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miércoles, 3 de julio de 2024


 Kajkan Felipe Mejia Sepet, Maya Kaqchikel

Introducción:

Generalmente se entiende la felicidad como algo espontáneo porque puede alcanzarse desde una taza de café hasta el intercambio de risas con los amigos. Para otros será el disfrutar de la naturaleza, para otros será un objetivo eterno e inalcanzable y para otros es un simple cambio neuroquímico. La felicidad entonces es algo personal y subjetivo, pero todos estamos buscando bienestar y satisfacción. Generalmente estamos buscando satisfacción y placer. Y en este mundo en el que se capitaliza y se comercializa todo, por ejemplo, el agua, vamos entendiendo que la felicidad se reduce a consumir, a momentos fugaces de placer. Entonces, estamos viviendo constantemente “momentos de felicidad”

Es una línea tan delgada la que existe entre placer y felicidad. El placer se experimenta a partir de la segregación de dopamina, de la que se valen las redes sociales y que el fin último es la adicción. Si una aplicación es gratis, significa que el producto final es el ser humano que recibe su sistema de recompensas. Nos dicen que el éxito material es el camino a la felicidad, lo cual vemos que no es verdad. Nos venden la idea de optar por ese estilo de vida para ser feliz. Apenas estamos viendo una pequeña fracción de la vida de las personas en las redes sociales, pero eso es lo que entra a nuestro subconsciente como felicidad.

A mayor consumo, mayor felicidad.  Si haces lo que todo el mundo haces sin saber por qué lo haces, serás feliz. Y cuando este pensamiento se proyecta a nivel colectivo termina siendo la filosofía de vida de individuos que no tienen criterio propio. Estamos con la ilusión de que placer es lo mismo que felicidad. Más consumo, mas placer.

La felicidad está basada en la virtud, la serenidad y el bienestar interior. La felicidad es mucho más compleja que el placer. No se puede reducir a simples cambios químicos en el cuerpo. Tampoco se puede reducir a pensamientos filosóficos generados a lo largo de la historia humana.

La felicidad tiene que ver en el bienestar interior, en la satisfacción del espíritu, el autoconocimiento y la autodisciplina. La felicidad se encuentra en un equilibrio entre el mundo exterior y el universo interior.

Ordinariamente deseamos cosas que no necesitamos, lo que perjudica nuestro espíritu. Nos dejamos influenciar por las tendencias u opiniones ajenas y moldeamos nuestros deseos con tal de complacer a los demás o sentir que pertenecemos a determinado grupo.              

La abundancia o prosperidad desde la mirada maya:

En las distintas etapas de la civilización maya se refleja cómo cada ciudad mostraba su propia particularidad territorial a través de todos los aspectos de la vida cotidiana, desde los pequeños huertos familiares hasta las grandes extensiones de bosques que servían como medio de sostenimiento de la vida, de despliegue espiritual, pero también para el hábitat de animales y los distintos seres invisibles, además de generarse los humedales, esos depósitos de agua que sirvieron para los distintos aspectos de la vida colectiva, las plantas medicinales, las comestibles, etc. Siempre se mantuvo el pensamiento y la actitud del cuidado del entorno para generar la vida abundante. No sirve que tengas mucho de algo si no puedes usarlo porque falta todo lo demás. Se dice que algo es abundante cuando se lo puede hallar con facilidad, es decir, cuando se encuentra en una situación contraria a la escasez.

En ese sentido es que entendemos que la abundancia se da cuando la comparamos con la fluidez del agua que constantemente se va renovando. Porque estancarse es contaminarse, es ensuciarse (se pudre el agua, dicen). Es lo que sucede cuando nos quedamos en nuestra zona cómoda; nos estancamos. Y de eso precisamente es que genera cualquier tipo de bloqueo energético, que no ayuda a fluir, a ser abundantes.

Como un reflejo del concepto que tenían los mayas de la abundancia es lo que se refleja en su arquitectura puesto que cada ciudad mostraba la majestuosidad de su construcción. Tikal, Chichén Itzá, El Mirador, por ejemplo, tenían sus propias características que hasta el día de hoy son admiradas. Las artes, las ciencias y todos los conocimientos obtenidos a través de los años eran consolidados con el intercambio de experiencias que tenían los expertos en cualquier conocimiento, provenientes de cada una de las ciudades del territorio maya y también compartido e intercambiado con todo el territorio del maíz (México, Guatemala, Honduras, El Salvador y Belice actualmente).  La evidencia en que ese pensamiento del cuidado del entorno se mantiene es el reflejo de la flora y la fauna que permanece en los territorios de población mayormente con vivencia ancestral. También se mantiene reflejado en el colorido de trajes de mujeres y hombres, la que muestra su estado permanente de disfrute de la vida  

 

Ruk'u'x k'aslem es la palabra maya kaqchikel para “abundancia”, y se refiere a la idea tomar en cuenta todos los aspectos de la vida. En el calendario cholq’ij tzolkin que se compone de 260 días está claramente reflejado este concepto. Y la palabra Raxnaqil es la visión máxima que refleja la equidad y la armonía que la vida necesita para mantenerla en plenitud y en abundancia.

Según la práctica ancestral maya, para tal fin, necesitamos tomar en cuenta los siguientes aspectos:

Mi vínculo personal con el entorno: Según el conocimiento maya, en el calendario mencionado existen cuatro grupos de cinco días-energías y cada uno se vincula con alguno de los cuatro elementos (tierra, fuego, agua, aire) y cada ser humano se relaciona y vive bajo la influencia de alguno de ellos, lo cual significa que no todos pueden alcanzar la abundancia de la misma manera. Es más, el calendario maya (el tzolkin) de 260 días es tan perfecto y armonioso que cada ser humano fluye de distinta manera. Lo que es funcional en la vida para uno, no lo es para otro.

