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sábado, 16 de abril de 2016

CEREMONIA EN EL OXLAJUJ KEJ

FUEGO CEREMONIAL EN EL OXLAJUJ KEJ



    El oxlajuj Kej (Trece Venados) es un Lugar Ceremonial que ha sido visitado ancestralmente. En el memorial de Tecpán Atitlán se menciona ese lugar como uno de los puntos referentes que delimitan el territorio kaqchikel. Antiguamente el lugar era frecuentado por los cazadores pues antes de entrar al bosque y cazar, pedían permiso, y de regreso, dejaban la cabeza de alguno de los animales cazados en la cueva que se encuentra detrás de la imagen de piedra. Todavía se puede encontrar restos de osamentas en dicho lugar. 

En el día Jun Kame surgió el deseo de subir al cerro, a visitar al abuelo del 13 kej. Ya tenía la mayor parte de mis materiales ceremoniales a usar y ya solo pasé por algunas candelitas. Pero además tenía la intención de retocar las figuras que había hecho hace algunos años en ese sitio, por eso llevaba también mis pinturas.

El transporte que me tocó ese día fue más conveniente pues me llevó hasta el pie del cerro,mientras platicábamos con el conductor que resultó ser partícipe de la cosmovisión maya.

Iniciando la caminata, al lado izquierdo y frente a un árbol de encino está la primera parada del camino. Es una piedra que al ponerle atención se le ve la forma de una cabeza con rostro. El primer secretario, le dicen los ancianos ajq’ija’ que saben de esto. Se le saluda y se le cuenta que se va hacia el lugar ceremonial a poner una ofrenda. Sobre todo, pidiéndole permiso para que iniciando el camino, -que es algo empinado-, se convierta en medicina para el corazón y para lucidez. Y que cada uno de esos pasos hacia esa puerta dimensional sea de bienestar. El estado de ánimo es muy importante cuando se va a esos espacios energéticos, porque es un lugar amplificador.

Todos los lugares sagrados tienen sus puertas de entrada y salida a las que se les debe poner mucha atención pues si se ingresa por el lado no habilitado por el fluir de la energía, por los guardianes de la naturaleza, se pude incurrir en una falta, en una actitud de irrespeto que puede tomarse como una intromisión, que genera un período de desajuste en la vida por un tiempo determinado. Por eso los ancianos recomiendan poner mucha atención y cuidado al entorno mientras se va caminando hacia esos espacios ceremoniales.

Cuando se va con la idea de conseguir cambios personales, pensando en el siguiente salto cuántico que corresponde en la vida, todo va siendo información a lo largo del caminar. Son señales, dicen. Y cada una de esas imágenes y sensaciones van dando forma, posición y disposición al cuerpo energético que se hará uno con ese centro de poder. El silencio y la atención es lo más recomendable en ese momento de búsqueda.

Fueron dos momentos en que descansé a lo largo del camino hacia el centro ceremonial pues estaba haciendo un enorme esfuerzo para llegar, y el corazón estaba esforzándose también a dar lo suyo, pero no quería detenerme pues mi emoción era mucha y lo único que deseaba era llegar lo más pronto posible. Sentía que había algo, alguien, esperándome.

Recorriendo el camino hacia el Oxlajuj Kej entonces,recogí el ala rota de una libélula que estaba más grande de lo que normalmente he visto. Se me cruzó la idea de que era de un ser volador de forma humana, de un hada del bosque. Pero era un regalo. Lo interpreté como el vuelo, el impulso que me correspondía esa visita. Momentos de cierre y apertura, final y comienzo, la espiral. Y desde ese momento empezaron los mensajes al ir subiendo hacia el lugar ceremonial. Los guardabarrancos, el viento, los árboles, las ardillas, los armadillos, los insectos. 

Por fin llegué a donde había hecho la primera pintura del glifo del nawal q’anil en una de las piedras que forman la puerta de entrada. El mero secretario, dicen. Es como el referente de haber llegado a un espacio que genera un estado de ánimo distinto, un espacio sagrado puede decirse, pues al solo pasar, ya se puede contemplar la enorme piedra que tiene distintas formas, dependiendo del lado por el que se ve, pero define una zona distinta en un determinado espacio del bosque.

