FUEGO CEREMONIAL EN EL
OXLAJUJ KEJ
El oxlajuj Kej (Trece Venados) es un Lugar Ceremonial que ha sido
visitado ancestralmente. En el memorial de Tecpán Atitlán se menciona ese
lugar como uno de los puntos referentes que delimitan el territorio kaqchikel.
Antiguamente el lugar era frecuentado por los cazadores pues antes de entrar al
bosque y cazar, pedían permiso, y de regreso, dejaban la cabeza de alguno de
los animales cazados en la cueva que se encuentra detrás de la imagen de piedra.
Todavía se puede encontrar restos de osamentas en dicho lugar.
En
el día Jun Kame surgió el deseo de subir al cerro, a visitar al abuelo del 13
kej. Ya tenía la mayor parte de mis materiales ceremoniales a usar y ya solo
pasé por algunas candelitas. Pero además tenía la intención de retocar las figuras
que había hecho hace algunos años en ese sitio, por eso llevaba también mis
pinturas.
El
transporte que me tocó ese día fue más conveniente pues me llevó hasta el pie
del cerro,mientras platicábamos con el conductor que resultó ser partícipe de
la cosmovisión maya.
Iniciando
la caminata, al lado izquierdo y frente a un árbol de encino está la primera
parada del camino. Es una piedra que al ponerle atención se le ve la forma de
una cabeza con rostro. El primer secretario, le dicen los ancianos ajq’ija’ que
saben de esto. Se le saluda y se le cuenta que se va hacia el lugar ceremonial
a poner una ofrenda. Sobre todo, pidiéndole permiso para que iniciando el
camino, -que es algo empinado-, se convierta en medicina para el corazón y para lucidez.
Y que cada uno de esos pasos hacia esa puerta dimensional sea de bienestar. El
estado de ánimo es muy importante cuando se va a esos espacios energéticos,
porque es un lugar amplificador.
Todos
los lugares sagrados tienen sus puertas de entrada y salida a las que se les
debe poner mucha atención pues si se ingresa por el lado no habilitado por el
fluir de la energía, por los guardianes de la naturaleza, se pude incurrir en
una falta, en una actitud de irrespeto que puede tomarse como una intromisión,
que genera un período de desajuste en la vida por un tiempo determinado. Por
eso los ancianos recomiendan poner mucha atención y cuidado al entorno mientras
se va caminando hacia esos espacios ceremoniales.
Cuando
se va con la idea de conseguir cambios personales, pensando en el siguiente
salto cuántico que corresponde en la vida, todo va siendo información a lo
largo del caminar. Son señales, dicen. Y cada una de esas imágenes y
sensaciones van dando forma, posición y disposición al cuerpo energético que se
hará uno con ese centro de poder. El silencio y la atención es lo más
recomendable en ese momento de búsqueda.
Fueron
dos momentos en que descansé a lo largo del camino hacia el centro ceremonial
pues estaba haciendo un enorme esfuerzo para llegar, y el corazón estaba
esforzándose también a dar lo suyo, pero no quería detenerme pues mi emoción
era mucha y lo único que deseaba era llegar lo más pronto posible. Sentía que
había algo, alguien, esperándome.
Recorriendo
el camino hacia el Oxlajuj Kej entonces,recogí el ala rota de una libélula que estaba más
grande de lo que normalmente he visto. Se me cruzó la idea de que era de un
ser volador de forma humana, de un hada del bosque. Pero era un regalo. Lo
interpreté como el vuelo, el impulso que me correspondía esa visita. Momentos
de cierre y apertura, final y comienzo, la espiral. Y desde ese momento
empezaron los mensajes al ir subiendo hacia el lugar ceremonial. Los
guardabarrancos, el viento, los árboles, las ardillas, los armadillos, los
insectos.
Por
fin llegué a donde había hecho la primera pintura del glifo del nawal q’anil en
una de las piedras que forman la puerta de entrada. El mero secretario, dicen.
Es como el referente de haber llegado a un espacio que genera un estado de
ánimo distinto, un espacio sagrado puede decirse, pues al solo pasar, ya se
puede contemplar la enorme piedra que tiene distintas formas, dependiendo del
lado por el que se ve, pero define una zona distinta en un determinado espacio
del bosque.
Me
detuve por varios minutos ante el “secretario” y retoqué la imagen del q’anil, recoloreándolo,
dándole el toque artístico al espacio.
Al
principio había ansiedad mientras estaba pintando porque mi mayor deseo era
realizar mi fuego, mi ritual. Pero había que estar, y bien, en donde estaba en
ese momento. Así que me relajé y eso me ayudó a fluir la combinación de colores
y formas.Además era parte de todo el ritual y un aporte para el lugar en donde la
gente descansa un rato, llevando leña hacia el pueblo.
