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sábado, 4 de septiembre de 2010

CAMBIO DE MENTALIDAD


Kajkan Felipe Mejia
Maya Kaqchikel

La desaparición de pertenencia cultural genera en los individuos la perdida de las posibilidades de saber "quien es" y fundamentalmente "hacia donde va".

En cada una de las culturas se concibe un tipo de espiritualidad, se concibe el espacio intangible de diferente manera.

Una de estas concepciones es la que se tiene desde la cosmovisión maya, en donde el ser humano se vivencia a sí misma como una “parte de la naturaleza, del universo, de un todo”. En donde no existen barreras entre los seres humanos, la naturaleza y el universo. En donde el humano no es un ser aparte, ni está por encima de la naturaleza porque es parte de ella.

En eso se diferencia de otros pensamientos en donde se establecen jerarquías, en donde se considera a los seres humanos “superiores” y por encima de la naturaleza o “distintos” de la naturaleza y sujetas al ser humano, predisponiendo de esa manera a crear una barrera mental de distinción, de prejuicios entre los humanos y la naturaleza, en donde se cree en “un principio máximo o supremo” el cual gobierna todos los fenómenos y a todos los seres, en donde se interpreta todo de manera sistemática e ideológicamente.

El pensamiento maya ha vivido en la práctica por milenios de que cada fenómeno tiene sus propios principios y aceptarlos tal como se manifiestan es parte del “ubicarse cada uno en su espacio”. Que al verlos a través de la lógica de seres humanos se le pierde el respeto a cada uno de esos fenómenos. Que entre los extremos, existe variedad de estados de ánimo y actitudes por cada uno de los seres, y que influyen también en el comportamiento de los demás. Hay Luz en la oscuridad, pero también existe oscuridad dentro de la luz.


Otros creen en un ser supremo absoluto y valores subordinados al mismo, pero ese pensamiento ha generando el fundamentalismo. La concepción maya es flexible porque permite un amplio rango de valores y muestra tolerancia hacia lo que la otra concepción considera “malo”, porque todo lo creado tiene su razón de ser y no puede explicarse desde nuestra lógica.


De la semilla, para brotar la planta, necesariamente tiene que morir para que surja una nueva vida. De la noche oscura nace el día. Del dolor surge la trascendencia.

Es importante resaltar entonces que la cultura, el contexto social e histórico tienen que ver con la cosmovisión de un grupo determinado de seres humanos.


La dualidad, uno de los componentes del pensamiento maya, manifiesta que la existencia de los extremos hace la unidad. De lo finito y lo infinito, de la tierra y el cielo, de la luz y la oscuridad, del calor y del frío, lo alto y lo bajo, lo visible y lo invisible, lo espiritual y lo físico, la calma y el movimiento, etc. En todas estas manifestaciones existe energía, la que al paso del tiempo se va transformando en otro elemento indispensable para la vida en toda su manifestación. Así como sucede con el paso de la muerte a la otra vida, cada una de las manifestaciones se complementa a través del camino de los días, en el paso del tiempo. Ruk’u’x Kaj - Ruk’u’x Ulew; la esencia del cielo y de la tierra; la manifestación tangible e intangible (física y espiritual) de los elementos naturales se hacen uno en el “todo”, porque todo tiene su manifestación física y espiritual y se complementan entre sí. Esto se refleja en la gran red de energía que viene y va por todo el universo.

Es evidente que en nuestro microcosmos individual, familiar y comunitario se hace necesario el equilibrio y la armonía para que la energía fluya, pero no se pueden mantener mientras pensemos que la humanidad es dueña de la naturaleza.


En el contexto de los discursos ceremoniales de los ajq’ija’ se puede escuchar la práctica del equilibrio y la armonía a través de la invocación de energías, fuerzas, guardianes cerros, barrancos y planicies, además de otros elementos en donde evocan el espacio de la dualidad:


Tz’aqol – B’itol: Constructor - Forjador

Jun Ajpu’ Wuch’ – Jun Ajpu’ Utiw: Cuidador - Guardián

Tepew – Q’uq’umatz: Grandeza del Cielo – Grandeza de la tierra.

Ruk’u’x Choy – Uk’u’x Palow: Esencia de las lagunas – Esencia de los mares.

Qati’t – Qamam: Abuelas - Abuelos.

Ch’ip Kaqulja’ – Rax Kaqulja’: Pequeño Rayo - Rayo Verde.

Rajawal juyu’ – Rajawal Taq’aj: Guardián de cerros - Guardián de planicies.

Ajraxa Laq – Ajraxa Tzel: Ofrenda en bandeja Verde - Ofrenda en Bandeja Redonda

Ixpiyakok – Ixmukane’: Abuelo del día - Abuela de la Noche.

