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jueves, 14 de mayo de 2020

jueves, 23 de abril de 2020

CENTRO ENERGÉTICO "WUQU' IQ'"


WUQU’ IQ’, CERRANDO CICLOS
Lajuj kan, jueves 19 de marzo de 2020

La Argentina la llaman. Pero yo prefiero decirle Wuqu’ Iq’.

 “Subí a la montañita, la loma por donde está el Wuqu’ Iq, estando de goma de tres días seguidos. Y como ya no tenía nada de dinero para calmar el malestar, se me ocurrió subir a traer leña ya casi entrada la noche. Cuando llegué al lugar, me alegré mucho porque había mucha leña ya hecha como para llevar una buena parte, pero me dio por pensar que estaría el dueño por ahí. Así que decidí regresar al otro día, muy temprano.

Casi no pude dormir. O no dormí. Pero me levanté de madrugada, como las cuatro de la mañana y subí al lugar. Estaba la luna llena. Todo en silencio. Uno que otro pájaro intentaba ya desperezarse, mientras yo iba buscando la leña que recordaba, estaba hecha una pequeña montaña. Iba pensando en lo que iba a hacer ese día con el dinero que iba a ganar por la venta. Ya no había que hacer el esfuerzo de siempre, el de cortar y rajar. Llevaba mi mecapal, mis dos lazos, mi machete y un mi octavo de trago para aguantar las penas del esfuerzo. Y ¡cabal!, ahí estaba la leña en donde la había visto el día anterior. Rápidamente acomodé los lazos y empecé a jatearlas para hacer una buena carga, pensé. Pero justo cuando tomé los primeros leños, un escalofrío me paralizó. Sentí los brazos pesados y no podía mover mis dedos. Una gota de sudor estaba recorriendo mi frente hasta la punta de mi nariz. Intenté una y otra vez al menos mover la cabeza y al fin lo logré. Y como pude volteé a ver a mi izquierda, justo al pie de la otra montaña estaba un ser que, si hubiera podido, habría gritado con todas mis fuerzas, pero no me salía la voz. Era una forma que se deslizaba como una serpiente y que rígida, me estaba viendo, tenía los ojos rojos como brazas, mostraba sus brazos amenazantes, creo que con la intención de castigarme. 

Y ahí venía, así como como camina una culebra, pero que con sus brazos que estaban alrededor de su cabeza y por la manera que los movía; producía un ruido que parecía el roce de machetes, y sus gemidos y gritos que hacían sentir miedo. Y ahí venía. Cada vez más cerca. Y yo todavía de cruda. Hice un gran esfuerzo de vida o muerte. Saqué mi octavo, lo destapé y dije: la mitad para la tierra y la mitad para mí y lo que dios decida. Y ya con el trago en la panza me sentí valiente y agarré mi machete, listo para defenderme. Y ahí venía aquella cosa. Estaba como a unos dos metros ya. Me levanté entonces y antes de que me ganara y se llevara mi alma, cerré los ojos y empecé a machetearla una y otra vez. Sólo sentía que el filo de mi machete cortaba uno y otro brazo hasta que esa cosa ya no hizo nada de ruido. No me ganó, ahí estaba entero.

Y al fin me animé a abrir los ojos. Ahí estaba aquella cosa, tirada, toda macheteada. Esa era la razón; eran las hojas alargadas, en forma de espadas y el tronco, como la forma de una serpiente que en ese momento yacía tirada, macheteada. A lo lejos, y en un punto despejado; se veía el espacio del Wuqu’ Iq’.

Lo que uno les hace a los pobres izotes cuando la debilidad de la mente le hace ver cosas a uno”.               

“Es irónica la vida. En algún momento crees que todo va a ser permanente; los años, los pensamientos, las palabras, las actitudes, los amigos, los lugares, etc., y no.

Cuando conocí el Wuqu’ Iq’ mi pensamiento permanecía en la práctica religiosa cristiano-protestante. Aunque en realidad ya no era un miembro activo porque en esos años estaba consumiendo mota todos los días, esperando con eso que en una de tantas pudiera alcanzar el bienestar que mi espíritu necesitaba. Pero pasaron diez años de mi vida y de eso nada. Por eso, al ver que, en la lomita, justo frente a un imponente pino había varias piedras como dándole forma a un espacio para adorar a quien sabe qué, y un espacio en el que se prendía fuego, o hacían brujería, decían; mi indignación fue mucha que lo único que pude hacer fue tomar las piedras y tirarlas por todas partes para borrar por completo uno de tantos lugares en donde se practicaba la “maldad”, le decía al amigo que me acompañaba en ese momento. 

