Como un aporte a la proximidad del Final de Ciclo Maya.
Para los pueblos ancestrales, el territorio no es solamente una parte de la geografía determinada, sino un espacio en donde se ha generado el pensamiento social, cultural e histórico. Por eso es que se les nombra culturas ancestrales porque están conectados a un determinado territorio, porque en ellos han "sentido" determinados lugares que son necesarios para cada una de las etapas-edades de los seres. “Es La Madre Tierra, y el compromiso de todos es retribuirla a través del respeto que merece y tomando de ella solamente lo necesario para vivir”. Ese pensamiento se da, debiera darse en la práctica ancestral.
Los mares; los océanos, los cerros, las montañas, las cuevas, los
rincones de los bosques, los ríos; los barrancos, lo tangible e intangible tienen razón
de ser, tienen su función y también sus guardianes, que pueden ser los seres
humanos, los animales y los seres invisibles.
Todo territorio habitado por los pueblos originarios tienen su historia
y tiene un significado en la memoria de cada uno de quienes lo han habitado
desde tiempos inmemoriales, y también porque de esa manera es que se han convertido en
la historia oral de los pueblos.
Además, de los distintos tipos de invasiones y explotación de "los recursos naturales", en la actualidad; la “globalización de
las medicinas o prácticas tradicionales” pone en riesgo esa territorialidad porque
irrumpe el espacio de quienes han mantenido la dinámica por generaciones y por
miles de años en los distintos territorios. Es distinto cuando un
invitado de otra tradición se le pide compartir su medicina porque es la colectividad que se ha puesto de acuerdo en recibirla. El conocimiento que se comparte a través de las medicinas tradicionales conlleva el movimiento de energías, y cuando se irrumpe un
territorio sin tomar en cuenta el protocolo local, se genera el riesgo de dejar
un caos que los locales han de re-ordenar porque "se abren puertas locales" que no se cierran, porque no saben hacerlo.
No es por casualidad
que por siglos o miles de años han vivido determinados grupos en esos territorios,
son ellos quienes lo conocen. Es por eso que hasta la piedra a la que no le
pones atención puede ser que le den un sentido, un poder.
Quienes llevan en su
corazón la práctica ancestral, asumen que a los territorios y los habitantes
del mismo se les debe respeto, porque con la actitud contraria, se re-abre el
círculo histórico de imposición, como ha sucedido con otras prácticas espirituales, lo
que sería contradictorio si creemos caminar en el sendero de lo ancestral.
La práctica ancestral
es el conocimiento y el constante respeto hacia los ancestros, a los espacios
sagrados, a la naturaleza, al universo en general.
En otras palabras, es
solamente una simple cortesía llegar a un determinado territorio y esperar a
que te inviten pues han sido otros quienes han sostenido el rezo por decenas de
generaciones.
Si el territorio tiene
que ver en la armonía de la práctica tradicional, quiere decir que el espacio
en que nos ubicamos, el que nos toca al momento del fuego ceremonial también es
importante. No es armónico estar cambiando de lugar e invadir el espacio de
otros cuando estamos en nuestro momento ceremonial, tampoco pasar entre la
comunicación fuego-persona porque se rompe la conexión, tampoco, pasarse sobre
las ofrendas para el abuelo fuego, porque es la misma actitud si pasásemos
sobre la comida de alguien más. Esa actitud la saben todos los pueblos de práctica
ancestral.
La
recomendación a los que están internándose a cualquiera de las tradiciones ancestrales
es que tomen en cuenta estas ideas y otras que deben preguntar con toda la humildad de que estamos aprendiendo todos los días, con tal de que la armonía individual vaya afirmándose
y armonizándose con la práctica de la colectividad, y con los pueblos, los
hermanos mayores que han mantenido su cosmovisión a lo largo de sus historias
muy particulares.
8 Ajpu',
Kajkan, Septiembre de 2012

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