Jun Ajpu’ Wuch’- Jun Ajpu’ Utiw: Guardián del Amanecer - Guardián del anochecer

Qatat q’ij – Qati’t Säq: Abuelo del sol - Abuela de la luz


De ese mismo aspecto surge entonces la dualidad de
mujer – hombre. De la energía para producir luz, para producir vida. No pueden uno ni otro estar es solo si el motivo es generar vida, tampoco puede positivo con positivo, o negativo con negativo generar luz, creación. En la sabiduría maya todo va enlazado. Todo se complementa; dos abuelas, dos abuelos, madre y padre, tierra y semilla para el nuevo ser.


En el Pop Wuj se mencionan otros personajes que reflejan la dualidad:

Jun Kame – Wuqub’ Kame,

Xulu’ – Pakam,

Jun Junajpu’ – Wuqub’ Junajpu’,

Jun B’atz’ – Jun Chwen,

Jun Ajpu’ – Ixb’alamke’.


De acuerdo al principio de dualidad entonces es que en los distintos calendarios maya se definen períodos positivos y negativos, altos y bajos; los que son previstos a través de cálculos matemáticos combinados con los días. Sobre todo con la actitud de observación y quietud, los ancestros maya han sistematizado sus experiencias a lo largo de la historia y nos la han transmitido de distintas maneras, con la intención de encausar y reencauzar nuestra energía para el beneficio de todos. A fin de cuentas; todos estamos en mismo espacio tiempo en el cual nuestro objetivo común debiera ser una vida mejor.


En el ambiente energético, el espíritu y la materia son dos mundos que se complementan y están en constante comunicación. El reto de cada ser humano es la búsqueda constante de los puntos en contacto entre ambos para mantener el equilibrio, necesarios para la armonía del interior del ser humano y su entorno.


El principio de la dualidad mujer–hombre es lo que puede reforzar la unidad familiar en una sociedad como la maya que esta basada en el consenso, en la solidaridad y en los pactos que tienen la finalidad del bien común, el equilibrio, la responsabilidad y la armonía familiar y comunitaria.


Esta manera de concebir la vida ha ayudado a comprender el comportamiento de la naturaleza, el comportamiento de los cuatro elementos básicos de la vida, el cual es reflejado en los cuatros puntos cardinales al momento de las ceremonias, y Ruk’u’x Kaj, Ruk’u’x Ulew, la fuerza que hace posible la armonización de estos cuatro elementos. El Gran Espíritu que nos lleva a cada uno de los seres hacia el centro de si mismo y luego nos remite armonizados a integrar el espacio que nos corresponde en el universo de colores, formas, sonidos, ritmos, dimensiones, sentimientos.


De esa manera entonces, al creer plenamente cual es nuestros rol de seres humanos, también asumimos que se puede vivir sin dañar, sin contaminar a la madre naturaleza, que es posible levantar altos edificios y construir ciudades concibiéndose a sí mismos como parte de la naturaleza y no como enemigo de ella, que la actitud es la integración de distintas disciplinas científicas para un solo fin; la armonización del todo.


La sobrevivencia y el desarrollo de cada ser humano dependen de la vida de otras más y de los seres que son y forman parte de la naturaleza. Ninguna persona sobrevive aislada de las demás, esto mismo sucede en todas las comunidades y el mundo en general. La persona es la integridad del “todo”; cada quien es parte importante del conjunto de la sociedad, de la naturaleza, del universo, porque cohabitamos en el mismo mundo, en el mismo espacio-tiempo. El equilibrio y la armonía personal es deber de cada uno de los seres humanos, cultivarlos para generar la complementariedad en donde nadie es mejor ni peor.


Somos diferentes por el color de nuestra piel, el lenguaje, nuestra espiritualidad, ocupaciones, gustos, pensamiento; pero como seres humanos compartimos y participamos de los elementos de la naturaleza y de la Suprema Energía que los maya llamamos Tepew Q’uq’umatz. Sobre todo porque todos poblamos un espacio definido de la Madre Naturaleza.

El equilibrio debe prevalecer en el orden natural, social y cósmico para que los ciclos del tiempo no sean catastróficos, sino todo lo contrario; en donde todos mantengamos el respeto al espacio de cada uno de los seres, en convivencia armoniosa.


Ya estando al final de ciclo del treceavo b’aqtun, ya es obsoleto el esquema de patriarcado que ha homogeneizado y reprimido. Es necesaria la instalación de bases de pensamiento colectivo que refleje la unidad, en donde se planeen metas y se generen sentimientos de enlace a un espacio territorial en donde la diversidad cultural, en donde que mujer y hombre puedan transformar la estructura tradicional.


Es urgente el cambio de actitud que nos ayude a sanar siglos de dolor y egoísmo que se ha reflejado en Nuestra Madre Tierra.


Chi Iximche’, chuwa Waqxaqi’ Kawoq,

Septiembre de 2010

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