Y pasaron los años, y con las ideas adquiridas, puedo entender ahora lo que sintió quien había construido el altar ya que en una de tantas ocasiones que subí fui a visitar el lugar yo solo, años después; al ver las piedras esparcidas por todos lados, me sentí triste porque ahora sé que a esos lugares se les pone piedras porque tienen su propia energía y también sirve de referencia al trabajo de introspección que se hace, ya sea para uno mismo o para otras personas. Por eso, recordando que yo alguna vez tiré las piedras, me dije a mi mismo que me tocaba recogerlas para volver a tener la referencia (a juntar la fuerza, dicen) que de manera tradicional han ido dejando cada uno de los visitantes. 

Pero pensaba en lo poco tolerantes que podemos ser los seres humanos cuando no tenemos abierta la mente ni el corazón para la diversidad del ser humano que somos. Estamos todos en esta dinámica de la vida en donde ni uno ni otro está sano y salvo en su zona cómoda espiritual. El compromiso personal del momento es asumir el propio ser de quien tiene una misión, un aporte que servirá a la colectividad.                        

“El Wuqu’ Iq’ es un lugar que fue frecuentado y adecuado constantemente por don Mateo Ajtzalán a finales de los años 90’s. (En ese tiempo es que arrojé las piedras a todos lados para deshacer el lugar). Todavía pude ver a don Mateo cuando tendría unos 80 años, en la puerta de su casa. O una vez en su cocina, cuando se estaba calentando las rodillas después de desayunar. Ahí estaba con el pantalón levantado, frete al fuego rodeado por tres piedras. Sabía que él era quien subía a hacer sus trabajos a la montañita pues le quedaba cerca, pero hasta ese día lo vi. Lo saludé, pero no me contestó. Creo que no me oyó. Tampoco supe cuando nos dejó porque en ese período yo andaba "volando" todos los días.    

Después de momentos de cambios radicales en mi vida, como el que ya andaba en la práctica tradicional, subimos con don Valentín y don Carlos al Wuqu’ Iq’ a poner una ofrenda, como lo hacíamos regularmente.  Pero ese día llevamos cemento y arena, tres cruces pequeñas de madera y la intención de dejar bonito el lugar. Nos dimos todo el tiempo pues arreglamos las piedras, les pusimos una base de concreto, también a las cruces les pusimos concreto en sus bases la verdad es que quedó muy bien. Después muy contentos los maestros hicieron el fuego ceremonial y ya nos regresamos. Como a las dos semanas regresamos al lugar y la sorpresa fue que las cruces estaban macheteadas, casi desaparecidas y las piedras las forzaron hasta levantarlas. Y otra vez esparcidas. De nuevo el lugar fue destruido.

“Ri loq’oläj San Lorenzo, decía don Valentín, -refiriéndose al lugar como, el lugar del guardián del viento-, siempre le pasa eso. Así como vemos al viento, se golpea en las rocas, se pega contra las paredes, se estrella en la profundidad de los barrancos, se aporrea contra los objetos metálicos, choca contra los árboles, se hiere y sangra con los alambrados de los terrenos... Por eso nuestros ancestros, con tal de que no olvidáramos nuestra costumbre -decía- viendo la cualidad de los santos de la iglesia católica los usaron para reflejar algún día-energía en específico. Por eso san Lorenzo Mártir es la energía Iq’ que anda golpeado y herido todo el tiempo”.

Y así hay una larga lista de anécdotas del Wuqu’ Iq’, como que ahí hice las paces con el licor y ya nuestra relación es más relajada qué antes.

O las visitas que hacíamos cuando nos acompañábamos en nuestras ceremonias personales o ayudando a algún amigo o persona que necesitaba un empujoncito para su crecimiento personal. Y avanzábamos un poco más en el camino de la vida.

Cada vez que subíamos a aquel cerro era para pasar a otro ciclo personal. 
     
