WUQU’ IQ’, CERRANDO CICLOS
Lajuj kan, jueves 19 de marzo
de 2020
La Argentina la llaman. Pero yo prefiero decirle Wuqu’
Iq’.
“Subí a la montañita, la loma por donde está el Wuqu’ Iq, estando de
goma de tres días seguidos. Y como ya no tenía nada de dinero para calmar el
malestar, se me ocurrió subir a traer leña ya casi entrada la noche. Cuando llegué
al lugar, me alegré mucho porque había mucha leña ya hecha como para llevar una
buena parte, pero me dio por pensar que estaría el dueño por ahí. Así que
decidí regresar al otro día, muy temprano.
Casi no pude dormir. O no dormí. Pero me levanté de
madrugada, como las cuatro de la mañana y subí al lugar. Estaba la luna llena.
Todo en silencio. Uno que otro pájaro intentaba ya desperezarse, mientras yo
iba buscando la leña que recordaba, estaba hecha una pequeña montaña. Iba
pensando en lo que iba a hacer ese día con el dinero que iba a ganar por la
venta. Ya no había que hacer el esfuerzo de siempre, el de cortar y rajar.
Llevaba mi mecapal, mis dos lazos, mi machete y un mi octavo de trago para
aguantar las penas del esfuerzo. Y ¡cabal!, ahí estaba la leña en donde la
había visto el día anterior. Rápidamente acomodé los lazos y empecé a jatearlas
para hacer una buena carga, pensé. Pero justo cuando tomé los primeros leños,
un escalofrío me paralizó. Sentí los brazos pesados y no podía mover mis dedos.
Una gota de sudor estaba recorriendo mi frente hasta la punta de mi nariz.
Intenté una y otra vez al menos mover la cabeza y al fin lo logré. Y como pude
volteé a ver a mi izquierda, justo al pie de la otra montaña estaba un ser que,
si hubiera podido, habría gritado con todas mis fuerzas, pero no me salía la
voz. Era una forma que se deslizaba como una serpiente y que rígida, me estaba
viendo, tenía los ojos rojos como brazas, mostraba sus brazos amenazantes, creo
que con la intención de castigarme.
Y ahí venía, así como como camina una
culebra, pero que con sus brazos que estaban alrededor de su cabeza y por la
manera que los movía; producía un ruido que parecía el roce de machetes, y sus
gemidos y gritos que hacían sentir miedo. Y ahí venía. Cada vez más cerca. Y yo
todavía de cruda. Hice un gran esfuerzo de vida o muerte. Saqué mi octavo, lo
destapé y dije: la mitad para la tierra y la mitad para mí y lo que dios
decida. Y ya con el trago en la panza me sentí valiente y agarré mi machete,
listo para defenderme. Y ahí venía aquella cosa. Estaba como a unos dos metros
ya. Me levanté entonces y antes de que me ganara y se llevara mi alma, cerré
los ojos y empecé a machetearla una y otra vez. Sólo sentía que el filo de mi
machete cortaba uno y otro brazo hasta que esa cosa ya no hizo nada de ruido.
No me ganó, ahí estaba entero.
Y al fin me animé a abrir los ojos. Ahí estaba aquella
cosa, tirada, toda macheteada. Esa era la razón; eran las hojas alargadas, en forma
de espadas y el tronco, como la forma de una serpiente que en ese momento yacía
tirada, macheteada. A lo lejos, y en un punto despejado; se veía el espacio del
Wuqu’ Iq’.
Lo que uno les hace a los pobres izotes cuando la
debilidad de la mente le hace ver cosas a uno”.
“Es irónica la vida. En algún momento crees que todo
va a ser permanente; los años, los pensamientos, las palabras, las actitudes,
los amigos, los lugares, etc., y no.
