perro?

Esas memorias son ahora muy bellas. Y luego, pasados tantos años, regresé a recoger los pequeños trozos de corazón que había dejado en esos caminos y en algunos lugares que ya no son como los tengo en mis recuerdos.

La vida y el tiempo van cambiando, pero no sucede lo mismo con la constante represión de la gente indígena porque como cualquier ser humano, tiene el derecho a un pequeño espacio de tierra para poder hacer su casa y sembrar para su sobrevivencia.

 

En memoria de mi padre Francisco y agradecimientos a mi madre Martina

Al día-energía del Wuqu' Iq' que sigue fluyendo a traves del cerrito arriba del pueblo, al cual ya no tenemos acceso para nuestras ofrendas.


 


Chijay Iximche', Chi wuqu' Iq' 30/11/2020






martes, 21 de julio de 2020



LA PANDEMIA Y LA “MUERTE” SEGÚN LA COSMOVISION MAYA


Kajkan Felipe Mejia Sepet

En plena expansión de la pandemia, las personas estamos mostrando nuestros miedos de distintas maneras, desde la seguridad que queremos mostrarles a los demás cuando les contamos de todas las variedades de prevención que estamos poniendo en práctica de manera individual, con nuestra familia y en nuestra comunidad. También buscamos la seguridad que en algún momento nos generó el estar practicando algún tipo de espiritualidad, aunque por el momento no podamos estar reunidos en grupo. Lo mismo estamos manifestando cuando por mantener nuestra salud estable, para fortalecer nuestras defensas; hemos optado por distintas alternativas como los alimentos, las vitaminas, las plantas medicinales y otros productos que en condiciones “normales” ni hubiésemos imaginado consumir. Hasta el punto de haber pensado que aquello era una práctica exótica, o para los que vivían en el pasado. Pero también estaban quienes, con una idea clara de no usar ningún tipo de medicina química, a estas alturas, las están utilizando. La actitud de ahora es que todo lo que ayude a contrarrestar la enfermedad es lo más importante y no necesariamente su procedencia. La idea es mantenerse vivos sin saber por cuanto tiempo. Se están rompiendo todo tipo de prejuicios en este ciclo. Y aunque algunos no quieren dar su brazo a torcer; ojala se vaya dando cada vez más, para que en las ciudades y comunidades no solamente seamos tolerantes, sino respetuosos de cada una de las vidas, las que son todas importantes por igual. 

Ésta calamidad no está escogiendo a determinado grupo social, étnico, político, económico o religioso, todos estamos propensos a contraer la enfermedad.        


1.       HERIDAS QUE DEJA LA PANDEMIA

Pasados ya algunos meses de encierro “por nuestro bien” se van haciendo más marcadas las diferencias con que somos tratados los pueblos indígenas. Y no se puede pasar desapercibida esa actitud tan humillante que persiste de “los que deciden por nosotros”, y a pesar de tanta tragedia que ven a su alrededor, no tienen nada de conciencia, nada de solidaridad. Y persiste el saqueo y la constante invasión a nuestra vida. Eso se refleja en los distintos aspectos que contemplamos en la actualidad:

·         El dolor que genera el haber perdido un ser querido y no haberlo enterrado, sobre todo cuando no existe el pleno conocimiento de donde ha sido inhumado puesto que “los que deciden por nosotros” así lo han planteado.
·         Dolor que genera el aislamiento del enfermo en un hospital en donde la comunicación no es en su idioma y tampoco se le da el trato humano que merece, siendo solo una estadística más.

·         La incertidumbre que han generado los estados cuando no tienen la certeza de las verdaderas cifras de COVID 19 y muertes de hermanos causado por otras enfermedades, -que cabe recordar que son la mayor cifra- pero que, por la atención puesta solamente en la pandemia, se han despreocupado de ellas.

·         La segregación que ha generado la enfermedad, pero también el reflejo de la poca armonía que existe en las comunidades cuando la practica espiritual es distinta a la oficial y que cabe mencionar, se va haciendo mucho más marcada.

·         La pandemia ha mostrado las permanentes heridas que los Pueblos Originarios han sufrido a lo largo de la historia de los Estados creados, llamase información, salud, economía, etc.

·         También sucede lo mismo cuando la medicina tradicional es sustituida violentamente por la medicina alopática, como una manera de imposición permanente.

2.       LAS SEÑALES (SUEÑOS) ANTES DE LA PANDEMIA

En la práctica de la Cosmovisión Maya prevalece el pensamiento de CASTIGO, que el cristianismo y sus distintas sectas religiosas nos ha obligado a creer. Y se ha enraizado tanto en nuestro ser que todo lo vemos con temor y desconfianza. Con miedo. Sobre todo, si se trata de un sueño en donde se reflejan íconos muy culturales, por ejemplo, una serpiente, se interpretará de manera sesgada, relacionándola con algo extremadamente negativo.

Pero también el contexto nos muestra una clara “oportunidad”. La energía que conduce al despertar y al reencauzar de nuestras cualidades de nacimiento. A eso que le llamamos Q’ij Alaxïk.

