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jueves, 23 de abril de 2020

CENTRO ENERGÉTICO "WUQU' IQ'"


WUQU’ IQ’, CERRANDO CICLOS
Lajuj kan, jueves 19 de marzo de 2020

La Argentina la llaman. Pero yo prefiero decirle Wuqu’ Iq’.

 “Subí a la montañita, la loma por donde está el Wuqu’ Iq, estando de goma de tres días seguidos. Y como ya no tenía nada de dinero para calmar el malestar, se me ocurrió subir a traer leña ya casi entrada la noche. Cuando llegué al lugar, me alegré mucho porque había mucha leña ya hecha como para llevar una buena parte, pero me dio por pensar que estaría el dueño por ahí. Así que decidí regresar al otro día, muy temprano.

Casi no pude dormir. O no dormí. Pero me levanté de madrugada, como las cuatro de la mañana y subí al lugar. Estaba la luna llena. Todo en silencio. Uno que otro pájaro intentaba ya desperezarse, mientras yo iba buscando la leña que recordaba, estaba hecha una pequeña montaña. Iba pensando en lo que iba a hacer ese día con el dinero que iba a ganar por la venta. Ya no había que hacer el esfuerzo de siempre, el de cortar y rajar. Llevaba mi mecapal, mis dos lazos, mi machete y un mi octavo de trago para aguantar las penas del esfuerzo. Y ¡cabal!, ahí estaba la leña en donde la había visto el día anterior. Rápidamente acomodé los lazos y empecé a jatearlas para hacer una buena carga, pensé. Pero justo cuando tomé los primeros leños, un escalofrío me paralizó. Sentí los brazos pesados y no podía mover mis dedos. Una gota de sudor estaba recorriendo mi frente hasta la punta de mi nariz. Intenté una y otra vez al menos mover la cabeza y al fin lo logré. Y como pude volteé a ver a mi izquierda, justo al pie de la otra montaña estaba un ser que, si hubiera podido, habría gritado con todas mis fuerzas, pero no me salía la voz. Era una forma que se deslizaba como una serpiente y que rígida, me estaba viendo, tenía los ojos rojos como brazas, mostraba sus brazos amenazantes, creo que con la intención de castigarme. 

Y ahí venía, así como como camina una culebra, pero que con sus brazos que estaban alrededor de su cabeza y por la manera que los movía; producía un ruido que parecía el roce de machetes, y sus gemidos y gritos que hacían sentir miedo. Y ahí venía. Cada vez más cerca. Y yo todavía de cruda. Hice un gran esfuerzo de vida o muerte. Saqué mi octavo, lo destapé y dije: la mitad para la tierra y la mitad para mí y lo que dios decida. Y ya con el trago en la panza me sentí valiente y agarré mi machete, listo para defenderme. Y ahí venía aquella cosa. Estaba como a unos dos metros ya. Me levanté entonces y antes de que me ganara y se llevara mi alma, cerré los ojos y empecé a machetearla una y otra vez. Sólo sentía que el filo de mi machete cortaba uno y otro brazo hasta que esa cosa ya no hizo nada de ruido. No me ganó, ahí estaba entero.

Y al fin me animé a abrir los ojos. Ahí estaba aquella cosa, tirada, toda macheteada. Esa era la razón; eran las hojas alargadas, en forma de espadas y el tronco, como la forma de una serpiente que en ese momento yacía tirada, macheteada. A lo lejos, y en un punto despejado; se veía el espacio del Wuqu’ Iq’.

Lo que uno les hace a los pobres izotes cuando la debilidad de la mente le hace ver cosas a uno”.               

“Es irónica la vida. En algún momento crees que todo va a ser permanente; los años, los pensamientos, las palabras, las actitudes, los amigos, los lugares, etc., y no.

Cuando conocí el Wuqu’ Iq’ mi pensamiento permanecía en la práctica religiosa cristiano-protestante. Aunque en realidad ya no era un miembro activo porque en esos años estaba consumiendo mota todos los días, esperando con eso que en una de tantas pudiera alcanzar el bienestar que mi espíritu necesitaba. Pero pasaron diez años de mi vida y de eso nada. Por eso, al ver que, en la lomita, justo frente a un imponente pino había varias piedras como dándole forma a un espacio para adorar a quien sabe qué, y un espacio en el que se prendía fuego, o hacían brujería, decían; mi indignación fue mucha que lo único que pude hacer fue tomar las piedras y tirarlas por todas partes para borrar por completo uno de tantos lugares en donde se practicaba la “maldad”, le decía al amigo que me acompañaba en ese momento. 

Y pasaron los años, y con las ideas adquiridas, puedo entender ahora lo que sintió quien había construido el altar ya que en una de tantas ocasiones que subí fui a visitar el lugar yo solo, años después; al ver las piedras esparcidas por todos lados, me sentí triste porque ahora sé que a esos lugares se les pone piedras porque tienen su propia energía y también sirve de referencia al trabajo de introspección que se hace, ya sea para uno mismo o para otras personas. Por eso, recordando que yo alguna vez tiré las piedras, me dije a mi mismo que me tocaba recogerlas para volver a tener la referencia (a juntar la fuerza, dicen) que de manera tradicional han ido dejando cada uno de los visitantes. 

