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lunes, 10 de noviembre de 2014

ADICCIÓN ELECTRÓNICA: LA NOMOFOBIA

ADICCIÓN ELECTRÓNICA: LA NOMOFOBIA

Se dice que los miedos (fobias) son expresiones de nuestros conflictos internos, de nuestras inseguridades, de nuestras angustias. Y con el desarrollo de las tecnologías, han nacido nuevas que se relacionan directamente con la innovación de los dispositivos electrónicos.

El teléfono móvil fue una manera de acercar la comunicación que recibíamos en casa, pero actualmente el celular se ha convertido en la herramienta de comunicación que la mayoría de las personas utilizan, porque nos conecta al mundo a través del internet. Pero también nos ha generado otro tipo de dependencia.

Cuando el celular se queda sin carga, y nos invade una sensación de ansiedad que nos obliga a enchufar lo más pronto posible el teléfono móvil a la corriente, estamos ante un caso de Nomofobia. Si la desesperación se apodera de nuestro ser al haber olvidado el celular y pensamos que en el transcurso de ese tiempo han podido contactarnos, estamos hablando de esta novedosa enfermedad, hasta ahora no declarada.

La Nomofobia es el miedo irracional a salir de casa sin el celular. El término, es una abreviatura de la expresión inglesa "no-mobile-phonephobia", acuñado durante un estudio realizado por la Oficina de Correos del Reino Unido.

La Nomofobia, es la nueva obsesión que ataca a los jóvenes del mundo

A pesar de contar con las vías ordinarias de comunicación, como la de persona a persona, el nomofóbico enloquece cuando no tienen la posibilidad de contactar con las personas en cualquier momento allí donde se encuentren.

Según las estadísticas, los usuarios de smartphones consultan sus teléfonos de 34 veces al día y son los jóvenes entre 18 y 24 años son los más propensos. En segundo lugar se encuentran las personas entre los 25 y 34 años.

No tener disponible el celular en todo momento y lugar hace que muchos tengan la actitud parecida al de una persona que les teme a las ratas, a los sapos, a las culebras o a las arañas. No poderlo apagar nunca (ni siquiera en los sitios donde su uso está prohibido, como bancos y aviones) o tenerlo sin señal o sin saldo, hace que las personas suden, se desesperen y hasta dejen de dormir.

El internet estimula el anonimato y la desinhibición pero frustra a establecer verdaderas relaciones sociales.El usuario normal puede llegar a experimentar gran fascinación cuando se conecta a Internet y comienza una sesión de chats, el envío de imágenes de sus actividades, de navegación, o hace uso de otros servicios, y se desconecta por completo de su entorno, de su escuela, lugar de trabajo, su familia, sus amigos, etc.

Según los expertos, el nomofóbico suele ser una persona insegura y de baja autoestima. Las mujeres son quienes más la padecen, dado que su propensión les procura una mayor necesidad comunicativa y necesidad afectiva que a los varones. En cuanto a la edad, la nomofobia suele darse en mayor medida en adolescentes.

La nomofobia se convierte en un círculo vicioso de no acabar cuando la vida virtual absorbe tanto la vida real que almorzar en familia, ir a la playa, ver televisión o simplemente conversar en una esquina con un amigo es un plan totalmente impensable para ellos. Todo se establece en Internet, y el celular es, en la mayoría de los casos, su único y gran aliado. 

Muchos ejecutivos también la padecen porque va de la mano con la adicción al trabajo. No pueden almorzar, dormir o disfrutar de un fin de semana sin estar pendiente de los últimos acontecimientos que ocurren en el trabajo, y desde sus celulares planean, ejecutan, ordenan y trabajan sin parar. Todo debe tener un límite. El justo descanso y la recreación son necesarios.

Para muchas personas, hombres, mujeres, adultos y jóvenes en general, su teléfono celular es como otro miembro más de su cuerpo. Han creado una dependencia tan importante en sus vidas que el solo hecho de imaginar su pérdida o la ausencia de su compañía los hace sentir mal. Su estado de ánimo cambia si tienen que quedarse algunos minutos sin el celular a su disposición. Deben tenerlo cerca como el amigo fiel. A donde quiera que vaya, a la hora del almuerzo, de la reunión religiosa, del baile, en el trabajo, en la siesta, en el gimnasio, en el cine, etc.  Apagarlo por unas horas es una decisión que no está en discusión. El celular está ahí, y punto. Es parte de su autoestima, de su seguridad como ser humano, de su productividad como trabajador, de su reconocimiento como ser social. Desprenderse de él es tan difícil como el adicto a las drogas o al alcohol.

El celular se ha convertido en una herramienta más para generar dependencia cuando existe inseguridad personal, factor común dela nomofobia. Es un problema de autoestima y de relación. La idea de perfeccionismo es otra de las razones por las que aparecen estos casos, ya que en estas personas existe una necesidad de hacerlo todo sin ningún fallo.
“Mi vida circula alrededor de satisfacer al otro, así que, si me llaman y no tengo la posibilidad de estar conectado, me siento solo. Aparece el miedo a decepcionar a los demás”, “Si estamos esperando una llamada y no contestamos, sentimos que estamos fallando y el miedo se apodera de nosotros” afirma Antonio de Dios, estudioso del nuevo padecimiento.

Al producirse una esclavitud absoluta al celular, la adicción a veces es incontrolable. No pueden apagarlo por las noches y que, por tanto, se ven interrumpidos durante sus horas de sueño. La consecuencia, el insomnio.

Una actitud inconsciente (o consciente) de los nomofóbicos es que tienen el celular entre sus manos, después de un rato sin utilizarlo, y consultarlo inmediatamente.

“Es como el que tiene adicción al tabaco, que lo pasa mal cuando se le acaban los cigarrillos y que, en cuanto tienen la posibilidad de fumar, lo primero que hacen es encenderse uno”

Si bien, el uso del celular está permitido en casi todos los lugares donde permanecemos, no quiere decir que su uso indiscriminado no sea molesto para los demás y dañino para nosotros mismos. Aunque al principio parezca difícil, se deben establecer algunas normas para nuestro beneficio:
  • En las noches, apagar el celular o ponerlo en silencio en un lugar apartado de la habitación. El descanso lo necesita todo nuestro ser.
  • Evitar hacer y recibir llamadas después de las 10 de la noche.  Los familiares y amigos deben saber que solo recibiremos llamadas en caso de emergencia.
  • No debemos chatear ni hablar por el celular mientras se almuerza, se cena o se platica con alguien. Es irrespetuoso con quien se está y no deja concentrarnos en lo que estamos haciendo.
  • No se chatea ni se habla por el celular mientras se conduce. Es peligroso para todos.
  • Apagar el celular en los sitios donde está restringido o prohibido su uso. 
  • Los fines de semana, disponer algunas horas para desintoxicarnos del uso del celular. Apagarlo por un tiempo y responder después las llamadas o mensajes.
  • En las oficinas, salones de clase y recintos cerrados, procurar que las llamadas sean breves. Hablar en un tono moderado, y si la llamada se extiende, hay que dirigirse a algún lugar abierto donde no pueda interrumpirse a los demás.
  • Educar los hijos sobre el uso respetuoso del celular. No permitir usarlos mientras se comparte en familia, y si hay uso obsesivo en ellos, buscar algunaos correctivos. 


Finalmente, el uso moderado del celular ayuda a la economía de la familia.



Kajkan Felipe Mejia Sepet, Noviembre 2014

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