Una de las celebraciones más importantes en el calendario maya es el Waqxaqi’ B’atz. Pues una de ellas fue celebrada en el Wuqu’ Iq’ a mediados de los 90’s. Los amigos de la Marimba Kikotem Juyu’ Taq’aj eran nuestros músicos oficiales de cualquier evento ceremonial y nos acompañaron a ese lugar. Así que con el grupo de jóvenes que nos habíamos organizado en esa época, acordamos celebrarlo en ese lugar. 

Esa vez usamos pirotecnia porque estábamos alegres estar celebrando ahí. El terreno era de particulares y amigos, y sabían de nuestra celebración, y era un gusto para ellos pues sabían el tipo de celebración que significa el buscar un cerro, su cerro. Y nosotros la pasamos más que bien toda una noche en el cerrito del Wuqu' Iq'. Nuestras ofrendas al fuego y a los ancestros a quienes recordábamos y honrábamos en ese espacio justo en la cima, protegidos por los arboles del pequeño bosque.






Al igual que aquel vórtice energético que era constantemente desmantelado, la montañita fue destruida hasta que solo quedaron algunos troncos de encino. Ya en esa época en toda la superficie se alcanzaba a ver milpa sembrada. Pero no duró tanto porque cuando sucedió lo del Stan y después el Ágata, las dos tormentas tropicales, hubo deslaves por ese sector y el propietario fue obligado a reforestar, y entonces los arboles empezaron a mostrar un bosque joven de pinos y cipreses. Fue en esa época que se hizo ahí parte del documental El Sagrado Fuego Maya, entre el sembradillo de milpa y los árboles en pleno crecimiento. En este blog está el Link del documental mencionado.
     
Hace más de dos años se me ocurrió limpiar el espacio que ya estaba muy abandonado porque la gente había utilizado el cerrito para la siembra de maíz, aprovechando los espacios justo por debajo de los árboles desramados. Pero algo les dijo que el Wuqu’ Iq’ es un lugar fuera de lo cotidiano y no convenía tocarlo y entonces dejaron solo el espacito ceremonial sin cultivar. Pero solo había quedado vestigios de un altar y del espacio de fuegos ceremoniales. Por eso es que con un compañero de practica ancestral entonces, nos dedicamos a aplanarlo de nuevo hasta dejar un buen espacio, el cual significó recuperar un espacio vital para el bienestar de los practicantes y visitantes del lugar. 

Y entonces nos sentimos bien, alegres y satisfechos. Era como haber recuperado nuestra casa. Era como haberla reconstruido, pero después complementamos nuestra ofrenda con el material ceremonial que llevábamos y platicábamos de la vida cambiante mientras hablábamos con el espíritu de nuestros ancestros.              

Como que mi vida estuvo girando alrededor de dicho espacio porque subía constantemente. Y esas visitas le dieron un reencauce porque cada una fue de introspección, de catarsis y sanación. Hasta el punto que todo mi ser era visitado por el “equipo de limpieza” del centro energético.

Recién subimos con otro compañero más a ofrendar al Wuqu’ Iq’, comentando la historia del despojo de tierras a las comunidades indígenas de los alrededores de esta ciudad, a través de la iglesia católica y luego durante el gobierno de Justo Rufino Barrios, y que a través de sus políticas liberales aparecieron en ese entonces mestizos con grandes extensiones de terrenos a las que le llamaron fincas. También de cómo iba cambiando el paisaje y las montañas cercanas con todas las construcciones hechas por gente pobre que a duras penas había conseguido un lugar donde vivir. Me imaginaba, le decía al compañero que, en un futuro cercano, toda la montañita donde está el Wuqu’ Iq’ habría muchas casas. Y después, en el momento en que saludábamos a los abuelos guardianes intangibles del lugar, le preguntaba a mi acompañante si se animaba a adquirir el espacio en donde estábamos en ese momento, que podía decirles a los guardianes que le facilitaran esa intención, porque era seguro que todo el lugar sería vendido.

Justo platicando de eso estábamos cuando llegaron dos hombres; un muchacho y un señor ya entrado en años. Nos saludaron y empezaron a hacer su trabajo en el entorno de donde estábamos. Luego el muchacho llegó para preguntarnos si teníamos permiso para estar en el lugar, a lo que le contestamos que no hacía falta porque conocíamos al propietario. Pero él nos contó que el antiguo dueño ya había vendido el terreno a alguien más. Se fue a acompañar al otro señor que su tarea es el de “buscador de agua” (técnica de radiestesia).

