LOS MAYAS Y LOS
LUGARES SAGRADOS
Kajkan, Felipe Mejia Sepet
Maya Kaqchikel, Guatemala
El
irrespeto a la Madre Tierra ha generado en los individuos la perdida de las
posibilidades de saber "quien es" y fundamentalmente "hacia dónde
va".
En cada una de las culturas se concibe un tipo de
espiritualidad, de religiosidad. Y con ello se concibe el espacio intangible de
distinta forma.
Una de estas concepciones es la que se tiene desde
la cosmovisión maya, en donde el ser humano se vivencia a sí misma como una
“parte de la naturaleza, del universo, de un “todo”. En donde no existen
barreras entre el universo, la naturaleza y los seres humanos. En donde el
humano no es un ser aparte, ni está por encima de la naturaleza porque es parte
de ella.
En el pensamiento maya no existen jerarquías, no se
considera a los seres humanos “superiores” y por encima de la naturaleza o
“distintos” de la naturaleza y sujetas al ser humano, porque esto predispone
una barrera mental de distinción, de prejuicios entre los humanos y la
naturaleza.
El pensamiento maya no cree en “un principio máximo
o supremo” el cual gobierna a todos los fenómenos y a todos los seres, en donde
se interpreta todo de manera sistemática e ideológica porque se concibe que
cada fenómeno tienen sus propios principios y aceptarlos tal como se
manifiestan es parte del “ubicarse cada uno en su espacio”. Cuando se ve a
través de la lógica de seres humanos se le pierde el respeto a cada uno de esos
fenómenos.
Entre los extremos, existe variedad de estados de
ánimo y actitudes por cada uno de los seres, y que éstos influyen en el
comportamiento de los demás. Hay Luz en la oscuridad, pero también existe
oscuridad dentro de la luz. Esta es la interactividad del universo.
La concepción maya es flexible porque entre ve un
amplio rango de valores y muestra tolerancia hacia lo que la otra concepción
considera “malo”, porque todo lo creado tiene su razón de ser y no puede
explicarse desde nuestra lógica humana. De la semilla,
para brotar la planta, necesariamente tiene que morir para que surja una nueva
vida. De la noche oscura nace el día. Del dolor surge la trascendencia.
El pensamiento Maya no separa el medio físico; luz,
calor solar, humedad, viento, agua, atmósfera y los organismos vivos como las
plantas y animales, y la gama de seres espirituales que existen.
Las emociones espontáneas y los impulsos de todos
los seres se conectan a otros niveles, a los niveles del mundo físico, biológico
y espiritual; de manera que la Madre Tierra, en toda su manifestación; cargada
de poderes mentales y espirituales interactúan entre sí y éstos hacia y desde
el universo, al que llamamos Ruk’u’x Kaj, el Corazón del Cielo. El Centro
Energético del Universo.
Recordando entonces que todos los objetos materiales tienen
vida propia porque poseen energía, es que se comportan con voluntad en nuestros sueños.
Esta es una sencilla explicación de que toda la naturaleza está recubierta de
una atmósfera de energía, y todos los elementos, los lugares y los seres
humanos somos susceptibles a ser sobrecargados en algún momento. Y para eso, la Madre Tierra tiene sus propios espacios en donde el ser
humano sobre todo, busca recuperar su equilibrio energético.
En los distintos
territorios de los pueblos originarios del llamado actualmente continente
americano, y en los distintos pueblos de práctica ancestral que habitamos a lo
largo y ancho de la Madre tierra, existen esos espacio, los lugares sagrados. A
los que normalmente son llamados Centros Arqueológicos, y formaciones naturales,
Los Mayas los definimos como Lugares Sagrados.
“…así fue la
creación de la tierra cuando fue formada por el Corazón del Cielo, Corazón de
la Tierra, que así son llamados los que primero la fecundaron, cuando el cielo
estaba en suspenso y la tierra estaba sumergida dentro del agua. De esta manera se perfeccionó la obra,
cuando la ejecutaron después de pensar y meditar sobre su feliz terminación.
