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lunes, 13 de abril de 2020

RAXNAQIL: Los cuatro ciclos del ser winaq.


Raxnaqil

Kajkan Felipe Mejia (Enero 2018)

(Óleo sobre tela. 80 cms x 140. Cms)

 

Raxnaqil: Madurez que el ser humano va adquiriendo a través de los 4 ciclos de 13 años, llegando a su plenitud de vida. O partiendo de ahí y de las experiencias adquiridas a través de esos ciclos es que va empezando a buscar su pleno bienestar. Emprendiendo así el camino que hubiese iniciado de acuerdo a su edad cronológica y en su plena facultad física-energética-mental-psicosocial.  O simplemente no lo registra en su vida.

En la imagen existen tres niveles de los que se compone el Raxnaqil: El inframundo, la dimensión terrestre y el supramundo.

Iniciando el recorrido por el mundo superior, se refleja al nuevo ser y su ancestralidad proyectada a través de una anciana emergiendo de un caracol, la que ha recorrido constantemente los veinte días-q’ij alaxïk que tuvo como base en su vida terrestre y que ahora comparte a través de su hálito de vida, su energía constantemente a lo largo de la vida del nuevo ser, contextualizándolo constantemente.

Desde su engendramiento, trae sus herramientas para proyectarse en la dimensión terrestre. Y como un ser universal, lleva a su Jaleb’ junto a él, y su tiempo cero, ahí en la otra dimensión, esperándolo en el momento de su nacimiento.

Su cerebro-mente se manifiesta como un laberinto, el que es constante y permanente a lo largo de la vida de raciocinio, y que lleva a grandes avances y luces, o conduce a la destrucción y a la extrema oscuridad.

En el conocimiento maya creemos que la conexión con el microcosmos y con el macrocosmos se da a través del ombligo. El cordón umbilical nos conecta con nuestro tiempo-espacio y con la herencia genética de nuestros ancestros, dándonos la probabilidad de nacer en cuales quiera de los 20 días-Wäch Q’ij. El círculo que lo rodea es la figura del vientre de la madre, de la energía femenina que genera vida. Y constantemente las proyecciones energéticas del Centro del Universo, el Ruk’u’x Kaj - Ruk’u’x Ulew, la energía-materia hacen los cambios necesarios para el crecimiento hasta llegar a formar el ser humano con todas sus facultades plenas.

El aporte de la cultura maya a través de varios milenios es la importancia que se le ha dado al día de nacimiento, al Q’ij Alaxïk, porque de esa manera se entiende la dinámica de la vida y el papel que se tiene.  El ícono en el cual hay un signo de interrogación tiene la finalidad de invitarnos a pensar en la posibilidad de saber nuestro Wäch Q’ij[1]  pues existe otra posibilidad de vida, otra puerta dimensional que se descubre a través de él.

El signo del Día-Q’ij Alaxïk en la parte superior derecha del cuadro es el Aq’ab’al, y representa a la Dualidad, al equilibrio y a la Complementariedad que son las fuerzas que constantemente reacomodan a la Madre Tierra y a la vida en general.

En la dimensión Q’ij Alaxïk, la dimensión terrenal; el reflejo del árbol de la vida en otras prácticas filosóficas, para la Cultura Maya se manifiesta en el Maíz quien es un ser en toda su dimensionalidad y sus distintas etapas. Por eso se muestra los distintos rostros de la planta, desde su flor hasta su fruto tierno, su polen que vuela y se transforma en flores y en tiempo, en energía. Y así se convierte en q’ij alaxïk. Los rostros a los lados simbolizan la energía femenina y masculina que rige la vida. Y finalmente el maíz se vuelve el grano lleno del sol para los distintos momentos del ser humano.

Así como cada uno de los Ajq’ija’ tiene su propio collar ceremonial que simboliza protección y autoridad; el del maíz simboliza la humildad, la entrega y el sacrificio para mantener la vida.

En el collar está el rostro de Sotz’i’ Chamalkan (murciélago), guardián y emblema protector de los Kaqchikeles.

También en distintos espacios y como base del tronco de la milpa, el símbolo de la Ciencia Maya basada en la energía, que simbolizan los frijolitos rojos de tz’ite’- colorines (Erytrhina Coralloides), base del Piso’m Q’aq’al, la “Energía Envuelta”.  

En la entrada del inframundo está el wäch q’ij Iq’ quien recibe nuestro último aliento y entramos a una dimensión muy distinta a la anterior. Se dejan “colgados” todo tipo de creencias y filosofías, y entonces nos cautiva la mirada del Keme’, la muerte. Pero esa muerte que no es de miedo. Es la muerte que libera, que nos hace descansar, que nos da la libertad, que nos abre los ojos a la realidad, a la verdad. En donde “ese vaho” que se nos puso para no ver lo que está lejos y lo invisible, desaparece, y vemos entonces cómo realmente hubiese sido la vida. Es la muerte que nos transforma y nos integra de nuevo al ser universal que somos cada uno.

Toda semilla va a la tierra, y es en donde empieza el proceso de vida-muerte-renacer.

Antes del brote hay muerte, la que no la entendemos como tragedia pues solamente es otra transformación más, porque de la muerte brota la vida. La muerte finalmente la entendemos como inicio de otra etapa.

A lo largo y ancho de la obra se notan cinco números; el cero, el trece, el veintiséis, el treinta y nueve y el cincuenta y dos; las distintas etapas de la vida humana según los ancestros mayas para empezar el Raxnaqil.    

La vida es el eterno movimiento en espiral. Lo que es hoy, ya fue. Así es la vida universal; pura transformación.

 

 

 

Kajkan Felipe Mejia Sepet, Chi Iximche’

Iximulew, chi 0 B’aqtun, 0 K’atun, 6 Tun, 6 Winäq, 0 Q’ij, 9 Ajpu’



[1] Q’ij Alaxïk o Wäch Q’ij. Rostro-energía del Día. Usualmente llamado “Nawal”.


1 comentario:

  1. SE PERMITE USAR LA IMAGEN A QUIENES QUIERAN IMPRIMIRLA Y PONERLA EN SU LUGAR ESPECIAL. EN SU ALTAR.

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