Al
asumir que todo espacio tiene su momento, disfruté finalmente,pues me dediqué completamente
a lo que había que estar con el nawal q’anil. Enseguida caminé hacia el lugar
sagrado e iba emocionado, porque siempre los abuelos de ahí me reciben con
alegría. Eso he sentido siempre que he llegado a visitarlos. Todas las veces me
han compartido hermosas experiencias. Por otro lado, también ya se había hecho
conexión anticipadamente con el día jun kame para mover energía y había que
cumplir. Por eso, al solo entrar al espacio, saludar y descansar por un momento,llegó
el viento a saludar, moviendo las hojas en un pequeño remolino. Fue como la sensación
de que estaban limpiando el espacio porque iba a haber una fiesta. Por eso hice
mi parte, amontonar a un lado las hojas secas para habilitar el espacio del
fuego ceremonial. Coloqué el material, fumé un
tabaco a manera de saludo, y para abrir mi cuerpo energético también, preparándome
para lo que iba a acontecer en ese momento pues a eso había llegado, para salir
por un momento de la cotidianidad y explorar otras dimensiones. Y al poner algo
de música, llegaron algunos pájaros a acompañar aquel espacio-momento con su
canto, al mismo tiempo que prendía el fuego ceremonial.
Cada
espacio ceremonial tiene una dinámica distinta de interacción. En el 13 kej la
energía surge del interior de las piedras, las que emiten distintos sonidos,
voces, conversaciones imágenes y toman forma distintos seres, como los duendes.
El
ser humano que desarrolla su percepción se entrelaza de distinta manera a esos
espacios y tiene su propia experiencia. Los centros ceremoniales son
amplificadores de nuestras expectativas, de nuestros estados mentales y energéticos.
Cuando
ya se ha abierto el espacio energético a través del fuego ceremonial, éste se
vuelve puerta dimensional. Es nuestro tiempo de seres humanos de enfocar
nuestra intención aunada a nuestra energía para conectarnos con el “todo”. Es
posible desde las prioridades que tenemos como seres humanos, o sentir cómo
fluye la fuerza desde el interior del círculo de fuego y dejarse llevar. Cada
uno fluye según su trabajo personal y sus necesidades. El Oxlajujkej da por
danzar, por emitir sonidos de instrumentos y al canto.
Estaba
contemplando el fuego, platicándoles a los abuelos, sobre todo al nawal del
lugar y del día de lo agradecido de estar de nuevo con ellos. Que mi alegría
era muy grande de haber encontrado ésta manera tan particular de sentirnos parte
de algo más grande, de algo que está en nuestra cotidianidad, que consciente o
inconscientemente percibimos, pero que nos hace sentir la vida de una manera
muy particular, muy especial.
Pensando
en eso estaba cuando la imagen del ojo me llamó. De mi interior surgía una voz
que me decía que era el momento de usar los colores ahí. Por eso, le pedí
permiso al guardián del lugar y tomé el pincel. Y todo fue fluyendo mientras
seguía platicando con el vigilante del cerro. Sentí que dentro de mí estaba
fluyendo energía hacia la piedra y de la piedra hacia mí. Fue una interacción
muy necesaria pues la conversación se enfocó en cómo las formas y los colores
también influyen en el estado mental, físico y energético de los seres humanos
mientras le daba color al ojo. Me indicaron pintar más en el futuro.
De
vez en cuando dejé sobre una de las piedras el pincel y los colores y regresé
frente al fuego para moverlo, ofreciendo velitas de varios colores, mientras
seguía la conversación de los abuelos, viendo que las velas que puse debajo de
la piedra grande a mi lado izquierdo, se habían derramado, combinando los
colores y formando una figura de ser humano danzante de color turquesa, lo cual
me dio por danzar y después regresé a pintar.
Cuando
ya había restaurado el ojo, pasé a la otra figura que había visto
anteriormente, oculta en la piedra; un rostro femenino con algo que cubría su
cabeza. Se me ocurrió que era una corona. Me estaba sonriendo, como esperando
su turno para embellecerla. Platiqué con ella, recordando la vez que se me
mostró, permitiéndome darla a conocer a quienes en el futuro ingresaran a ese
espacio.
