En cualquier dirección que veamos, nos damos cuenta
de las enormes consecuencias que el enfoque materialista ha generado en pocos
años. El sistema de comercio global, la
ciencia, las comunicaciones, los viajes espaciales, etc,
han sido realizados a un costo muy alto y el sacrificio de muchos.
En nombre del progreso se sigue explotando a la
Naturaleza, a la Madre Tierra hasta el punto de la destrucción. Y la
concentración económica se ha convertido en una obsesión que no es nada más que
un estado mental-espiritual de ansiedad por la incertidumbre del propio individuo.
La lógica nos limita nuestro punto de atención a la economía material y persistentemente
nos negamos a admitir la idea de la existencia de un plano espiritual porque no
deseamos pensar en el gran misterio que es la vida.
Un reflejo de la negación de otros planos
existenciales de la vida materialista, es el abandono de los ancianos, pues
verlos,nos recuerda lo que no hemos asumido en nuestra conciencia de
nacimiento-muerte. Nuestro miedo explica por qué, durante tantos años, los
individuos que tenían experiencias misteriosas de sincronicidad, intuición,
sueños, percepciones extrasensoriales, etc, enfrentan tanto escepticismo, a
pesar de que dichas experiencias estuvieron siempre presentes en la existencia
humana.
El mundo es un sólo tejido interconectado de
relaciones energéticas en distintos niveles.El universo es un todo indivisible
que es vida, que es fuerza espiritual. Esto se alcanza a sentir, después de una
atenta observación interior pues estamos íntimamente conectados a esa energía.
Existen prácticas para lograr afinar esa relación.
Si bien es cierto que el materialismo ha desviado
nuestra conducta, también nosotros como seres humanos, a lo largo de la vida, hemos
generado ciertos patrones individuales que han contribuido. Y aunque en el
fondo sabemos que son actitudes autoengañadoras, se nos hace difícil ver de
manera objetiva nuestro comportamiento personal.
Cuando el interés va más allá de una simple
exploración personal, se requiere más que la catarsis de lostraumas infantiles.
Para no quedarse en los intentos inconscientes de adquirir energía y seguridad,
hay que mirar más allá de la comprensión intelectual para buscar una nueva
fuente de seguridad.
El desafío es mirarnos a nosotros mismos con más
atención para identificar nuestro conjunto particular de supuestos, de nuestros
traumas, y las intenciones que constituyen nuestro propio drama, y encontrar
otra experiencia que nos permita abrirnos a la energía que llevamos dentro.
Una metáfora maya expresa que cuando nace un ser
humano, allá en el cielo inicia el brillar de una estrella. Lo que significa
que si nuestro destino fue el venir como seres espirituales a la Tierra, ¿qué
pasa con el proceso de nacimiento y muerte? ¿Qué descubriremos aquí en la tierra de la dimensión celestial de la que venimos y a la cual retornamos
cuando nuestro tiempo aquí termina?
Cuando los seres humanos estamos conectados al
centro energético, aquí y en la otra vida, nuestra seguridad viene de adentro.
Cuando estamos apartados de la fuente divina, buscamos seguridad fuera de
nosotros mismos a través de alguna forma de gratificación y los dramas de
energía que nos hacen perder energía.
Los seres humanos inventamos todo tipo de
mecanismos para minimizar nuestro mundo y así ahuyentar la ansiedad de la vida.
Todo tipo de instrumento que usa el abusador, las maniobras del criminal, no es
más que una forma de reprimir su miedo de estar perdido. Eso es el mal, ese es
el infierno. Son estados interiores individuales. Y todos esos comportamientos
deben entenderse como un mecanismo de defensa contra el gran miedo que genera la
desconección espiritual.
Ahora queda bien clara la verdadera importancia de
conectarnos interiormente, de eliminar nuestros mecanismos de control y
encontrar nuestra verdad. El hecho es que estamos aquí en la tierra para ser
más conscientes de nuestra naturaleza espiritual.
Además,
sabiendo cual es la connotación de la Naturaleza en nuestra vida,
comprenderemos que existen lugares especiales que nos generan estados
acrecentados de conciencia que nos aceleran nuestro proceso interior. Esos
espacios hay que brindarles protección.
Existen muchos establecidos por pueblos de prácticas ancestrales. Pero otros, en cambio, nunca fueron indicados ni documentados.Por eso es que deben ser redescubiertos para su cuidado.
Otro cambio que se produce durante la experiencia
interior es el grado de proximidad y conexión que sentimos con los objetos o
fenómenos que nos rodean. Todo de pronto parece estar más cerca de nosotros:
una montaña distante, árboles sobre una pendiente, torrentes en el valle. Todos
estos objetos parecen tener ahora una mayor presencia y relación en nosotros a
pesar de estar muy lejos. La sensación es que se nos vienen encima, y es porque
requieren nuestra atención, o nos compartirán un conocimiento necesario en el
momento para nuestro crecimiento.
Esa es la percepción común de experimentar una
sensación de unidad con todas las cosas. Al mirar y percibir la Naturaleza mientras
estamos en este nivel de conciencia, todo lo que percibimos nos parece parte de
nosotros mismos.
Somos parte del universo de la vida.
Kajkan
Felipe Mejia
Chuwa 13 B’atz,
2 de diciembre de 2014