Cuando conocí el Wuqu’ Iq’ mi pensamiento permanecía
en la práctica religiosa cristiano-protestante. Aunque en realidad ya no era un
miembro activo porque en esos años estaba consumiendo mota todos los días,
esperando con eso que en una de tantas pudiera alcanzar el bienestar que mi
espíritu necesitaba. Pero pasaron diez años de mi vida y de eso nada. Por eso,
al ver que, en la lomita, justo frente a un imponente pino había varias piedras
como dándole forma a un espacio para adorar a quien sabe qué, y un espacio en
el que se prendía fuego, o hacían brujería, decían; mi indignación fue mucha que lo único que pude hacer
fue tomar las piedras y tirarlas por todas partes para borrar por completo uno de tantos lugares en donde se practicaba la “maldad”, le decía al amigo que me acompañaba
en ese momento.
Y pasaron los años, y con las ideas adquiridas, puedo entender
ahora lo que sintió quien había construido el altar ya que en una de tantas
ocasiones que subí fui a visitar el lugar yo solo, años después; al ver las piedras esparcidas
por todos lados, me sentí triste porque ahora sé que a esos lugares se les pone
piedras porque tienen su propia energía y también sirve de referencia al
trabajo de introspección que se hace, ya sea para uno mismo o para otras
personas. Por eso, recordando que yo alguna vez tiré las piedras, me dije a mi
mismo que me tocaba recogerlas para volver a tener la referencia (a juntar la fuerza, dicen) que de manera
tradicional han ido dejando cada uno de los visitantes.
Pero pensaba en lo poco
tolerantes que podemos ser los seres humanos cuando no tenemos abierta la mente
ni el corazón para la diversidad del ser humano que somos. Estamos todos en
esta dinámica de la vida en donde ni uno ni otro está sano y salvo en su zona
cómoda espiritual. El compromiso personal del momento es asumir el propio ser de quien tiene una misión, un aporte que servirá a la colectividad.
“El Wuqu’ Iq’ es un lugar que fue frecuentado y
adecuado constantemente por don Mateo Ajtzalán a finales de los años 90’s. (En
ese tiempo es que arrojé las piedras a todos lados para deshacer el lugar).
Todavía pude ver a don Mateo cuando tendría unos 80 años, en la puerta de su
casa. O una vez en su cocina, cuando se estaba calentando las rodillas después
de desayunar. Ahí estaba con el pantalón levantado, frete al fuego rodeado por
tres piedras. Sabía que él era quien subía a hacer sus trabajos a la montañita
pues le quedaba cerca, pero hasta ese día lo vi. Lo saludé, pero no me
contestó. Creo que no me oyó. Tampoco supe cuando nos dejó porque en ese período
yo andaba "volando" todos los días.
Después de momentos de cambios radicales en mi vida,
como el que ya andaba en la práctica tradicional, subimos con don Valentín y
don Carlos al Wuqu’ Iq’ a poner una ofrenda, como lo hacíamos regularmente. Pero ese día llevamos cemento y arena, tres
cruces pequeñas de madera y la intención de dejar bonito el lugar. Nos dimos
todo el tiempo pues arreglamos las piedras, les pusimos una base de concreto,
también a las cruces les pusimos concreto en sus bases la verdad es que quedó
muy bien. Después muy contentos los maestros hicieron el fuego ceremonial y ya
nos regresamos. Como a las dos semanas regresamos al lugar y la sorpresa fue
que las cruces estaban macheteadas, casi desaparecidas y las piedras las
forzaron hasta levantarlas. Y otra vez esparcidas. De nuevo el lugar fue destruido.
“Ri loq’oläj San Lorenzo, decía don Valentín,
-refiriéndose al lugar como, el lugar del guardián del viento-, siempre le pasa
eso. Así como vemos al viento, se golpea en las rocas, se pega contra las
paredes, se estrella en la profundidad de los barrancos, se aporrea contra los
objetos metálicos, choca contra los árboles, se hiere y sangra con los
alambrados de los terrenos... Por eso nuestros ancestros, con tal de que no
olvidáramos nuestra costumbre -decía- viendo la cualidad de los santos de la
iglesia católica los usaron para reflejar algún día-energía en específico. Por
eso san Lorenzo Mártir es la energía Iq’ que anda golpeado y herido todo el
tiempo”.