Luego hicieron a los animales pequeños del monte; los guardianes de todos los
bosques; los genios de la montaña, los venados, los pájaros, leones, tigres,
serpientes, culebras, cantiles, guardianes de los bejucos.” (Pop Wuj)
LOS MAYAS; GUARDIANES DE LUGARES SAGRADOS
En los actuales Estados del
Norte, Centro y Sur de América, y por lo consiguiente, en diversidad de sitios
de nuestra Madre Tierra, aún permanece
vigente la energía de la diversidad de los lugares sagrados para las prácticas
místicas de los Pueblos Originarios y de las culturas más antiguas como la Maya.
Los Pueblos Originarios de
Ab’ya Yala[1], los Mayas específicamente, a lo largo de
varios milenios y períodos histórico-culturales han mantenido su práctica
espiritual y en tal caso, los puntos o centros de energía son el Espacio Sagrado
de reencuentro personal con los elementos de los que estamos creados. El
retomar de conciencia que somos parte del Corazón del Cielo, del agua, de la
tierra, del aire, y del viento. Que a través del aire que corre en forma de viento se
manifiestan los espíritus desde sus distintos niveles. Que a través del
movimiento del fuego conectamos
el corazón, a la luz que existe en nuestro interior. Que desde el
centro de la tierra hasta lo más alto del universo, todo tiene energía,
todo tiene vida. En los Lugares Sagrados entonces, las sensaciones corporales,
las percepciones se incrementan porque también conjuntamos nuestro complemento
líquido con el mayor porcentaje de agua del que estamos compuesto todos
los seres y la Madre Tierra misma.
Los Lugares Sagrados se encuentran en ríos, lagos, barrancos,
cenotes, nacimientos u ojos de agua,
cuevas, lagunas, cerros, planicies, volcanes, y actualmente en muchas de las
iglesias católicas ya que fueron construidas sobre espacios que han sido
centros ceremoniales ancestrales, surgiendo de esa manera el sincretismo religioso. Pero luego, al paso de los años, esos centros
ceremoniales también se convirtieron en lugares de refugio ante la invasión y
luego durante el conflicto armado interno en Guatemala. Es por ello que muchas
personas dicen “los Abuelos nos guardaron y nos escondieron en los encantos”
(en los lugares sagrados)”.
En los diversos idiomas
Mayas, al decir Nuestra Madre Tierra, Nuestro Padre Sol, Nuestra Abuela
Luna, etc., les estamos dando esa connotación de pertenencia bilateral,
pero además el sentido de familia universal que somos.
Cada una de las
manifestaciones de la naturaleza tiene su Ajaw (Guardián) protector como los
montes, valles, ríos, lagos, mares, vientos, etc., porque todo lo que existe
tiene un propósito, una función. Significa que los protectores de la naturaleza; los Sisimit, los Saqk’oxol,
los Käqk’oxol, los Saqb’ochol, los Saqb’ichol (los distintos elementales) y
demás protectores que los habitantes de las comunidades conocen, tienen una
función específica.
Con la Madre Tierra se
dialoga y ella nos da sus mensajes constantemente, nos indica y nos advierte
sobre nuestro comportamiento con los demás seres. Por ello la llamamos Nuestra
Madre.
Además
de toda una acumulación de riqueza cultural y recuerdos históricos de más de
5000 años calendarizados; un Lugar Sagrado es un espacio en donde convergen
todas las fuerzas físicas y espirituales. Por ello, muchos los nombran lugares
encantados pues es en donde confluyen todos los hilos de la madeja de la
vida-energía en todas sus manifestaciones. Es por eso que se generan
acontecimientos inexplicables y también se producen “milagros”.
Los
Ajq’ija’ (lo contadores de días) dicen que en los Centros Ceremoniales se
recibe adiestramiento y solución a contradicciones. Es el
sitio en donde se presencian maravillas, en donde se descubren secretos; en
donde se adquiere mayor energía personal y colectiva. Es la conexión con el
centro del universo.
Un lugar sagrado da la fuerza para rejuvenecer y estimular al
cuerpo físico y espiritual de quienes lo visitan para así integrarlos al
entorno social, físico y espiritual, al de la Tierra y al del universo en
general con sus capacidades plenas para complementar el “todo” sin deficiencia
alguna ya que el movimiento de ese “todo” es perfecto y cada ser humano debe
ser perfecto. Los acontecimientos no son casuales, son causales. “Todo lo que le ocurra a la tierra, le ocurrirá a los
hijos de la tierra.”