Vimos cuando sacó sus herramientas de trabajo -dos barrillas de cobre- que le sirvieron para encontrar agua subterránea en varios puntos alrededor del lugar, al mismo tiempo en que nosotros estábamos fumando un tabaco y saludábamos a los abuelos. Le pedimos después al buscador de agua que usara su instrumento justo en donde generalmente se colocan los materiales para los fuegos ceremoniales y tal como lo pensamos; ahí justamente hay un brote grande de agua a diez metros de profundidad.

Luego, cuando colocábamos nuestro material ceremonial, el muchacho me pasó su celular para hablarle al nuevo propietario del lugar quien simplemente, a pesar de hablarle amablemente y querer contextualizarlo (de la connotación que tiene el centro energético y como fluir con él); nos dijo que el lugar es privado y que había que desalojar. Le pedí que por lo menos nos dejara finalizar nuestra ofrenda pues ya estaba colocada, pero nos dijo que no, que saliéramos inmediatamente de ahí.

Todavía dejé algunas candelas y nos despedimos del centro energético. Cerrando el ciclo de mi vida ahí. Agradeciendo por todo lo recibido. Y recordando las fiestas, las alegrías, las conversaciones, las personas con quienes estuve ahí. 

Hay una buena parte de mi vida impregnada por el Wuqu' Iq', y en ese lugar dejé parte de mis bloqueos. Y supongo que muchas personas dejaron lo suyo también.

Y mientras bajábamos de la loma, pensaba que lo único bueno que pasó en ese momento es que el lugar sería de un solo dueño pues su idea es construir su casa justo en el lugar en donde ha estado el Wuqu’ Iq’.

Y así se van perdiendo, cerrando, desapareciendo los lugares que nuestros ancestros practicantes del conocimiento maya han sentido y habilitado para sus descendientes. 

Y luego pasa el tiempo y la energía del lugar va reacomodando todo a su alrededor. Porque así es nuestra Madre Tierra, siempre cuidándonos.       

Kajkan Felipe Mejia
Chuwa Nimajay, 23-4-20

lunes, 13 de abril de 2020

Quinto Sol



RAXNAQIL: Los cuatro ciclos del ser winaq.


Raxnaqil

Kajkan Felipe Mejia (Enero 2018)

(Óleo sobre tela. 80 cms x 140. Cms)

 

Raxnaqil: Madurez que el ser humano va adquiriendo a través de los 4 ciclos de 13 años, llegando a su plenitud de vida. O partiendo de ahí y de las experiencias adquiridas a través de esos ciclos es que va empezando a buscar su pleno bienestar. Emprendiendo así el camino que hubiese iniciado de acuerdo a su edad cronológica y en su plena facultad física-energética-mental-psicosocial.  O simplemente no lo registra en su vida.

En la imagen existen tres niveles de los que se compone el Raxnaqil: El inframundo, la dimensión terrestre y el supramundo.

Iniciando el recorrido por el mundo superior, se refleja al nuevo ser y su ancestralidad proyectada a través de una anciana emergiendo de un caracol, la que ha recorrido constantemente los veinte días-q’ij alaxïk que tuvo como base en su vida terrestre y que ahora comparte a través de su hálito de vida, su energía constantemente a lo largo de la vida del nuevo ser, contextualizándolo constantemente.

Desde su engendramiento, trae sus herramientas para proyectarse en la dimensión terrestre. Y como un ser universal, lleva a su Jaleb’ junto a él, y su tiempo cero, ahí en la otra dimensión, esperándolo en el momento de su nacimiento.

Su cerebro-mente se manifiesta como un laberinto, el que es constante y permanente a lo largo de la vida de raciocinio, y que lleva a grandes avances y luces, o conduce a la destrucción y a la extrema oscuridad.

En el conocimiento maya creemos que la conexión con el microcosmos y con el macrocosmos se da a través del ombligo. El cordón umbilical nos conecta con nuestro tiempo-espacio y con la herencia genética de nuestros ancestros, dándonos la probabilidad de nacer en cuales quiera de los 20 días-Wäch Q’ij. El círculo que lo rodea es la figura del vientre de la madre, de la energía femenina que genera vida. Y constantemente las proyecciones energéticas del Centro del Universo, el Ruk’u’x Kaj - Ruk’u’x Ulew, la energía-materia hacen los cambios necesarios para el crecimiento hasta llegar a formar el ser humano con todas sus facultades plenas.