Pero pensaba en lo poco tolerantes que podemos ser los seres humanos cuando no tenemos abierta la mente ni el corazón para la diversidad del ser humano que somos. Estamos todos en esta dinámica de la vida en donde ni uno ni otro está sano y salvo en su zona cómoda espiritual. El compromiso personal del momento es asumir el propio ser de quien tiene una misión, un aporte que servirá a la colectividad.                        

“El Wuqu’ Iq’ es un lugar que fue frecuentado y adecuado constantemente por don Mateo Ajtzalán a finales de los años 90’s. (En ese tiempo es que arrojé las piedras a todos lados para deshacer el lugar). Todavía pude ver a don Mateo cuando tendría unos 80 años, en la puerta de su casa. O una vez en su cocina, cuando se estaba calentando las rodillas después de desayunar. Ahí estaba con el pantalón levantado, frete al fuego rodeado por tres piedras. Sabía que él era quien subía a hacer sus trabajos a la montañita pues le quedaba cerca, pero hasta ese día lo vi. Lo saludé, pero no me contestó. Creo que no me oyó. Tampoco supe cuando nos dejó porque en ese período yo andaba "volando" todos los días.    

Después de momentos de cambios radicales en mi vida, como el que ya andaba en la práctica tradicional, subimos con don Valentín y don Carlos al Wuqu’ Iq’ a poner una ofrenda, como lo hacíamos regularmente.  Pero ese día llevamos cemento y arena, tres cruces pequeñas de madera y la intención de dejar bonito el lugar. Nos dimos todo el tiempo pues arreglamos las piedras, les pusimos una base de concreto, también a las cruces les pusimos concreto en sus bases la verdad es que quedó muy bien. Después muy contentos los maestros hicieron el fuego ceremonial y ya nos regresamos. Como a las dos semanas regresamos al lugar y la sorpresa fue que las cruces estaban macheteadas, casi desaparecidas y las piedras las forzaron hasta levantarlas. Y otra vez esparcidas. De nuevo el lugar fue destruido.

“Ri loq’oläj San Lorenzo, decía don Valentín, -refiriéndose al lugar como, el lugar del guardián del viento-, siempre le pasa eso. Así como vemos al viento, se golpea en las rocas, se pega contra las paredes, se estrella en la profundidad de los barrancos, se aporrea contra los objetos metálicos, choca contra los árboles, se hiere y sangra con los alambrados de los terrenos... Por eso nuestros ancestros, con tal de que no olvidáramos nuestra costumbre -decía- viendo la cualidad de los santos de la iglesia católica los usaron para reflejar algún día-energía en específico. Por eso san Lorenzo Mártir es la energía Iq’ que anda golpeado y herido todo el tiempo”.

Y así hay una larga lista de anécdotas del Wuqu’ Iq’, como que ahí hice las paces con el licor y ya nuestra relación es más relajada qué antes.

O las visitas que hacíamos cuando nos acompañábamos en nuestras ceremonias personales o ayudando a algún amigo o persona que necesitaba un empujoncito para su crecimiento personal. Y avanzábamos un poco más en el camino de la vida.

Cada vez que subíamos a aquel cerro era para pasar a otro ciclo personal. 
     
Una de las celebraciones más importantes en el calendario maya es el Waqxaqi’ B’atz. Pues una de ellas fue celebrada en el Wuqu’ Iq’ a mediados de los 90’s. Los amigos de la Marimba Kikotem Juyu’ Taq’aj eran nuestros músicos oficiales de cualquier evento ceremonial y nos acompañaron a ese lugar. Así que con el grupo de jóvenes que nos habíamos organizado en esa época, acordamos celebrarlo en ese lugar. 

Esa vez usamos pirotecnia porque estábamos alegres estar celebrando ahí. El terreno era de particulares y amigos, y sabían de nuestra celebración, y era un gusto para ellos pues sabían el tipo de celebración que significa el buscar un cerro, su cerro. Y nosotros la pasamos más que bien toda una noche en el cerrito del Wuqu' Iq'. Nuestras ofrendas al fuego y a los ancestros a quienes recordábamos y honrábamos en ese espacio justo en la cima, protegidos por los arboles del pequeño bosque.






Al igual que aquel vórtice energético que era constantemente desmantelado, la montañita fue destruida hasta que solo quedaron algunos troncos de encino. Ya en esa época en toda la superficie se alcanzaba a ver milpa sembrada. Pero no duró tanto porque cuando sucedió lo del Stan y después el Ágata, las dos tormentas tropicales, hubo deslaves por ese sector y el propietario fue obligado a reforestar, y entonces los arboles empezaron a mostrar un bosque joven de pinos y cipreses. Fue en esa época que se hizo ahí parte del documental El Sagrado Fuego Maya, entre el sembradillo de milpa y los árboles en pleno crecimiento. En este blog está el Link del documental mencionado.
     