Me detuve por varios minutos ante el “secretario” y retoqué la imagen del q’anil, recoloreándolo, dándole el toque artístico al espacio.

Al principio había ansiedad mientras estaba pintando porque mi mayor deseo era realizar mi fuego, mi ritual. Pero había que estar, y bien, en donde estaba en ese momento. Así que me relajé y eso me ayudó a fluir la combinación de colores y formas.Además era parte de todo el ritual y un aporte para el lugar en donde la gente descansa un rato, llevando leña hacia el pueblo.

Al asumir que todo espacio tiene su momento, disfruté finalmente,pues me dediqué completamente a lo que había que estar con el nawal q’anil. Enseguida caminé hacia el lugar sagrado e iba emocionado, porque siempre los abuelos de ahí me reciben con alegría. Eso he sentido siempre que he llegado a visitarlos. Todas las veces me han compartido hermosas experiencias. Por otro lado, también ya se había hecho conexión anticipadamente con el día jun kame para mover energía y había que cumplir. Por eso, al solo entrar al espacio, saludar y descansar por un momento,llegó el viento a saludar, moviendo las hojas en un pequeño remolino. Fue como la sensación de que estaban limpiando el espacio porque iba a haber una fiesta. Por eso hice mi parte, amontonar a un lado las hojas secas para habilitar el espacio del fuego ceremonial. Coloqué el material,  fumé un tabaco a manera de saludo, y para abrir mi cuerpo energético también, preparándome para lo que iba a acontecer en ese momento pues a eso había llegado, para salir por un momento de la cotidianidad y explorar otras dimensiones. Y al poner algo de música, llegaron algunos pájaros a acompañar aquel espacio-momento con su canto, al mismo tiempo que prendía el fuego ceremonial.

Cada espacio ceremonial tiene una dinámica distinta de interacción. En el 13 kej la energía surge del interior de las piedras, las que emiten distintos sonidos, voces, conversaciones imágenes y toman forma distintos seres, como los duendes.

El ser humano que desarrolla su percepción se entrelaza de distinta manera a esos espacios y tiene su propia experiencia. Los centros ceremoniales son amplificadores de nuestras expectativas, de nuestros estados mentales y energéticos.

Cuando ya se ha abierto el espacio energético a través del fuego ceremonial, éste se vuelve puerta dimensional. Es nuestro tiempo de seres humanos de enfocar nuestra intención aunada a nuestra energía para conectarnos con el “todo”. Es posible desde las prioridades que tenemos como seres humanos, o sentir cómo fluye la fuerza desde el interior del círculo de fuego y dejarse llevar. Cada uno fluye según su trabajo personal y sus necesidades. El Oxlajujkej da por danzar, por emitir sonidos de instrumentos y al canto. 

Estaba contemplando el fuego, platicándoles a los abuelos, sobre todo al nawal del lugar y del día de lo agradecido de estar de nuevo con ellos. Que mi alegría era muy grande de haber encontrado ésta manera tan particular de sentirnos parte de algo más grande, de algo que está en nuestra cotidianidad, que consciente o inconscientemente percibimos, pero que nos hace sentir la vida de una manera muy particular, muy especial.

Pensando en eso estaba cuando la imagen del ojo me llamó. De mi interior surgía una voz que me decía que era el momento de usar los colores ahí. Por eso, le pedí permiso al guardián del lugar y tomé el pincel. Y todo fue fluyendo mientras seguía platicando con el vigilante del cerro. Sentí que dentro de mí estaba fluyendo energía hacia la piedra y de la piedra hacia mí. Fue una interacción muy necesaria pues la conversación se enfocó en cómo las formas y los colores también influyen en el estado mental, físico y energético de los seres humanos mientras le daba color al ojo. Me indicaron pintar más en el futuro.

De vez en cuando dejé sobre una de las piedras el pincel y los colores y regresé frente al fuego para moverlo, ofreciendo velitas de varios colores, mientras seguía la conversación de los abuelos, viendo que las velas que puse debajo de la piedra grande a mi lado izquierdo, se habían derramado, combinando los colores y formando una figura de ser humano danzante de color turquesa, lo cual me dio por danzar y después regresé a pintar.

