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domingo, 16 de mayo de 2021



EL PASADO PRESENTE

Esa noche con la fría niebla los huesos se levantaron y dijeron: no olvidamos el dolor causado por la tortura, por la intolerancia, por el miedo y el horror de unos ojos que no ven y almas que no comprenden la vida. Tronaban durante los días que aparecían y a todos se les quitaban las ganas, así manifestaban las almas olvidadas en el valle. 

Con el sol de la mañana las voces desaparecieron. Aquel día fue el último que se les escuchó murmurar entre la noche y el amanecer. Le llamaban las noches de los huesos tristes.

Los días transcurrieron entre primavera y verano. Flores, sol y lluvia que enrojecían las montañas y los atardeceres.

Volvió el invierno y con este el murmullo de aquellas voces que no podían olvidar.

Así pasaron muchos años, hasta que un día, una jovencita, en lugar de tenerles miedo, se quedó para conversar. Cuando salieron los abordó. Le contaron su historia y penar. A la mañana siguiente todos creyeron que ella estaría muerta. La encontraron tirada en una calle llena de buganvilias rojas. Era el color de la sangre de los ancestros que la cubrían por completo. Se la llevaron inconsciente a su casa. Le dieron brebajes, le quemaron incienso y a alguien se le ocurrió cantarle con un tambor. Así fue como despertó. Abrió los ojos y dijo: escuché mi corazón, ese me guio por el camino.

Se levantó apresurada, juntó un pequeño fuego, puso candelas y entonó algunos cantos viejos con el tambor y la sonaja. Rezó con devoción y no se detuvo durante toda la tarde y la noche. A la mañana siguiente hizo una ofrenda de flores y frutas. Llevó bananos, manzanas, melocotones, mangos, dulces, tabaco y guarito. Desde aquel día las voces descansan.

Dice la joven Selena que le dijeron que necesitaban fuego. Que la envidia, el dolor y el miedo nacen en la fría oscuridad y por eso era necesario calentarse un poco para purificar aquella memoria adolorida por la muerte en silencio, sin justicia ni descanso eterno. Fuego pidieron, para curar sus penas, para atravesar el umbral. Solo entonces descansaron como estrellas y desde el cielo, cuando se encienden las fogatas, brillan como el sol.

 

Jacqueline Torres Urizar

Chi Kaji' Q'anel, 2021

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