Hace más de dos años se me ocurrió limpiar el espacio que ya estaba muy abandonado porque la gente había utilizado el cerrito para la siembra de maíz, aprovechando los espacios justo por debajo de los árboles desramados. Pero algo les dijo que el Wuqu’ Iq’ es un lugar fuera de lo cotidiano y no convenía tocarlo y entonces dejaron solo el espacito ceremonial sin cultivar. Pero solo había quedado vestigios de un altar y del espacio de fuegos ceremoniales. Por eso es que con un compañero de practica ancestral entonces, nos dedicamos a aplanarlo de nuevo hasta dejar un buen espacio, el cual significó recuperar un espacio vital para el bienestar de los practicantes y visitantes del lugar. 

Y entonces nos sentimos bien, alegres y satisfechos. Era como haber recuperado nuestra casa. Era como haberla reconstruido, pero después complementamos nuestra ofrenda con el material ceremonial que llevábamos y platicábamos de la vida cambiante mientras hablábamos con el espíritu de nuestros ancestros.              

Como que mi vida estuvo girando alrededor de dicho espacio porque subía constantemente. Y esas visitas le dieron un reencauce porque cada una fue de introspección, de catarsis y sanación. Hasta el punto que todo mi ser era visitado por el “equipo de limpieza” del centro energético.

Recién subimos con otro compañero más a ofrendar al Wuqu’ Iq’, comentando la historia del despojo de tierras a las comunidades indígenas de los alrededores de esta ciudad, a través de la iglesia católica y luego durante el gobierno de Justo Rufino Barrios, y que a través de sus políticas liberales aparecieron en ese entonces mestizos con grandes extensiones de terrenos a las que le llamaron fincas. También de cómo iba cambiando el paisaje y las montañas cercanas con todas las construcciones hechas por gente pobre que a duras penas había conseguido un lugar donde vivir. Me imaginaba, le decía al compañero que, en un futuro cercano, toda la montañita donde está el Wuqu’ Iq’ habría muchas casas. Y después, en el momento en que saludábamos a los abuelos guardianes intangibles del lugar, le preguntaba a mi acompañante si se animaba a adquirir el espacio en donde estábamos en ese momento, que podía decirles a los guardianes que le facilitaran esa intención, porque era seguro que todo el lugar sería vendido.

Justo platicando de eso estábamos cuando llegaron dos hombres; un muchacho y un señor ya entrado en años. Nos saludaron y empezaron a hacer su trabajo en el entorno de donde estábamos. Luego el muchacho llegó para preguntarnos si teníamos permiso para estar en el lugar, a lo que le contestamos que no hacía falta porque conocíamos al propietario. Pero él nos contó que el antiguo dueño ya había vendido el terreno a alguien más. Se fue a acompañar al otro señor que su tarea es el de “buscador de agua” (técnica de radiestesia).

Vimos cuando sacó sus herramientas de trabajo -dos barrillas de cobre- que le sirvieron para encontrar agua subterránea en varios puntos alrededor del lugar, al mismo tiempo en que nosotros estábamos fumando un tabaco y saludábamos a los abuelos. Le pedimos después al buscador de agua que usara su instrumento justo en donde generalmente se colocan los materiales para los fuegos ceremoniales y tal como lo pensamos; ahí justamente hay un brote grande de agua a diez metros de profundidad.

Luego, cuando colocábamos nuestro material ceremonial, el muchacho me pasó su celular para hablarle al nuevo propietario del lugar quien simplemente, a pesar de hablarle amablemente y querer contextualizarlo (de la connotación que tiene el centro energético y como fluir con él); nos dijo que el lugar es privado y que había que desalojar. Le pedí que por lo menos nos dejara finalizar nuestra ofrenda pues ya estaba colocada, pero nos dijo que no, que saliéramos inmediatamente de ahí.

Todavía dejé algunas candelas y nos despedimos del centro energético. Cerrando el ciclo de mi vida ahí. Agradeciendo por todo lo recibido. Y recordando las fiestas, las alegrías, las conversaciones, las personas con quienes estuve ahí. 

Hay una buena parte de mi vida impregnada por el Wuqu' Iq', y en ese lugar dejé parte de mis bloqueos. Y supongo que muchas personas dejaron lo suyo también.

Y mientras bajábamos de la loma, pensaba que lo único bueno que pasó en ese momento es que el lugar sería de un solo dueño pues su idea es construir su casa justo en el lugar en donde ha estado el Wuqu’ Iq’.

Y así se van perdiendo, cerrando, desapareciendo los lugares que nuestros ancestros practicantes del conocimiento maya han sentido y habilitado para sus descendientes. 

Y luego pasa el tiempo y la energía del lugar va reacomodando todo a su alrededor. Porque así es nuestra Madre Tierra, siempre cuidándonos.       

Kajkan Felipe Mejia
Chuwa Nimajay, 23-4-20

lunes, 13 de abril de 2020

Quinto Sol



RAXNAQIL: Los cuatro ciclos del ser winaq.