Y así hay una larga lista de anécdotas del Wuqu’ Iq’,
como que ahí hice las paces con el licor y ya nuestra relación es más
relajada qué antes.
O las visitas que hacíamos cuando nos acompañábamos en
nuestras ceremonias personales o ayudando a algún amigo o persona que
necesitaba un empujoncito para su crecimiento personal. Y avanzábamos un poco más en el camino de la vida.
Cada vez que subíamos a aquel cerro era para pasar a
otro ciclo personal.
Una de las celebraciones más importantes en el
calendario maya es el Waqxaqi’ B’atz. Pues una de ellas fue celebrada en el
Wuqu’ Iq’ a mediados de los 90’s. Los amigos de la Marimba Kikotem Juyu’ Taq’aj
eran nuestros músicos oficiales de cualquier evento ceremonial y nos
acompañaron a ese lugar. Así que con el grupo de jóvenes que nos habíamos organizado en esa
época, acordamos celebrarlo en ese lugar.
Esa vez usamos pirotecnia porque
estábamos alegres estar celebrando ahí. El terreno era de particulares y
amigos, y sabían de nuestra celebración, y era un gusto para ellos pues sabían
el tipo de celebración que significa el buscar un cerro, su cerro. Y nosotros
la pasamos más que bien toda una noche en el cerrito del Wuqu' Iq'. Nuestras ofrendas al
fuego y a los ancestros a quienes recordábamos y honrábamos en ese espacio
justo en la cima, protegidos por los arboles del pequeño bosque.
Al igual que aquel vórtice energético que era
constantemente desmantelado, la montañita fue destruida hasta que solo quedaron
algunos troncos de encino. Ya en esa época en toda la superficie se alcanzaba a
ver milpa sembrada. Pero no duró tanto porque cuando sucedió lo del Stan y
después el Ágata, las dos tormentas tropicales, hubo deslaves por ese sector y el propietario fue obligado a reforestar, y entonces los arboles empezaron a
mostrar un bosque joven de pinos y cipreses. Fue en esa época que se hizo ahí
parte del documental El Sagrado Fuego Maya, entre el sembradillo de milpa y los árboles en
pleno crecimiento. En este blog está el Link del documental mencionado.
Hace más de dos años se me ocurrió limpiar el espacio que
ya estaba muy abandonado porque la gente había utilizado el cerrito para la
siembra de maíz, aprovechando los espacios justo por debajo de los árboles
desramados. Pero algo les dijo que el Wuqu’ Iq’ es un lugar fuera de lo cotidiano y no convenía
tocarlo y entonces dejaron solo el espacito ceremonial sin cultivar. Pero solo
había quedado vestigios de un altar y del espacio de fuegos ceremoniales. Por eso es que con
un compañero de practica ancestral entonces, nos dedicamos a aplanarlo de nuevo
hasta dejar un buen espacio, el cual significó recuperar un espacio
vital para el bienestar de los practicantes y visitantes del lugar.
Y
entonces nos sentimos bien, alegres y satisfechos. Era como haber recuperado
nuestra casa. Era como haberla reconstruido, pero después complementamos nuestra ofrenda con el material ceremonial que llevábamos y platicábamos de la vida
cambiante mientras hablábamos con el espíritu de nuestros ancestros.
Como que mi vida estuvo girando alrededor de dicho
espacio porque subía constantemente. Y esas visitas le dieron un reencauce
porque cada una fue de introspección, de catarsis y sanación. Hasta el punto
que todo mi ser era visitado por el “equipo de limpieza” del centro energético.