Cuando ya había restaurado el ojo, pasé a la otra figura que había visto anteriormente, oculta en la piedra; un rostro femenino con algo que cubría su cabeza. Se me ocurrió que era una corona. Me estaba sonriendo, como esperando su turno para embellecerla. Platiqué con ella, recordando la vez que se me mostró, permitiéndome darla a conocer a quienes en el futuro ingresaran a ese espacio.

Fue agradable. Sentí mucho bienestar mientras pintaba; el contorno de su rostro, su corona y sus ojos, pero cuando estaba a punto de hacerle la boca, al mismo tiempo que platicaba con el fuego ceremonial, apareció volando un insecto negro del lado derecho mío. Parecía como una enorme mosca, pero al verla más atentamente y por detrás, se parecía más a un escarabajo con el trasero negro dorado. Llegó frente a mí  y empezó a indagarme, daba vueltas alrededor mío mientras yo pintaba el rostro. El insecto (o la insecta?), estaba cada vez más cerca y su ronroneo era cada vez más fuerte. Y llegó un momento en que se me acercó tanto que me hizo moverme hacia atrás, y fue como si estuviese hablándome. Sobrevolaba, mientras me decía que le gustaba lo que yo estaba haciendo. Voló hacia las distintas manos impresas en la piedra que habíamos hecho en una ocasión que fuimos en grupo a hacer una ceremonia. Me preguntaba qué había sido de quienes habían llegado esa vez a ser un momento ahí en ese lugar. Sentí una bola de energía que se iba haciendo cada vez más grande en mis manos. La levanté por un momento hasta sentir que tenía un metro de diámetro. Después la deposité frente al fuego y se diluyó en todo el entorno.  

El OxlajujKej es de los abuelos[1] que está ayudando a generar la oleada energética desde el espacio en que se halla para que la vida se siga desarrollando en todas sus manifestaciones. La vida es permanente, la vida se va transformando a lo largo de sus distintos ciclos.  

Quise fotografiar el ojo pintado y el insecto que seguía volando para quedarme con un recuerdo de ese momento, pero enfrente estaba la vara para mover el fuego. En una actitud inconsciente pero brusca, tomé la vara y la arrojé hacia atrás, pero rectifiqué mi actitud y le pedí disculpas porque servía de instrumento para mover la energía del fuego. Tomé algunas fotos de ese momento cuando volví a colocar la vara frente a la piedra. Hay que tomar en cuenta que cualquier actitud en esos espacios genera un mayor movimiento energético. Además la vara es un importante instrumento y no hay que descuidarla. Decían que hay que seguir fortaleciendo el respeto a todas las manifestaciones de la vida. Que hay que ser constantes.

Al voltear a ver al bosque, a los pájaros y escuchar el sonido del agua deslizarse sobre las piedras y siguiendo su curso, escuchar a los pájaros; la energía del agua se hizo presente y me compartió una visión de alternancia. Vi la montaña sin nada de árboles, convertido en un lugar de casas. El lugar en donde estaba en ese momento con mi fuego, había desaparecido. Habían desaparecido las piedras, no había convergencia de energías. La gente estaba robando agua, la disputa era por el agua. Algunos buscaban agua pero no encontraban en ningún sitio. La seguridad estaba alrededor de los depósitos de agua. El manto acuífero del valle donde ahora está asentada la ciudad, lo habían privatizado y tenían grandes bombas que sacaban el agua de las cavernas que habían hecho. Era un lugar desconocido. Había mucha pobreza, sobre todo, pobreza de espíritu. Un sentimiento desconocido de desconexión que hasta el momento no hemos vivido. También sentí en ese momento mucha impotencia, preguntando en voz alta hasta donde tendríamos que llegar la humanidad en su aprendizaje.

Fui hacia la cera derramada, la tomé, quedando en mi mano solamente la forma de la mujer danzante, la que puse en el fuego. Y mientras se iba derritiendo, me recordó la imagen de la  placa de Pakal de Palenque en su trascendencia. Ahí estaba presente el abuelo jun keme’, y al ofrecerle su tabaco, llegó un fuerte viento mientras un pájaro cantaba, saltando entre los árboles. Todo se trata de trabajo personal, decía. Hasta donde llegues en este espacio-tiempo que te corresponde es tu tarea. Mientras todavía nos hayas llegado frente a la puerta para cruzar hacia el otro lado, tienes oportunidades. Vivir cada momento como si fuera el último es lo que corresponde.