En cada uno de los pueblos indígenas hemos tenido experiencias que nuestros ancianos han sabido valorar, sobre todo cuando se trata de epidemias. Nuestros ancestros mayas a través de los siglos que han habitado determinado territorio tienen marcadas sus referencias, de manera física como energética. Esa es la importancia de la territorialidad, y por eso es que recibimos distintas señales, las que muchas veces no le pusimos la atención debida o no entendimos. Pero la pena es que tampoco las compartimos con los demás para su interpretación. Lo que es un claro reflejo de nuestro interior; porque de esa manera mostramos que hemos perdido nuestro vínculo colectivo. 

Previo a la pandemia hubo muchos sueños que a lo largo y ancho del territorio maya fueron recibiendo determinadas personas, que, sin más, se han convertido en la referencia de su espacio colectivo, de su comunidad y consecuentemente de toda una multitud porque tiene el vínculo con la dimensión desconocida de los sueños. También tienen ese compromiso porque desde la perspectiva de los principios y valores mayas se contempla la importancia que tiene ese individuo por el fuerte vínculo que tiene con las otras dimensiones de la vida.

También las señales a través de la naturaleza fueron constantes. En el cielo aparecieron imágenes que varios ancianos interpretaron como una calamidad futura. Y aun en plena pandemia la naturaleza nos sigue expresando que los problemas son una constante. La tarea nuestra es incrementar la empatía, la percepción, la intuición.   
  
“Si en el contexto político nacional e internacional se ve la readecuación de las élites de acuerdo a sus intereses; es lógico que en la dimensión intangible también todo se adecúa según como fluye la energía en cada ser”.     

3.       CODIFICACIONES MENTALES QUE HAY QUE SUPERAR   

Un aspecto más inculcado y que hay que tomar en cuenta es el pecado, que es una manera de condicionar al ser humano. De ese modo es que se crea conformismo y fanatismo. Y por lo cual se puede escuchar a muchos hermanos indígenas decir que la pandemia ha sido un castigo divino y una gran mayoría solo están esperando la voluntad de dios.  

El bien y el mal ha sido uno de los recursos que se ha usado en distintos tiempos y espacios. Y en el que nos corresponde se está usando como una estrategia más para para que prevalezca la  división y discriminación ya que los hermanos que están enfermos, son estigmatizados y forzados a estar aparte de los demás. Incluso, algunos creen que es un castigo de dios porque se han portado mal.      

La culpabilidad genera mucha inseguridad mental que lentamente va enfermando, porque empieza por la mente y va extendiéndose a nuestras emociones, luego a nuestro espíritu y se apodera de nuestro cuerpo físico. La culpabilidad es un estado emocional que genera inseguridad y miedo. Miedo de estar solo, de quedarse solo, de sentirse solo, y esto va conduciendo al susto (temor), que es la predominancia actual. Inicia con el permanente miedo, lo que conlleva a la desconexión del ser, y posteriormente surge susto a todo, y finalmente se llega a la esquizofrenia.

Uno de los reflejos del miedo es la poca valoración de la vida que se tiene al ver que una gran mayoría de la población no respeta la distancia que debe haber en estos momentos difíciles. O la combinación de los distintos aspectos abordados arriba, pero que finalmente llega a influir en cada uno de los miembros de la comunidad.  

La tergiversación que de nuestra cultura y de nuestros conocimientos hacen algunas personas en su propia ignorancia también genera la desconfianza que no es beneficiosa n este momento en que necesitamos de la mayor solidaridad posible.

A pesar que la enfermedad es generalizada, persiste la división y el protagonismo que existe entre las mismas organizaciones indígenas, y como dicen: Cada uno está llevando agua a su molino. No es consecuente el discurso con la actitud hacia los hermanos.

La desaparición del valor de la palabra en todos los ámbitos de la vida maya, sobre todo el respeto a la palabra de los ancianos por parte de mayas que se han autoidentificado como los “intelectuales” de su comunidad también ha contribuido a la poca valoración de los mismos.

Existen distintos programas mentales que son el trabajo personal que corresponde en este momento, y ningún tipo de argumento ni análisis puede influir en el cambio que cada uno necesitamos para entrar al otro ciclo.        

4.       JUN KEME/WUQU’ KEME – LA CONCEPCION DE LA MUERTE (Pop Wuj) LOS 9 SEÑORES DE LA NOCHE

Jun Keme – Wuqu’ Keme son la representación de los distintos Guardianes (no dioses ni deidades) regentes de la transformación, del aspecto previo al paso a la nueva vida. Llámeseles enfermedades, accidentes, recurrencias, vicios y todo tipo de energía que acelera el proceso de transformación, el paso hacia el otro lado de la “puerta”. En este sentido, entramos en la oscuridad del momento y somos “sembrados” simbólicamente, y salimos a la luz, al germinar en una nueva vida, en el constante ciclo de la vida en espiral.