Todos los centros ceremoniales son el complemento de una red de
energía que interconecta a la Madre Tierra. Así como la sangre corre por las
venas y arterias, de ese modo; la interconexión y la energía, se interconecta y
fluye en todos los lugares sagrados.
Esa constante circulación o movimiento sincronizado es la fuerza
de la vida. Todos estamos constituidos de energía y cada uno
puede influir en su entorno por estar conectado al “todo”. Independientemente
de la distancia que estemos separados. Es otra
manera de decir que todos estamos interrelacionados, enlazados unos a otros y
que dependemos unos de otros; árboles,
animales, insectos, plantas, seres humanos... “El Santo Mundo tiene cosas que
no pueden ser explicadas, aunque tratemos de hacerlo según nuestro entorno y nuestros
conocimientos” –dice un anciano maya.
…Después cantó otro
animal en el cielo, el llamado perico, y dijo también: "Yo soy vuestro mal
agüero, ¡moriréis!" Pero nosotros le dijimos a este animal: "Cállate,
tú no eres más que la señal del verano. Tú cantas primero cuando sale el verano
y después que cesan las lluvias: entonces cantas". Así le dijimos. (Memorial de Tecpán Atitlán)
Una
gran mayoría de Mayas han tenido alguna experiencia o sabe de historias de
personas que estando en esos espacios han presenciado algo extraordinario,
sobre todo apariciones o desapariciones que se catalogan como “misteriosas”. Por
eso dicen los ancianos que los lugares sagrados son puertas a otros mundos.
La connotación sagrada de los lugares ceremoniales manifiesta
su utilidad para el equilibrio y la armonía universal. Es por ello que tenemos
el deber de respetarlos y cuidarlos porque es parte del reencuentro con la
vida. Todo lo que hay dentro y en el entorno de los centros ceremoniales es
parte de la fluidez de la energía que nos mantiene.
De
ahí surge el conocimiento que todo lo que existe en dicha área es parte de
manifestaciones especiales como el canto de un pájaro, el sonido y el
movimiento del viento, el movimiento y el sonido del Sagrado Fuego, de las
luces, de las sombras...
… En
efecto, oyeron hablar a los árboles, y que los pájaros se llamaban a silbidos
allá arriba. Y al oírlos, exclamaron: “¿Qué es lo que oímos? ¿Quién eres tú?”,
dijeron. Pero era solamente el ruido de los árboles; eran los que chillan en el
bosque, los tigres y los pájaros que silbaban. Por este motivo se dio a aquel
lugar el nombre de Chitabal. (Memorial
de Tecpán Atitlán)
Cuando visita un centro Ceremonial; para reencauzar
el equilibrio y la armonía personal, desde el inicio de dicho acuerdo se hacen los
rituales respectivos para que todo vaya desarrollándose en armonía hasta la
llegada a dicho lugar, ésta, complementada con la música para generar la
sintonía necesaria para desprenderse del mundo ordinario, para la concentración
y la comunicación con los Creadores y Formadores, con los antepasados, y así
obtener la pretendida redirección de la vida.
Los centros ceremoniales
están dentro de un espacio muy especial ya que están rodeados de todo tipo de
elementos naturales, evocando así los
elementos de creación de la Naturaleza
como lo describe el Popol Wuj:
…animales
pequeños del monte; los guardianes de todos los bosques; los genios de la
montaña, los venados, los pájaros, leones, tigres, serpientes, culebras,
cantiles, guardianes de los bejucos.
Asimismo existen los
centros ceremoniales que los ancestros mayas han construido tales como Q’umarkaaj,
Kiriwa’, Iximché, Tikal, Saq Ulew,
Nimab’äj, Kaminäq Juyu’, Palenke, Chichén Itzá, etc.
Se supone que sobre este
valor moral de protección a nuestro
entorno es que se educa a los mayas desde su niñez. Principalmente, se les
orienta a cuidar y a proteger la tierra y la naturaleza a través de una actitud
preventiva llamada RESPETO pues sabemos
que es la Madre Naturaleza quien nos mantiene y nos cuida, y por lo
consiguiente estamos profundamente ligados a ella y a todo lo que le suceda.