Hubo momentos fuertes en donde había que apoyar fuerte los pies sobre la tierra para ser solamente un medio para que la energía siguiera su curso. Otras veces para reír, llorar o platicar, disfrutando de ser, ser humano, con ese cuerpo compuesto de los elementos de la misma naturaleza que la percibe. Agradeciendo mucho eso. Parecía un trastornado platicando solo en esa montaña, ante la piedra, ante el fuego. Es lo que pasa cuando se va solo a visitar esos centros energéticos. Se disfruta muchísimo. Me senté por un momento debajo de las imágenes que retoqué y de nuevo llegó el insecto a volar frente a mí.    

Finalmente me despedí y de nuevo salió una voluta delgada de humo que giraba de izquierda a derecha y se elevó hasta perderse en lo alto. Era la forma de un bastón y de una serpiente.

Pasé llevando agua del cerro pues unas compañeras están preparando la ceremonia para el río, con el propósito de llevar la energía del agua de otros espacios hasta ese lugar.

Las vivencias son cierres y aperturas de acontecimientos, pero no hay un fin absoluto, solo cambios. Siguiendo con el movimiento en espiral de la vida.





Chi Iximche’, chuwa 6 B’atz’,
15 de abril de 2016



[1]Cuando hablamos de los “abuelos”, nos referimos a que en el discurso ceremonial se hace mención de los distintos nombres de los creadores y formadores, de las fuerzas de la naturaleza, de los lugares sagrados, de los ancestros, etc, etc, abreviando de esa manera.  

martes, 21 de julio de 2015

10 CONSEJOS PARA DEJAR IR EL PASADO Y ABRAZAR EL FUTURO




1. Medita. Encuentra quietud, respira. La meditación es acción. Nuestra mente es mucho más difícil se aquietar que nuestro cuerpo. Nuestras vidas son ocupadas y de un ritmo rápido, lleno de ruido y distracciones externas. La claridad viene del silencio. La meditación, incluso en pequeñas cantidades, permitirá la inserción de los siguientes 9 pasos.


2. Comprender. Tómate el tiempo para reflexionar sobre tu propia historia como un tercero interesado sin juicio: simplemente observa. Entiende que no eres tu pasado. Comprende que las situaciones y los patrones y las personas en tu vida crearon tus experiencias, no te crearon a ti. Conocer y entender tu pasado y algunos de sus patrones te ayudará a reconocer por qué te aferras y repites las conductas autodestructivas. El entendimiento crea conciencia, la conciencia te ayuda a romper el ciclo.

3. Aceptar. Acepta tu historia y la gente que ha sido parte de tu historia, acepta tu situación y recuerda que ninguno de estos te definen. La aceptación es el primer paso para dejar ir y dejarte ir libre. Aprende del monje en la historia: llevar amargura, ira o rencor, a nadie carga más que ti mismo.

4. Vacía tu taza. Consciente y activamente trabaja en dejar ir de tu historia, tus juicios e ideales, las cosas materiales, todas tus cosas. No tienen ningún valor real. Ellos no te hacen más fuerte, más sano o más poderoso, y la creencia en ellos es una ilusión. Derrama tus expectativas de cómo, quién, dónde y qué debes ser, ya que, eso, también, es parte de una historia que te detiene de simplemente ser. Una vez que sueltas esta historia y vacias tu taza, tu propósito de vida se abrirá y podrás fluir mejor.

5. Alinearse. Toma un momento (o varios) para anotar lo siguiente:

a. El centro de tus creencias / valores

b. Tus metas de la vida

c. Las acciones que se están tomando para alcanzar dichos objetivos.

Desde aquí, tomar una mirada honesta a tus creencias / valores y determinar si se alinean o no con tus objetivos y acciones. Si no es así, pregúntate: ¿es el momento de crear nuevas creencias básicas, establecer nuevas metas o emprender una acción nueva? Qué medidas debes tomar para alinear tus acciones con tus creencias con el fin de alcanzar tus metas. Escribe 3 acciones que tomarás esta semana para conseguir ponerte en movimiento.