Recién subimos con otro compañero más a ofrendar al
Wuqu’ Iq’, comentando la historia del despojo de tierras a las comunidades
indígenas de los alrededores de esta ciudad, a través de la iglesia católica y
luego durante el gobierno de Justo Rufino Barrios, y que a través de sus
políticas liberales aparecieron en ese entonces mestizos con grandes
extensiones de terrenos a las que le llamaron fincas. También de cómo iba
cambiando el paisaje y las montañas cercanas con todas las construcciones
hechas por gente pobre que a duras penas había conseguido un lugar donde vivir. Me imaginaba, le decía al compañero que, en un futuro cercano, toda la montañita donde
está el Wuqu’ Iq’ habría muchas casas. Y después, en
el momento en que saludábamos a los abuelos guardianes intangibles del lugar, le
preguntaba a mi acompañante si se animaba a adquirir el espacio en donde estábamos
en ese momento, que podía decirles a los guardianes que le facilitaran esa intención, porque era seguro que todo
el lugar sería vendido.
Justo platicando de eso estábamos cuando llegaron dos
hombres; un muchacho y un señor ya entrado en años. Nos saludaron y empezaron a
hacer su trabajo en el entorno de donde estábamos. Luego el muchacho llegó para
preguntarnos si teníamos permiso para estar en el lugar, a lo que le
contestamos que no hacía falta porque conocíamos al propietario. Pero él nos
contó que el antiguo dueño ya había vendido el terreno a alguien más. Se fue a
acompañar al otro señor que su tarea es el de “buscador de agua” (técnica de
radiestesia).
Vimos cuando sacó sus herramientas de trabajo -dos
barrillas de cobre- que le sirvieron para encontrar agua subterránea en varios
puntos alrededor del lugar, al mismo tiempo en que nosotros estábamos fumando
un tabaco y saludábamos a los abuelos. Le pedimos después al buscador de agua
que usara su instrumento justo en donde generalmente se colocan los materiales
para los fuegos ceremoniales y tal como lo pensamos; ahí justamente hay un
brote grande de agua a diez metros de profundidad.
Luego, cuando colocábamos nuestro material ceremonial,
el muchacho me pasó su celular para hablarle al nuevo propietario del lugar
quien simplemente, a pesar de hablarle amablemente y querer contextualizarlo (de
la connotación que tiene el centro energético y como fluir con él); nos dijo
que el lugar es privado y que había que desalojar. Le pedí que por lo menos nos
dejara finalizar nuestra ofrenda pues ya estaba colocada, pero nos dijo que no,
que saliéramos inmediatamente de ahí.
Todavía dejé algunas candelas y nos despedimos del
centro energético. Cerrando el ciclo de mi vida ahí. Agradeciendo por todo lo
recibido. Y recordando las fiestas, las alegrías, las conversaciones, las personas
con quienes estuve ahí.
Hay una buena parte de mi vida impregnada por el Wuqu' Iq', y en ese lugar dejé parte de mis bloqueos. Y supongo que muchas personas dejaron lo suyo también.
Y mientras bajábamos de la loma, pensaba que lo único bueno
que pasó en ese momento es que el lugar sería de un solo dueño pues su idea es construir su casa justo en el lugar en donde ha estado el Wuqu’ Iq’.
Y así se van perdiendo, cerrando, desapareciendo los
lugares que nuestros ancestros practicantes del conocimiento maya han sentido y
habilitado para sus descendientes.
Y luego pasa el tiempo y la energía del lugar va reacomodando todo
a su alrededor. Porque así es nuestra Madre Tierra, siempre cuidándonos.
Kajkan Felipe Mejia
Chuwa Nimajay, 23-4-20






lindos recuerdos tata. gracias por compartir!
ResponderEliminarGracias. Son gratos momentos en ese lugar. Se siente como perder un miembro de la familia. Como a un abuelo.
ResponderEliminarAhora el lugar canta en tu corazón y tus letras saben al gran cerro.
ResponderEliminarFelicidades!!
El texto me hizo llorar. Conecté. Ahora, a desbloquear se ha dicho.
ResponderEliminarFue muy emotivo leer como se cerró el wuqu'iq. Me quedé con la curiosidad de qué pasaría con esa energía bloqueada por esa casa y como les trató a esa familia después de ser tan nefastos y mesquinos con un lugar que no tiene dueño
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