El aporte de la cultura maya a través de varios milenios es la importancia que se le ha dado al día de nacimiento, al Q’ij Alaxïk, porque de esa manera se entiende la dinámica de la vida y el papel que se tiene.  El ícono en el cual hay un signo de interrogación tiene la finalidad de invitarnos a pensar en la posibilidad de saber nuestro Wäch Q’ij[1]  pues existe otra posibilidad de vida, otra puerta dimensional que se descubre a través de él.

El signo del Día-Q’ij Alaxïk en la parte superior derecha del cuadro es el Aq’ab’al, y representa a la Dualidad, al equilibrio y a la Complementariedad que son las fuerzas que constantemente reacomodan a la Madre Tierra y a la vida en general.

En la dimensión Q’ij Alaxïk, la dimensión terrenal; el reflejo del árbol de la vida en otras prácticas filosóficas, para la Cultura Maya se manifiesta en el Maíz quien es un ser en toda su dimensionalidad y sus distintas etapas. Por eso se muestra los distintos rostros de la planta, desde su flor hasta su fruto tierno, su polen que vuela y se transforma en flores y en tiempo, en energía. Y así se convierte en q’ij alaxïk. Los rostros a los lados simbolizan la energía femenina y masculina que rige la vida. Y finalmente el maíz se vuelve el grano lleno del sol para los distintos momentos del ser humano.

Así como cada uno de los Ajq’ija’ tiene su propio collar ceremonial que simboliza protección y autoridad; el del maíz simboliza la humildad, la entrega y el sacrificio para mantener la vida.

En el collar está el rostro de Sotz’i’ Chamalkan (murciélago), guardián y emblema protector de los Kaqchikeles.

También en distintos espacios y como base del tronco de la milpa, el símbolo de la Ciencia Maya basada en la energía, que simbolizan los frijolitos rojos de tz’ite’- colorines (Erytrhina Coralloides), base del Piso’m Q’aq’al, la “Energía Envuelta”.  

En la entrada del inframundo está el wäch q’ij Iq’ quien recibe nuestro último aliento y entramos a una dimensión muy distinta a la anterior. Se dejan “colgados” todo tipo de creencias y filosofías, y entonces nos cautiva la mirada del Keme’, la muerte. Pero esa muerte que no es de miedo. Es la muerte que libera, que nos hace descansar, que nos da la libertad, que nos abre los ojos a la realidad, a la verdad. En donde “ese vaho” que se nos puso para no ver lo que está lejos y lo invisible, desaparece, y vemos entonces cómo realmente hubiese sido la vida. Es la muerte que nos transforma y nos integra de nuevo al ser universal que somos cada uno.

Toda semilla va a la tierra, y es en donde empieza el proceso de vida-muerte-renacer.

Antes del brote hay muerte, la que no la entendemos como tragedia pues solamente es otra transformación más, porque de la muerte brota la vida. La muerte finalmente la entendemos como inicio de otra etapa.

A lo largo y ancho de la obra se notan cinco números; el cero, el trece, el veintiséis, el treinta y nueve y el cincuenta y dos; las distintas etapas de la vida humana según los ancestros mayas para empezar el Raxnaqil.    

La vida es el eterno movimiento en espiral. Lo que es hoy, ya fue. Así es la vida universal; pura transformación.

 

 

 

Kajkan Felipe Mejia Sepet, Chi Iximche’

Iximulew, chi 0 B’aqtun, 0 K’atun, 6 Tun, 6 Winäq, 0 Q’ij, 9 Ajpu’



[1] Q’ij Alaxïk o Wäch Q’ij. Rostro-energía del Día. Usualmente llamado “Nawal”.


jueves, 20 de abril de 2017

LAS MUJERES COMO AUTORIDADES ANCESTRALES

Nan Mónica Gonzáles

A pesar de los largos siglos de opresión y las distintas estrategias de aculturación, las mujeres hemos sido las mayores guardianas portadoras de conocimiento tradicional pues hemos mantenido nuestros idiomas tradicionales, nuestros trajes, nuestros temascales, nuestra medicina de cantos y que ha sido el medio por el cual se ha mantenido en vigencia nuestra cosmovisión.