De manera que buscar la armonía se vuelve muy personal porque tiene mucho que ver con la energía que cada uno proyecta. En ese sentido, cada uno nace en un día-energía determinado, llegamos a este plano dimensional en determinado tiempo-espacio que nos proyecta y nos sintoniza a una frecuencia muy particular. 

El compromiso de vida es descubrir la misión, la vocación, la especialidad que nuestra energía proyecta en su autenticidad y de esa manera fluir en la abundancia de una manera muy personal.

El territorio/el entorno: La vida de la humanidad en la tierra ha sido tan larga y tan diversa que ha llegado al punto de generar conflictos y confrontaciones que la ha llevado al borde del colapso, pero una y otra vez ha superado esas etapas oscuras.

No podemos desarrollar todo nuestro potencial si no existe un espacio físico para ello.

En este aspecto, la vida maya contempla una particularidad personal que tiene que ver con su espacio/tiempo, su lado físico/biológico y su lado energético/espiritual. 

Lo que significa que contemplar todos esos aspectos son los que genera el equilibrio necesario para la vida.           

La familia como la transferencia intergeneracional: En la vivencia Maya, la familia es el núcleo en que inicia nuestro vínculo con esta dimensión. Y cada integrante tiene un aporte muy particular en nuestra vida. Sobre todo, de nuestros ancestros de siete generaciones hacia atrás, de los que traemos distintas “programaciones” como vivencias, traumas, y aspiraciones que quedaron solamente en intenciones y que se convierte en nuestra tarea de resolver o trascender y así tener una buena disposición para llevar a cabo la misión personal después de haber facilitado la trascendencia de mis antepasados.

También se contempla a la familia en la proyección de la abundancia porque como clan conozco las cualidades que tenemos para el bienestar en común. Sobre todo, se toma como referente a la familia pues de ahí se inicia a entender los potenciales y los aspectos a superar para lograr mis aspiraciones personales porque todos tenemos similitudes por tener una buena cantidad de programación semejante. Nuestro ADN como familia es similar.    

A través del vínculo familiar se van descubriendo aspectos personales que son necesarios de reforzar o enmendar para lograr ser abundante, para lograr la vida plena.     

Todos los miembros de una familia son importantes porque aportan e influyen emocional, mental y energéticamente a la vida de todos. Eso significa que, así como las alegrías pueden beneficiar, también una enfermedad o alguna tragedia puede dañar a todo el conjunto. Desde ese espacio es que se fortalece la empatía y la solidaridad.

La colectividad como espacio para el desarrollo de mi ch’umilal:  

Otro aspecto claro para generar abundancia tiene que ver con la armonía que se debe mantener con la colectividad, llámese personas, naturaleza, seres invisibles, etc., pues cada uno también tiene su propia energía y merece nuestro reconocimiento, nuestro respeto, sobre todo porque la fluidez que nosotros pretendemos tiene que generarse en armonía con todo lo existente.

En ese sentido, desde el “ch’umilal es que va reflejándose la colectividad desde mi propia proyección de vida ya que estoy compuesto por nueve energías y cada una aporta a mi particularidad. Esos distintos aspectos que emanan de mi propio ser complementan, aportan para la colectividad de los distintos seres que existen en el entorno.   

Cada uno de los aspectos energéticos que la persona posee es que le da la proyección tan personal que necesita para su abundancia. Pero la colectividad le ayudará a proyectarse desde su propia especialidad. Desde su propio mundo energético.

En el espacio de la colectividad es que se va tomando en cuenta el sistema de valores y normas que se debe implementar para la vida en sociedad y la manera en que se generando la abundancia. De esa práctica surge también la reciprocidad como un elemento clave para mantener el equilibrio de la vida plena.            

Palabras Finales:  

“Abrir la mente” es la actitud que puede hacer que veamos la vida y la abundancia de otra manera. Es por eso que en otros espacios de práctica tradicional se dice que “desaprender” es la clave para fluir energéticamente.

Como vimos al principio del tema; la felicidad, que en estos territorios le llamamos Vida Plena, tiene que ver con que cada ser humano se adapta a su entorno de manera emocional, mental, física y energéticamente y fluir de manera equilibrada para el beneficio de todos.

Tomar la vida de manera tranquila nos ayuda a no crearnos falsas expectativa, porque no todo pasará como deseamos que suceda, o que tengamos el control de nuestra vida porque nos sentiremos constantemente decepcionados, frustrados y finalmente deprimidos. Sobre todo, cuando nuestra mente está muy inmiscuida en nuestra cotidianidad.

Mientras podemos tener comunicación con nuestra familia, se hace muy beneficioso estar pendiente de ella ya que se mantiene el vínculo energético y el fluir en todos los aspectos. El trabajo se aprende en la familia.

La abundancia tiene que ver con la disponibilidad de todo cuanto necesitamos en todas las áreas de nuestra vida: salud, dinero, relaciones, amor, etc. La manera que los mayas la conciben es a través del autoconocimiento que nos da el calendario Tzolkin (de 260 días).

 

El conocerse ayuda a liberarse de ideas erróneas que no ayudan a fluir. La abundancia se no llega porque no estas en apertura y confianza.

Un aspecto que es importante tomar en cuenta es que la abundancia es una manera de mover la energía, y empieza a ser permanente cuando la actitud se enfoca primero en mantenerse consciente de que esta debe mantenerse fluyendo.      

La abundancia se materializa cuando la manera de vivir es equilibrada.       

 

Iximulew, Guatemala, mayo de 2024

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