6. Flexibilidad. Puede parecer paradójico desprenderse de los resultados, las metas establecidas y aún trabajar para ellas. Pero si eres flexible - es decir, estás dispuesto a dejar de lado el resultado final - la alineación de los objetivos y el propósito verdadero con el bien común, es la acción justa. Se flexible, permite que el camino se desarrolle, abriendote a las oportunidades. Se flexible y fluye con la corriente de la vida.

7. Contribuye. Cuando te encuentras lamentándote sobre tu pasado o enojado acerca de tu presente o cavilaciones acerca de tu futuro, encuentra una manera de hacerle el día mejor a alguien. Con una sonrisa a alguien al pasar, abriendo una puerta, llevando un poco de comida para el necesitado: estas acciones simples pueden tener un impacto duradero y ayudarte a poner tu situación en perspectiva. Contribuir al bienestar de los demás es la mejor manera de alinearse con tu verdadero yo.

8. Cree en ti mismo. Cree en tu propósito. Cree que aferrarse, de hecho no hace nada, pero evitar ese propósito.

9. Ama el proceso. Diviértete. Juega, se alegre y positivo. Dale poder a la positividad. Ámate a ti mismo, ama a los demás y ama esta vida. Hay un regalo para desenvolver cada día, para contemplar con nuevos ojos y emocionarse.

10. Sé agradecido. Sé verdadero. Una vez que hayas tomado todas estas acciones, sólo sé.

martes, 2 de junio de 2015

QACH’UMILAL (NUESTRA ESTRELLA)


“Qach´umilal, q’ij alaxik, Wäch q’ij[1] (Nuestra estrella. Misión, Destino) es un valor fundamental en la cultura Maya porque a través de el, es que el ser humano consigue encausar su desarrollo mental, espiritual, físico y emocional. Cuando se reconoce y respeta el ch’umilal, se favorece la comprensión mutua y la responsabilidad que se tiene en la vida colectiva.

En la cultura Maya se valora la potencialidad y la posibilidad que tiene cada ser humano, al nacer y durante el resto de la vida, para aportar a su comunidad nuevas formas de solución a las necesidades y conflictos, nuevos mensajes y conocimientos para la vida humana y de la naturaleza. Se valora también, que con la energía de su Ch´umilal y la formación que le provee la familia, la persona misma podrá desarrollarse y podrá servir a su comunidad; será capaz de alimentar al Corazón del Cielo Corazón de la Tierra para mantener la memoria de los antepasados. Por eso, ninguna persona tiene en su libertad, el derecho de negar o interrumpir la vida de todos los demás seres creados.

El Cholq’ij permite la sincronización más completa del hombre con el tiempo real, ayuda a liberar distintos aspectos ilusorios de la vida que lo priva de su conexión e integración como ser que es parte de la naturaleza, del ser cósmico que es”.

Conocer el q’ij alaxik, wäch q’ij, ch’umilal es entender cuál es el espacio y la responsabilidad que tenemos como seres sociales y la trascendencia de nuestro ser. Saber la energía que nos corresponde nos sirve para adentrarnos en el autoconocimiento. Lo que se refleja en el cuadro de días de engendramiento, nacimiento y misión es el saber de dónde venimos, quienes somos y hacia dónde vamos, pero además cuáles son nuestros aliados energéticos que nos ayudan a alcanzar nuestra plenitud. Todo lo que llega del universo nos conecta con instrumentos valiosos en el espacio-tiempo que nos corresponde. Conocer el día permite conocer la misión, los desafíos u obstáculos en las distintas etapas de la vida.

Conocer los nueve nawales, o aspectos de días que a cada uno nos corresponde, nos ayuda en los distintos aspectos de nuestro ser. Nos nutre de autoestima. El año cargador en que nacemos, también complementa el espacio y tiempo que nos corresponde en este aquí y ahora. Los otros calendarios tales como el lunar de veintiocho días, el de los Abuelos de la Noche (9 cuidadores) se integran a la energía con que cada uno de nosotros hemos venido a disfrutar del regazo de Nuestra Madre Tierra.

Recordemos, todos somos seres únicos e irrepetibles en el universo.

El Ch’umilal es la referencia más exacta para el autoconocimiento y la sanación.

Y cuidando el Ch’umilal llegamos a la Plenitud como seres en este espacio-tiempo, en este aquí y ahora.

Chi Iximche’, Chuwa Oxlajuj Aj, Junio 2 de 2015.