Fue
agradable. Sentí mucho bienestar mientras pintaba; el contorno de su rostro, su
corona y sus ojos, pero cuando estaba a punto de hacerle la boca, al mismo
tiempo que platicaba con el fuego ceremonial, apareció volando un insecto negro
del lado derecho mío. Parecía como una enorme mosca, pero al verla más
atentamente y por detrás, se parecía más a un escarabajo con el trasero negro
dorado. Llegó frente a mí y empezó a
indagarme, daba vueltas alrededor mío mientras yo pintaba el rostro. El insecto
(o la insecta?), estaba cada vez más cerca y su ronroneo era cada vez más
fuerte. Y llegó un momento en que se me acercó tanto que me hizo moverme hacia
atrás, y fue como si estuviese hablándome. Sobrevolaba, mientras me decía que
le gustaba lo que yo estaba haciendo. Voló hacia las distintas manos impresas
en la piedra que habíamos hecho en una ocasión que fuimos en grupo a hacer una
ceremonia. Me preguntaba qué había sido de quienes habían llegado esa vez a ser
un momento ahí en ese lugar. Sentí una bola de energía que se iba haciendo cada
vez más grande en mis manos. La levanté por un momento hasta sentir que tenía
un metro de diámetro. Después la deposité frente al fuego y se diluyó en todo
el entorno.
El
OxlajujKej es de los abuelos que está
ayudando a generar la oleada energética desde el espacio en que se halla para
que la vida se siga desarrollando en todas sus manifestaciones. La vida es
permanente, la vida se va transformando a lo largo de sus distintos
ciclos.
Quise
fotografiar el ojo pintado y el insecto que seguía volando para quedarme con un
recuerdo de ese momento, pero enfrente estaba la vara para mover el fuego. En una
actitud inconsciente pero brusca, tomé la vara y la arrojé hacia atrás, pero rectifiqué
mi actitud y le pedí disculpas porque servía de instrumento para mover la
energía del fuego. Tomé algunas fotos de ese momento cuando volví a colocar la
vara frente a la piedra. Hay que tomar en cuenta que cualquier actitud en esos
espacios genera un mayor movimiento energético. Además la vara es un importante
instrumento y no hay que descuidarla. Decían que hay que seguir fortaleciendo
el respeto a todas las manifestaciones de la vida. Que hay que ser constantes.
Al
voltear a ver al bosque, a los pájaros y escuchar el sonido del agua deslizarse
sobre las piedras y siguiendo su curso, escuchar a los pájaros; la energía del
agua se hizo presente y me compartió una visión de alternancia. Vi la montaña
sin nada de árboles, convertido en un lugar de casas. El lugar en donde estaba en
ese momento con mi fuego, había desaparecido. Habían desaparecido las piedras, no
había convergencia de energías. La gente estaba robando agua, la disputa era
por el agua. Algunos buscaban agua pero no encontraban en ningún sitio. La
seguridad estaba alrededor de los depósitos de agua. El manto acuífero del
valle donde ahora está asentada la ciudad, lo habían privatizado y tenían
grandes bombas que sacaban el agua de las cavernas que habían hecho. Era un
lugar desconocido. Había mucha pobreza, sobre todo, pobreza de espíritu. Un
sentimiento desconocido de desconexión que hasta el momento no hemos vivido.
También sentí en ese momento mucha impotencia, preguntando en voz alta hasta
donde tendríamos que llegar la humanidad en su aprendizaje.
Fui
hacia la cera derramada, la tomé, quedando en mi mano solamente la forma de la
mujer danzante, la que puse en el fuego. Y mientras se iba derritiendo, me
recordó la imagen de la placa de Pakal
de Palenque en su trascendencia. Ahí estaba presente el abuelo jun keme’, y al
ofrecerle su tabaco, llegó un fuerte viento mientras un pájaro cantaba, saltando
entre los árboles. Todo se trata de trabajo personal, decía. Hasta donde
llegues en este espacio-tiempo que te corresponde es tu tarea. Mientras todavía
nos hayas llegado frente a la puerta para cruzar hacia el otro lado, tienes
oportunidades. Vivir cada momento como si fuera el último es lo que
corresponde.
Hubo
momentos fuertes en donde había que apoyar fuerte los pies sobre la tierra para
ser solamente un medio para que la energía siguiera su curso. Otras veces para
reír, llorar o platicar, disfrutando de ser, ser humano, con ese cuerpo
compuesto de los elementos de la misma naturaleza que la percibe. Agradeciendo
mucho eso. Parecía un trastornado platicando solo en esa montaña, ante la
piedra, ante el fuego. Es lo que pasa cuando se va solo a visitar esos centros energéticos.
Se disfruta muchísimo. Me senté por un momento debajo de las imágenes que
retoqué y de nuevo llegó el insecto a volar frente a mí.
Finalmente
me despedí y de nuevo salió una voluta delgada de humo que giraba de izquierda
a derecha y se elevó hasta perderse en lo alto. Era la forma de un bastón y de
una serpiente.
Pasé
llevando agua del cerro pues unas compañeras están preparando la ceremonia para
el río, con el propósito de llevar la energía del agua de otros espacios hasta
ese lugar.
Las
vivencias son cierres y aperturas de acontecimientos, pero no hay un fin
absoluto, solo cambios. Siguiendo con el movimiento en espiral de la vida.
Chi
Iximche’, chuwa 6 B’atz’,
15
de abril de 2016