Las mujeres como autoridades ancestrales son personas conocidas por las comunidades mayoritariamente Mayas como “autoridades de la comunidad” a quienes por vida respetable ó experiencia previa se les asigna el guiar o aconsejar a las personas en la toma de decisiones y resolver así problemáticas en sus vidas. Sus funciones han sido expresadas según su contexto en prácticas tales como: consejos, consultas, atención en salud, ceremonias, rezos y prácticas culturales vivenciadas desde una espiritualidad milenaria basadas en el calendario sagrado maya, que tiene dos cuentas, una llamada cuenta larga o Ab´ y otra cuenta corta o Cholq´ij.

La Comisión de Espiritualidad, para el reconocimiento de los lugares sagrados,  indica que: “las/os guías espirituales son personas que reconocen y asumen su vocación teniendo la especialidad ya sea para sanar niños, atender partos, conocer los secretos de la naturaleza y de las enfermedades, para tratarlos dentro de su contexto cultural”
Las mujeres como guías espirituales resulta relevante encontrar a quienes mediante el consejo, orientan conductas y decisiones personales o comunitarias. Según la región y el idioma se les conocer como ajqui´jab.

Curruchich, María Luisa (Palencia, 1,999::45) que mediante los Kotz´i´j (ceremonias, fuegos tradicionales mayas) se “pide permiso; suplica, exige que se haga justicia; invoca y habla con los antepasados; habla al fuego, al mar, a los ríos, lagos, al aire, al sol, a la oscuridad, a la claridad, a la vida y a la muerte; da la impresión de que es un monólogo pero en realidad es un diálogo”.

Dentro de la cotidianidad, las mujeres crean y reproducen prácticas culturales-tradicionales con respecto de atender la salud. Han hecho uso de la naturaleza, especialmente conocimiento, propiedades y el uso de las plantas medicinales.[1] Las mujeres mayas por sus cargos como guías se han enfrentado a líderes religiosos radicales quienes ignorantes de conocimiento ancestral, les han llamado hechiceras o brujas.  Ignorando del cargo de vocación y de bien.  

Pese a la dominación, los saberes milenarios subsistieron gracias al resguardo (en secreto) esto porque si los invasores sabían de su existencia se exponían a perder la vida.

En la lectura histórica de los pueblos originarios es notable cómo los antepasados son los que a través de los sueños se comunican con quienes serán guías, ellas/son quienes enseñan el trabajo. En la práctica de la Medicina Maya, los antepasados cumplen un papel sumamente importante, a través de los sueños, los antepasados les indican qué tratamientos deben usar para la curación, avisan qué día acudirá a ellos una persona enferma ó bien la proximidad de la muerte de una persona.

Dentro del espacio cosmogónico maya son muchas las especialidades dentro del campo de la salud. Cada especialidad es heredada y acompañada de un “don” cada una lo recibe desde la niñez y se revela a través de los sueños cuál será su misión, tiene que ver con enseñanzas de generación en generación. Muchas son las narraciones de mujeres antes de empezar a trabajar a favor de las personas recibieron instrucción de sus antepasados en los sueños y personas ancianas para atender de la salud de la comunidad.

El conocimiento y manejo de propiedades de las plantas es uno más de los saberes que adquieren. Desde lo espiritual y ritual se expresa con el respeto profundo a la madre tierra, quien es ella y representa la feminidad en su pleno.

Mujeres Comadronas

Desde la historia de la cultura maya su trabajo es milenario y consiste en atender la salud de las personas. Las comadronas mayoritariamente atienden a las mujeres, esto no las excluye el atender a la niñez y personas mayores. Estas mujeres únicamente piden lo que gastan en materiales y plantas y lo demás es según la persona pueda, por voluntad.

Por su qué hacer es el equivalente a la ginecóloga de la comunidad. La comadrona  arregla la matriz (útero) en caso de que esté caída. Si la mujer está embarazada le ubica ó mueve al bebe, si viene mal para que tenga un parto sin complicaciones. Trabaja de manera natural todas las molestias en salud.

Atiende a las mujeres con dolor abdominal, periodos menstruales irregulares, para calentarle la matriz. Se piensa que si la matriz esta fría esta es razón para no ser fértiles.