REFLEXIONES
Con el paso del supuesto
desarrollo, en donde el ser humano ha invadido y destruido diversidad de lugares
sagrados, nos estamos quedando sin el reencuentro de nuestro propio ser. Además
de la depredación que está acabando con el poco entorno natural que nos queda
porque grandes extensiones de bosques se están destruyendo día a día, ya sea a
través de la tala inmoderada y la quema de bosques.
En un mundo en
el que todo está siendo cada vez más confuso y más oscuro, la misión de cada
uno de los seres humanos que creen en que la práctica tradicional y el respeto
a la Madre Naturaleza debe prevalecer, es ser el reflejo de la luz que el
Creador nos ha confiado a través de nuestro Ch’umilal (la luz de nuestro
destino) para curar, no solo a la Madre Tierra y el cuerpo físico humano sino
también apoyarnos en la trascendencia de nuestro nuevo ser. Nuestro Ser de Luz.
Los Pueblos Originarios no se nos olvida que el lago, el mar; los océanos, los cerros, las montañas, las cuevas, los rincones de los bosques, los ríos... tienen razón de ser, tienen su función y también su protector. Así como los protectores de la naturaleza son los animales; los seres humanos debiéramos ser los protectores de ambos. Con este concepto entendemos que se entrelaza lo espiritual con lo material y se enlaza el pensamiento del pasado con el presente.
Cada territorio habitado tiene su historia y tiene significado en la memoria de cada uno de quienes lo hemos habitado, y porque de esa manera es que se han convertido en la historia oral de nuestros pueblos. Nuestras culturas tienen miles de años conviviendo con los demás seres en esta parte en donde nos permitió Nuestra Madre Tierra establecernos, y se supone que los años hacen viejas y sabias a las civilizaciones.
Una opción clara es que el mundo empiece a escuchar con el corazón a los pueblos originarios y a sus sabios, porque la actual actividad negativa del ser humano está alterando todo. El descontrol de las emociones está generando mayor violencia, miedo, envidia y desconfianza. En este momento, se hace crucial el repensar nuestra conducta inconsciente y depredadora porque no es solo a nosotros los pueblos originarios se nos está dañando porque recordemos que la vida es un todo.
Nosotros hemos mantenido el respeto a la Madre Tierra, conservando así el hábitat en que hemos permanecido. Esa actitud ha sido parte de nuestros distintos valores, conocimientos, prácticas y sobre todo, como una actitud permanente de retribución hacia nuestra Madre Tierra. Pero también, esto nos ha acarreado problemas ya que se incrementan las personas, los grupos, empresas y transnacionales que intentan apropiarse de nuestros territorios y “los Recursos Naturales”, amenazando con ello el equilibrio que hemos mantenido al respetar la naturaleza, que es en beneficio de todos los habitantes del planeta. ¿Cómo será el entorno que le dejaremos a las demás generaciones? Ningún personaje, a pesar de todo lo que posea, no debe ni puede controlar la vida en todas sus manifestaciones. Todo sigue un orden natural.
Que todos los pueblos habitantes de la Madre Tierra, que la comunidad internacional escuche a su corazón de respetar la vida en sus diferentes manifestaciones, porque se nos hace increíble que aun no comprendamos que estamos viviendo en un mismo planeta y que cada uno de los seres somos, -ya sean estos vegetales, minerales, etc-, necesarios para el equilibrio y la armonía del planeta y el universo.
Todos estamos obligados a contrarrestar
las actitudes negativas que perjudican a la Madre Tierra y por lo consiguiente
a nosotros mismos pues estamos atrasándonos para los cambios que nuestros
abuelos Mayas hablaron hace muchos años atrás, del final de ciclo. Todos
tenemos la obligación de trabajar el equilibrio de nuestro interior y
proyectarlo e irradiarlo a nuestro entorno porque esto no sucederá mágicamente.
Los
lugares sagrados son necesarios para salvaguardar el equilibrio de todos los
seres, y las distintas explotaciones mineras que se hacen a los cerros están
clausurando este proceso, y solo dejan desolación. Y los seres humanos quedamos
desconectados del universo.
Iximche’ Tecpán Guatemala, Abril de 2013
[1] Ab’ya Yala:
Término del Pueblo Kuna del actual Panamá que hace referencia al continente
americano.
[1] Ab’ya Yala:
Término del Pueblo Kuna del actual Panamá que hace referencia al continente
americano.

















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