CONCIENCIA ACRECENTADA WO’O KAMEY
Kajkan Felipe Mejia Sepet
Maya Kaqchikel
Hace algunos años tuve una de mis experiencias de alta conciencia. Fue en un día 5 Kamey. Ahora que he escrito varias vivencias me doy cuenta que existen varios momentos que marcan mi vida esa misma energía.
Ese día estaba muy dispuesto a comunicarme con Kamey porque a través de mis ofrendas y mi día-energía; cada vez que necesitaba alguna enseñanza, instrucción o fuerza de su parte, con sólo llamarlo a través de mi conciencia y mi energía, allí estaba conmigo. En cualquier momento, en cualquier espacio.
Todo se debe a la energía afín que nos une. Siempre fluyo cuando pido la ayuda y la fuerza de ellos.
Salí de mi casa desde temprano, pero pasé con varios amigos y perdí (¿acomodé?) mi tiempo con ellos. Conseguí materiales para ceremonia y llegué al lugar en donde viven dos abuelos espirituales. Pasé primero a la casa del abuelo Waqxaqi’ B’atz’ a saludarlo e invitarlo con algunas velas a que me acompañara y pidiéndole permiso para bajar a visitar a la abuela. En el trayecto del camino hacia la casa de la abuela recogí algunos hongos, algunas flores, escuchando al río bajar hacia el oriente y a algunos pájaros cantar. Pero había uno especial que da la bienvenida a todos a quienes llegan a la casa de la abuela; una paloma de monte que con voz grave y de mucha sabiduría; una voz ceremonial, diciéndome, como escucho a las abuelitas Kaqchikeles decir: man katzaq ala’ (no te caigas muchacho).
La última vez que habíamos llegado con otro compañero, el sitio estaba muy confortable pues todo estaba cubierto de matorrales, solo estaba el centro y la Mesa Ceremonial, y supuse que así lo encontraría, pero no; todo el matorral estaba destruido y tirado, el centro energético estaba completamente descubierto y se podía ver a una larga distancia el río correr.
El procedimiento que tengo para dicho espacio en la casa de la abuela es; arreglar el espacio como barrer y sacar la maleza para dejar “limpia su casa”. En el centro está el espacio para hacer el fuego ceremonial, normalmente me siento, dándole la espalda al oriente, me queda el espacio del fuego y el poniente como mi espacio visual para recibir mensajes, además hacia la sur queda la energía esencial del lugar: el agua del río y finalmente, complementándola, la mesa de la abuela Waqxaqi’ Imox (energía relacionada con el elemento agua) que está frente a un árbol.
Preparé todo, poniendo varios tipos de copal, incienso, candelas de todos los colores, dulce, azúcar y todo lo demás. Usé entonces tabaco para entrar en contacto con los abuelos. Cuando comencé a entrar a “los otros planos”, sentí primero un miedo a ser visto. Todo se concentró en prejuicios pues pensaba qué iban a pensar de mí al estar haciendo un fuego ceremonial en ese lugar.
Estaba
hincado y me paré para levantar algunos matorrales para cubrir un poco el
espacio en donde estaba, y también para que no me vieran porque por la hora,
sabía que de un momento a otro iban a pasar algunas personas por ahí. Y lo hice
con mucho cuidado y con temor porque recordé que una vez habían dejado un trozo
de cartón en donde habían escrito algo de la Biblia, diciendo que aquello que
hacíamos en ese espacio era “pecado”. Estaba en un gran dilema, porque a pesar
de estar en un espacio y momento sagrado, yo no podía conectarme, no podía
fluir por todas esas conversaciones en mi cabeza que me insistían que ese no
era el propósito de mi vida. Que eso que hacía era algo malo. Me sentía
desnudo, expuesto en ese espacio. Aunque todo era en mi cabeza porque solamente
estábamos la naturaleza y yo.
Hice un gran esfuerzo porque sentía que la desesperación y la impotencia se apoderaban cada vez más de mí. Así que empecé a respirar y juntar mi energía cerrando los ojos. Ya no me importó mayor cosa pues de nuevo me hinqué y encendí la ofrenda que había llevado. El Abuelo Fuego desde el principio empezó a hablarme al contarle a la abuela del lugar energético que estaba de nuevo con ella porque una persona le había mandado una ofrenda de agradecimiento y a la vez pedía el bienestar de ella y toda su familia, además de que, en ese momento, de mi parte estaba ahí de nuevo como se lo había prometido.