[1] Nuestra estrella: día de nacimiento, aspecto-energía del día en que se nace según el Conocimiento Maya.

sábado, 30 de mayo de 2015

miércoles, 3 de diciembre de 2014

MATERIALISMO

En cualquier dirección que veamos, nos damos cuenta de las enormes consecuencias que el enfoque materialista ha generado en pocos años.  El sistema de comercio global, la ciencia, las comunicaciones, los viajes espaciales, etc, han sido realizados a un costo muy alto y el sacrificio de muchos.

En nombre del progreso se sigue explotando a la Naturaleza, a la Madre Tierra hasta el punto de la destrucción. Y la concentración económica se ha convertido en una obsesión que no es nada más que un estado mental-espiritual de ansiedad por la incertidumbre del propio individuo. La lógica nos limita nuestro punto de atención a la economía material y persistentemente nos negamos a admitir la idea de la existencia de un plano espiritual porque no deseamos pensar en el gran misterio que es la vida.

Un reflejo de la negación de otros planos existenciales de la vida materialista, es el abandono de los ancianos, pues verlos,nos recuerda lo que no hemos asumido en nuestra conciencia de nacimiento-muerte. Nuestro miedo explica por qué, durante tantos años, los individuos que tenían experiencias misteriosas de sincronicidad, intuición, sueños, percepciones extrasensoriales, etc, enfrentan tanto escepticismo, a pesar de que dichas experiencias estuvieron siempre presentes en la existencia humana.

El mundo es un sólo tejido interconectado de relaciones energéticas en distintos niveles.El universo es un todo indivisible que es vida, que es fuerza espiritual. Esto se alcanza a sentir, después de una atenta observación interior pues estamos íntimamente conectados a esa energía. Existen prácticas para lograr afinar esa relación.

Si bien es cierto que el materialismo ha desviado nuestra conducta, también nosotros como seres humanos, a lo largo de la vida, hemos generado ciertos patrones individuales que han contribuido. Y aunque en el fondo sabemos que son actitudes autoengañadoras, se nos hace difícil ver de manera objetiva nuestro comportamiento personal.

Cuando el interés va más allá de una simple exploración personal, se requiere más que la catarsis de lostraumas infantiles. Para no quedarse en los intentos inconscientes de adquirir energía y seguridad, hay que mirar más allá de la comprensión intelectual para buscar una nueva fuente de seguridad.

El desafío es mirarnos a nosotros mismos con más atención para identificar nuestro conjunto particular de supuestos, de nuestros traumas, y las intenciones que constituyen nuestro propio drama, y encontrar otra experiencia que nos permita abrirnos a la energía que llevamos dentro.

Una metáfora maya expresa que cuando nace un ser humano, allá en el cielo inicia el brillar de una estrella. Lo que significa que si nuestro destino fue el venir como seres espirituales a la Tierra, ¿qué pasa con el proceso de nacimiento y muerte? ¿Qué descubriremos aquí en la tierra de la dimensión celestial de la que venimos y a la cual retornamos cuando nuestro tiempo aquí termina?

Cuando los seres humanos estamos conectados al centro energético, aquí y en la otra vida, nuestra seguridad viene de adentro. Cuando estamos apartados de la fuente divina, buscamos seguridad fuera de nosotros mismos a través de alguna forma de gratificación y los dramas de energía que nos hacen perder energía.

Los seres humanos inventamos todo tipo de mecanismos para minimizar nuestro mundo y así ahuyentar la ansiedad de la vida. Todo tipo de instrumento que usa el abusador, las maniobras del criminal, no es más que una forma de reprimir su miedo de estar perdido. Eso es el mal, ese es el infierno. Son estados interiores individuales. Y todos esos com­portamientos deben entenderse como un mecanismo de defensa contra el gran miedo que genera la desconección espiritual.

Ahora queda bien clara la verdadera importancia de conectarnos interiormente, de eliminar nuestros mecanismos de control y encontrar nuestra verdad. El hecho es que estamos aquí en la tierra para ser más conscientes de nuestra naturaleza espiritual.
Además, sabiendo cual es la connotación de la Naturaleza en nuestra vida, comprenderemos que existen lugares especiales que nos generan estados acrecentados de conciencia que nos aceleran nuestro proceso interior. Esos espacios hay que brindarles protección.
Existen muchos establecidos por pueblos de prácticas ancestrales. Pero otros, en cambio, nunca fueron indicados ni documentados.Por eso es que deben ser redescubiertos para su cuidado.