Igualmente, uno de los calendarios que nuestros ancestros mayas crearon está relacionado con el número nueve del que los ajq’ija’ conocen cual es el sentido del mismo. Pero, además, son la representación de los Guardianes de la Sombra, de la Oscuridad que van alternándose, como sucede con los 20 Alaxïk (nawales).   
  
Venimos de la fuente, regresamos a la fuente. Es decir, cuando la energía de la vida llega al borde de su ciclo, regresa a la fuente para regenerarse.

En nuestras cosmovisiones, de pueblos indígenas, creemos que la vida-muerte es nada más que la entrada hacia otro ciclo de vida, a otro plano de la existencia. Un paso necesario para la transformación.

En relación a la pandemia, hay que dejar en claro que la energía de los 9 señores de la Sombra, están justamente en su medio, en su tiempo y espacio, y el MIEDO está siendo su primera y mayor herramienta, su vehículo para llegar a los seres humanos. Por eso el trabajo personal es lo primordial para este ciclo, para darnos cuenta hasta qué punto hemos asumido nuestro compromiso de vida, para no sentir el "peso" de nuestra conciencia en este período.

Actualmente, en los pocos espacios de conversación alrededor del fuego sagrado, comentamos de aquella “profecía maya” relacionada en que cada ser humano estaría ingresando al “salón de los espejos” para ver su luz y su sombra. Es precisamente éste momento. Toda la humanidad estamos en ese salón. En las comunidades mayas, en base a nuestro libro sagrado Pop Wuj entendemos que estamos ahora en Xib’alb’ay, en la casa de los cuchillos de obsidiana, y “debemos movernos viendo por todos lados y estar con cuidado” porque estamos rodeados por ellos y listos para venir hacia nosotros.   
Generalmente, en los procesos de transformación, los espacios energéticos que han sido constantemente utilizados, desde tiempo inmemoriales por nuestros antepasados, son los que nos ayudarán en este momento. Cuevas, nacimientos de agua, cementerios, el altar de casa, esos son los lugares indicados para las distintas preguntas que nos hacemos. Es el lugar de la medicina. Como parte del conocimiento de los pueblos indígenas es que practicamos la Sanación a distancia. Y este tiempo en que la pandemia nos ha obligado a tomar una distancia prudente; entonces la manera que seremos útiles es desde nuestros espacios, aunando a ello nuestra más fuerte intención de sanación, o de descanso y de paz. Dicha práctica también puede ser de utilidad para los hermanos que no han podido hacer los rituales de acuerdo a su tradición. O en el mayor de los casos; cuando no se sabe en donde han sido enterrados los familiares. También mucho de nuestros hermanos ha quedado su cuerpo energético (su espíritu) en esta dimensión, porque entre sus planes aún no había pensado en esa posibilidad de dejar este plano, sobre todo, de manera acelerada. Por eso es necesario cerrar el ciclo de cada uno a través de un ritual de despedida, de cierre.

En este contexto, no hay que perder de vista, que ese ritual lo debe hacer un especialista, porque en ese momento se abre un pequeño espacio dentro del mundo ordinario, dentro de la realidad como la percibimos, y para “oír” de un modo subjetivo los mensajes que surgen de distintos planos. Ese pequeño espacio permite la comunicación con una mente conectada al universo, a un poder superior, y a la consciencia colectiva.

De esa manera se inicia con el propósito de la curación en los distintos planos.
  
5.         COMPROMISOS QUE LOS MEDICOS TRADICIONALES Y LAS ORGANIZACIONES INDIGENAS AUTOMATICAMENTE ADQUIEREN (ANTES DURANTE Y DESPUES) DE LA PANDEMIA
              
·         Cada médico tradicional de los Pueblos Originarios generalmente adquiere su función a través de sus sueños, que ha sido uno de los temas abordados. Significa que su compromiso es con su entorno, con su comunidad.   
  
·         Todas las recetas de medicina tradicional son beneficiosas. Los médicos tradicionales constantemente toman nota de cada una. Y se les invita a todos a tener sus recetarios para cualquier tipo de dolencia. Las plantas son sagradas, y curan. 

·         La médica – el médico tradicional no debe generar miedo, ni confusión, ni el sufrimiento al afectado para que de esa manera se vaya fortaleciendo su equilibrio energético y lograr su pronta recuperación.

·         El trabajo de la médica – el médico tradicional es comunal y por lo tanto debe tener en cuenta el juicio de la colectividad porque ha adquirido un compromiso de servir. De tal compromiso es que surge la imagen de que dicha persona es una autoridad en su comunidad.

·         La médica – el médico tradicional ha de ser capaz de ayudar a las personas a alcanzar mayor claridad de conciencia y a través de su enfermedad, con su sanación pueda obtener la paz y la armonía que ha necesitado.

·         La médica – los médicos tradicionales tienen el derecho de ejercer su misión sin que otra práctica espiritual la-lo condicione, así también tienen el compromiso de buscar “la vida plena”, y ser así la-él ser human@ a quien la colectividad tenga como un ejemplo a seguir.


KAJI TOJ
21 DE JULIO DE 2020

jueves, 14 de mayo de 2020