También atienden a las mujeres que estén enlunadas (embarazadas) son nueve lunas las que trabajan, guiando en su alimentación a la mujer, sonando el vientre y moldeando la posición del bebe para que no se encaje, hasta que nazca.

Durante los 40 días postparto, calientan los pulmones (masaje de espalda) para que les baje leche y pueda el recién nacido tomar calostro.

Las comadronas también fajan el vientre de las mujeres para que puedan caminar de manera más segura y no se les salga la matriz.

Brinda asesoría a la pareja para planificar los embarazos, haciendo uso del método natural y sobre cómo llevar una buena salud sexual.

Asimismo las comadronas son las responsables de velar por que bebe trague con facilidad, que “no se les bajen la varillas” (inflamación del paladar) y “hundimiento de la mollera” (fontanelas; espacio entre huesos craneales)

Atiende la “caída del cuajo” (parte del estómago se descuelga) y mediante un masaje en su estómago se coloca de nuevo en su lugar.


Mujeres k’amalb’e

K’amalb’e es la persona que guía el camino, responsable de levantar las almas de los finados dejadas en el lugar en donde fallecieron y abrirles el camino para llevarlas al lugar donde descansa su cuerpo. Realizan un trabajo importante para las personas dolientes, ya que sin su participación se cree que los finados se quedan sin descanso.


Mujeres Chayeras

Chay: es un objeto de cristal o mineral cortado. He ahí la palabra chayeras, refiriéndose a las mujeres que trabajan con minerales cortados. La mujer chayera mediante una piedra de obsidiana hace una pequeña incisión en una parte del cuerpo sacando la sangre negra del cuerpo. Los beneficios son: dejar de ser haragán, romper con la debilidad física y reconstituye el equilibrio en el cuerpo. En otras palabras, ayuda a la desintoxicación.


Mujeres sobadoras (masajeadora) de empacho

Empacho: indigestión por ingesta de alimentos. Las mujeres especialmente abuelas, curan el empacho mediante un masaje en el estómago, despega la indigestión y posterior a la misma se da una purga a base de plantas medicinales, que provoca la expulsión del mismo. La persona empachada se reconoce porque deja de comer, le duele la cabeza, manifiesta diarrea


Mujeres embolsa lombrices

Las mujeres sacan parásitos también conocidos como lombrices, mediante masajes al estómago y plantas como hoja de plátano y pan tostado con ajo sobre el aglutinan a los parásitos para expulsarlos. Otra forma de atender las lombrices es dar a comer el granizo de las primeras lluvias. Esto ocurre entre verano e invierno, y se hace para evitar un ataque de lombrices, que puede llevar a la muerte sino es bien tratada.


Mujeres ajqi’ja’

Ser mujer ajq’ij representa autoridad para la comunidad. Tiene a su cargo orientar a las personas en su camino de la vida, llevar el conteo del sagrado calendario maya con la cuenta de los wäch q’ij (nahuales), interpreta el sagrado fuego, las señales de la naturaleza, del cuerpo y por donde vendrán los problemas y las posibles salidas. Es responsable de hacer ceremonias a favor de la individualidad, la familia y la colectividad, visita altares, poner candelas y llevar su mesa con el respeto y permiso de Ajaw y las abuelas y abuelos.


Mujeres curadoras de susto

El susto es una enfermedad cultural que consiste en que su alma o espíritu se sale del cuerpo y al salirse se cae en problemas físicos serios, que si no se atienden pueden llevar a la muerte. Para curar del susto las mujeres llaman el espíritu de la persona enferma y restablecen así su energía. Algunas veces según la región incluyen candelas u otros materiales.


Mujeres curadoras del mal de ojo

Las mujeres ancianas dicen que el mal de ojo es un fuego en el cuerpo, es una energía recibida por una persona que esta alcoholizada, con hambre o con su menstruación. La energía impacta en la niñez y es evidente con mucho llanto, que al curarles con huevo, pato o pimienta, es en automático que dejan de llorar.


Mujeres curadoras del pujo

Las abuelas dicen que el pujo es una fuerza, podría decirse que es serie de espasmos en el estómago de niñas/os, hacen fuerza y su estómago se contrae, la madre piensa que quiere defecar, pero no es esa la razón. Al igual que el susto, las mujeres les curan con los mismos materiales.