Otra vez la ansiedad de apoderó de mí; viendo a mi alrededor para encontrar el palo para mover el fuego que no estaba en el sitio en donde siempre lo dejaba. Me levanté de nuevo y caminé alrededor para buscar otro, pero el miedo y la desesperación seguía creciendo en mí pues no encontraba nada que pudiera servirme. Busqué por todos lados y nada. Sentía como si todo estaba en mi contra, pero luego de dar varias vueltas, encontré uno que no servía porque al doblarlo se rompió.
Tuve que respirar profundamente, y lo chistoso de la situación es que, al regresar frente al Abuelo Fuego, allí frente a mí encontré uno que estaba bueno. De nuevo me hinqué y reconocí que estaba en MAJTAJNÏK, por eso me sacudí esos sentimientos que me confundían. Y nuevamente me concentré en lo que pretendía hacer. Invoqué a todas las fuerzas y sentí cuando cada uno fue llegando. Las fuerzas de los cuatro puntos cardinales, el Gran Abuelo al que siempre invoco también estuvo presente. Invoqué a los cerros, a las montañas, pero aún así, sentí que todo lo estaba haciendo de manera inconciente y maquinal porque había mucho ego en ello. Me sentía desconectado aun y mis miedos se reflejaban en ese momento cuando de nuevo pensé en otras situaciones que no se relacionaban con lo que hacía en ese momento. De nuevo aclaré mi voz interior y centré mi atención en el Abuelo Fuego y pensé que estaba en ese lugar y tiempo para aprovecharlo al máximo.
Viendo hacia el cielo con algunas nubes blancas me disculpé con el Creador y Formador pues a pesar de tantas ofrendas de fuego hechas; hasta ese momento reconocía que esa era mi manera de agradecer la vida y todos los favores que me concedían cada día.
A
partir de ese momento entonces ya solo sentí paz, ya nada de miedo. Mi ser energético
me dijo que había que llamar a otras fuerzas más, y ellas me recordaron a otras
con quienes conjunté una gran energía en ese momento. Pero faltaba en la fiesta
el wäch q’ij, el nawal del día, el actor principal, el dueño del día. La
Energía Kamey.
Le hablé de quien había mandado su ofrenda y luego le agradecí todas esas veces que me concedió, no solo su fuerza sino también su sabiduría y que a través de su energía haber conocido diversas personas que reflejan su fuerza.
La abuela del lugar me habló a través de los pájaros quienes me acompañaban en ese momento con su canto. El Abuelo Fuego fue creciendo y el calor me daba mayor energía. Había sacado mi Envoltorio Sagrado para que recibiera la energía necesaria y luego lo puse sobre el altar por un momento. Los pájaros me avisaron que se acercaban la gente que siempre pasa por ahí y me sentí feliz de tener a amigos incomparables y fuera de lo común que me estuviesen cuidando.
En ese momento, una mirada inocente terminó de calmar el revoltijo que tenía en la mente pues una niña me sonrió, y la señora y el señor me saludaron. Era una familia que pasaba en ese momento después de un día agotador de trabajo. Y pensé, ¿porque tener miedo? Todo estaba bien. Todo estaba fluyendo.
Cada vez que ofrecía otra parte más de la ofrenda y le pedía favores a todas las fuerzas que había invocado, ellos con gusto, respondían. Sentí deseos de cantar, el deseo de danzar. Y tuve mi primera experiencia de usar mi propio canto ceremonial, el canto y la danza para el nawal Kamey.
Fue la primera vez también que mi nawal se hizo uno con el Abuelo Fuego, que finalmente reconocía que yo soy parte de él y él de mí porque en ese momento, al mover mis manos a su alrededor el Abuelo Fuego danzó, giró al compás de ese momento. Tuve que cerrar los ojos pues era una sensación extraordinaria de bienestar y paz al ver cómo el Abuelo Fuego y el humo blanco giraban según el movimiento de mi mano; de izquierda o derecha, lenta o rápidamente.
Ya se estaba haciendo de noche y había que subir unos doscientos metros para llegar al otro altar. Así que, haciendo mucho esfuerzo, tuve que despedirme del momento y del espacio a donde concurrieron todos los abuelos, ancestros, guardianes, lugares energéticos y toda la gama de seres invisibles que desconocemos pero que nos cuidan.
Ahora puedo
decir que fue una experiencia muy positiva y placentera para mí. La abuela me
trató muy bien, después de haberle pedido disculpas por dejarla sola por algún
tiempo y que, además, el día estaba planteado para aquella experiencia con del
día Kamey.
Desde luego que volveré a su casa en su momento.
Iximche’
18 de noviembre de 2008
Me identifique con los sentimientos en su blog, me transporte a un espacio personal. Muy lindo como que escribe, gracias por compartir 💓
ResponderEliminarInfinitas gracias Tata por compartir...
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