Raxnaqil
Kajkan Felipe Mejia (Enero 2018)
(Óleo sobre tela. 80 cms x 140. Cms)
Raxnaqil:
Madurez que el ser humano va adquiriendo a través de los 4 ciclos de 13 años,
llegando a su plenitud de vida. O partiendo de ahí y de las experiencias
adquiridas a través de esos ciclos es que va empezando a buscar su pleno
bienestar. Emprendiendo así el camino que hubiese iniciado de acuerdo a su edad
cronológica y en su plena facultad física-energética-mental-psicosocial. O simplemente no lo registra en su vida.
En la imagen existen
tres niveles de los que se compone el Raxnaqil: El inframundo, la dimensión
terrestre y el supramundo.
Iniciando el
recorrido por el mundo superior, se refleja al nuevo ser y su ancestralidad
proyectada a través de una anciana emergiendo de un caracol, la que ha
recorrido constantemente los veinte días-q’ij alaxïk que tuvo como base en su
vida terrestre y que ahora comparte a través de su hálito de vida, su energía constantemente
a lo largo de la vida del nuevo ser, contextualizándolo constantemente.
Desde su
engendramiento, trae sus herramientas para proyectarse en la dimensión
terrestre. Y como un ser universal, lleva a su Jaleb’ junto a él, y su tiempo
cero, ahí en la otra dimensión, esperándolo en el momento de su nacimiento.
Su cerebro-mente
se manifiesta como un laberinto, el que es constante y permanente a lo largo de
la vida de raciocinio, y que lleva a grandes avances y luces, o conduce a la
destrucción y a la extrema oscuridad.
En el
conocimiento maya creemos que la conexión con el microcosmos y con el
macrocosmos se da a través del ombligo. El cordón umbilical nos conecta con
nuestro tiempo-espacio y con la herencia genética de nuestros ancestros,
dándonos la probabilidad de nacer en cuales quiera de los 20 días-Wäch Q’ij. El
círculo que lo rodea es la figura del vientre de la madre, de la energía
femenina que genera vida. Y constantemente las proyecciones energéticas del
Centro del Universo, el Ruk’u’x Kaj - Ruk’u’x Ulew, la energía-materia hacen
los cambios necesarios para el crecimiento hasta llegar a formar el ser humano
con todas sus facultades plenas.
El aporte de la
cultura maya a través de varios milenios es la importancia que se le ha dado al
día de nacimiento, al Q’ij Alaxïk, porque de esa manera se entiende la dinámica
de la vida y el papel que se tiene. El
ícono en el cual hay un signo de interrogación tiene la finalidad de invitarnos
a pensar en la posibilidad de saber nuestro Wäch Q’ij[1] pues existe otra posibilidad de vida, otra
puerta dimensional que se descubre a través de él.
El signo del Día-Q’ij
Alaxïk en la parte superior derecha del cuadro es el Aq’ab’al, y representa a
la Dualidad, al equilibrio y a la Complementariedad que son las fuerzas que
constantemente reacomodan a la Madre Tierra y a la vida en general.
En la dimensión
Q’ij Alaxïk, la dimensión terrenal; el reflejo del árbol de la vida en otras
prácticas filosóficas, para la Cultura Maya se manifiesta en el Maíz quien es un
ser en toda su dimensionalidad y sus distintas etapas. Por eso se muestra los
distintos rostros de la planta, desde su flor hasta su fruto tierno, su polen
que vuela y se transforma en flores y en tiempo, en energía. Y así se convierte
en q’ij alaxïk. Los rostros a los lados simbolizan la energía femenina y
masculina que rige la vida. Y finalmente el maíz se vuelve el grano lleno del
sol para los distintos momentos del ser humano.
Así como cada
uno de los Ajq’ija’ tiene su propio collar ceremonial que simboliza protección
y autoridad; el del maíz simboliza la humildad, la entrega y el sacrificio para
mantener la vida.
En el collar
está el rostro de Sotz’i’ Chamalkan (murciélago),
guardián y emblema protector de los Kaqchikeles.
También en distintos espacios y como base del tronco
de la milpa, el símbolo de la Ciencia Maya basada en la energía, que simbolizan
los frijolitos rojos de tz’ite’- colorines (Erytrhina Coralloides), base del Piso’m Q’aq’al, la “Energía Envuelta”.
En la entrada
del inframundo está el wäch q’ij Iq’ quien recibe nuestro último aliento y
entramos a una dimensión muy distinta a la anterior. Se dejan “colgados” todo
tipo de creencias y filosofías, y entonces nos cautiva la mirada del Keme’, la
muerte. Pero esa muerte que no es de miedo. Es la muerte que libera, que nos
hace descansar, que nos da la libertad, que nos abre los ojos a la realidad, a
la verdad. En donde “ese vaho” que se nos puso para no ver lo que está lejos y
lo invisible, desaparece, y vemos entonces cómo realmente hubiese sido la vida.
Es la muerte que nos transforma y nos integra de nuevo al ser universal que
somos cada uno.
Toda semilla va
a la tierra, y es en donde empieza el proceso de vida-muerte-renacer.
Antes del brote
hay muerte, la que no la entendemos como tragedia pues solamente es otra transformación
más, porque de la muerte brota la vida. La muerte finalmente la entendemos como
inicio de otra etapa.
A lo largo y
ancho de la obra se notan cinco números; el cero, el trece, el veintiséis, el
treinta y nueve y el cincuenta y dos; las distintas etapas de la vida humana según
los ancestros mayas para empezar el Raxnaqil.
La vida es el
eterno movimiento en espiral. Lo que es hoy, ya fue. Así es la vida universal;
pura transformación.
Kajkan Felipe Mejia Sepet, Chi Iximche’
Iximulew, chi 0 B’aqtun,
0 K’atun, 6 Tun, 6 Winäq, 0 Q’ij, 9 Ajpu’

SE PERMITE USAR LA IMAGEN A QUIENES QUIERAN IMPRIMIRLA Y PONERLA EN SU LUGAR ESPECIAL. EN SU ALTAR.
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