Chi Nimajay, Chuwa Kab'lajuj Imox, 20 de Abril de 2017



[1] No es de olvidar que en Europa durante el tiempo del Oscurantismo las mujeres sufrieron uno de los femicidios más grandes de la humanidad, bajo los agravios de herejes y brujas, debido a los conocimientos y saberes en ciencias naturales (plantas medicinales), bajo la cruz del cristianismo fueron perseguidas y asesinadas. Pese a las múltiples agresiones sufridas, las mujeres en la historia crean cultura, mediante tejidos, pinturas, arte en sí mismo, con sus propias manos. Se puede comprobar, orgullosamente que las mujeres en la historia de los pueblos del mundo fueron y continúan siendo portadoras de resistencia e historia viviente.

miércoles, 12 de abril de 2017

Goathemala (Quauhtemallá)




Con relación al nombre que lleva el país – Guatemala- muchos estudios se han realizado, todos derivados de las primeras cartas escritas por Hernán Cortés y Pedro de Alvarado al momento de la invasión a este territorio. Sin duda, estos dos personajes cuando se refirieron a Goathemala lo hacían considerando no solo la ciudad de Iximche’ sino fundamentalmente a sus habitantes, es decir, los Kaqchikeles. Y toda la polémica suscitada en los siguientes años, hasta ahora, es porque la palabra Goathemala es una palabra nahuatl con la cual los tlaxcaltecas aliados de los españoles les traducían indistintamente las palabras Iximche’ y kaqchikel. Los españoles solo oían la palabra Goathemala y no la de Iximche’ y kaqchikel, de allí entonces que ellos fueron los que finalmente impusieron los nombres, generalizaron o equipararon ambas palabras. Lo cierto del caso, es que históricamente los Kaqchikeles eran los “Guatimaltecos” originales, lo mismo que el idioma kaqchikel era el guatimalteco para los españoles; incluso en el Lienzo de Tlaxcala aparece la palabra como Quauhtemallá.

El mismo Fuentes y Guzmán en la Recoradación Florida afirma lo siguiente: 
“(...) confirmando a éste en el señorío y reino Cachiquel, que es lo de Goathemala; el cual, creciendo mucho más que ninguno dió motivo para que de su grandeza se denominase todo el reino de Goathemala o Coctemalán...” 

Con relación a toda esta discusión Daniel Contreras, luego de un largo análisis argumenta lo siguiente: 

“Pero como Quauhtemallan no es la traducción de Iximché tiene que serlo de cakchiquel, el nombre de la nación o pueblo en cuya capital asentó Alvarado su real y fundó la ciudad del Señor Santiago, primera ciudad de españoles en nuestro territorio. Esa era, por cierto, la opinión de los indígenas Principales de Santiago Atitlán cuando se les preguntó sobre el significado del nombre de Guatemala en 1585 
(...) los Principales de Santiago Atitlán confirmaron el hecho de que durante los primeros años de la dominación castellana, Guatemala y cakchiquel significaban lo mismo para los españoles y para los indios y, por consiguiente, el significado etimológico de ambas palabras debe ser igual o equivalente. 

Del significado del vocablo cakchiquel no hay duda, ya que está bien claro en los textos indígenas clásicos, como el Popol Vuh y el Memorial de Sololá. En el primero se dice: 'En seguida dieron su nombre a los Cakchiqueles, Gagchequelab fue su nombre', es decir, los del árbol rojo o de fuego. Una versión semejante se lee en el Memorial de Sololá: 'Cuando llegamos a las puertas de Tulán fuimos a recibir un palo rojo que era nuestro báculo, y por eso se nos dio el nombre de Cakchiqueles ¡oh hijos nuestros! dijeron Gacavitz y Zactecauh'. 

Es decir, que la palabra Cuauhtemalan, castellanizada como Guatemala, es la versión mexicana de cakchiquel que quiere decir árbol o palo de fuego o rojo. Parece más aceptable la primera versión, la del árbol de fuego” 

De allí entonces que, extricto sensu, la república actual de Guatemala debería de llamarse: República Kaqchikel. Y todos los guatemaltecos deberían llamarse, estricto sensu, Kaqchikeles.

Guillermo Paz Cárcamo, CHUWA NIMA ABÄJ, Editorial Cholsamaj, Guatemala, 2004.