Otro cambio que se produce du­rante la experiencia interior es el grado de proximidad y conexión que sentimos con los objetos o fenómenos que nos rodean. Todo de pronto parece estar más cerca de nosotros: una montaña distante, árboles sobre una pendiente, torrentes en el valle. Todos estos objetos parecen tener ahora una mayor presencia y relación en nosotros a pesar de estar muy lejos. La sensación es que se nos vienen encima, y es porque requieren nuestra atención, o nos compartirán un conocimiento necesario en el momento para nuestro crecimiento.

Esa es la percepción común de experimentar una sensación de unidad con todas las cosas. Al mirar y percibir la Naturaleza mientras estamos en este nivel de conciencia, todo lo que percibimos nos parece parte de nosotros mismos.
Somos parte del universo de la vida.

Kajkan Felipe Mejia
Chuwa 13 B’atz, 2 de diciembre de 2014

lunes, 10 de noviembre de 2014

ADICCIÓN ELECTRÓNICA: LA NOMOFOBIA

ADICCIÓN ELECTRÓNICA: LA NOMOFOBIA

Se dice que los miedos (fobias) son expresiones de nuestros conflictos internos, de nuestras inseguridades, de nuestras angustias. Y con el desarrollo de las tecnologías, han nacido nuevas que se relacionan directamente con la innovación de los dispositivos electrónicos.

El teléfono móvil fue una manera de acercar la comunicación que recibíamos en casa, pero actualmente el celular se ha convertido en la herramienta de comunicación que la mayoría de las personas utilizan, porque nos conecta al mundo a través del internet. Pero también nos ha generado otro tipo de dependencia.

Cuando el celular se queda sin carga, y nos invade una sensación de ansiedad que nos obliga a enchufar lo más pronto posible el teléfono móvil a la corriente, estamos ante un caso de Nomofobia. Si la desesperación se apodera de nuestro ser al haber olvidado el celular y pensamos que en el transcurso de ese tiempo han podido contactarnos, estamos hablando de esta novedosa enfermedad, hasta ahora no declarada.

La Nomofobia es el miedo irracional a salir de casa sin el celular. El término, es una abreviatura de la expresión inglesa "no-mobile-phonephobia", acuñado durante un estudio realizado por la Oficina de Correos del Reino Unido.

La Nomofobia, es la nueva obsesión que ataca a los jóvenes del mundo

A pesar de contar con las vías ordinarias de comunicación, como la de persona a persona, el nomofóbico enloquece cuando no tienen la posibilidad de contactar con las personas en cualquier momento allí donde se encuentren.

Según las estadísticas, los usuarios de smartphones consultan sus teléfonos de 34 veces al día y son los jóvenes entre 18 y 24 años son los más propensos. En segundo lugar se encuentran las personas entre los 25 y 34 años.

No tener disponible el celular en todo momento y lugar hace que muchos tengan la actitud parecida al de una persona que les teme a las ratas, a los sapos, a las culebras o a las arañas. No poderlo apagar nunca (ni siquiera en los sitios donde su uso está prohibido, como bancos y aviones) o tenerlo sin señal o sin saldo, hace que las personas suden, se desesperen y hasta dejen de dormir.

El internet estimula el anonimato y la desinhibición pero frustra a establecer verdaderas relaciones sociales.El usuario normal puede llegar a experimentar gran fascinación cuando se conecta a Internet y comienza una sesión de chats, el envío de imágenes de sus actividades, de navegación, o hace uso de otros servicios, y se desconecta por completo de su entorno, de su escuela, lugar de trabajo, su familia, sus amigos, etc.

Según los expertos, el nomofóbico suele ser una persona insegura y de baja autoestima. Las mujeres son quienes más la padecen, dado que su propensión les procura una mayor necesidad comunicativa y necesidad afectiva que a los varones. En cuanto a la edad, la nomofobia suele darse en mayor medida en adolescentes.

La nomofobia se convierte en un círculo vicioso de no acabar cuando la vida virtual absorbe tanto la vida real que almorzar en familia, ir a la playa, ver televisión o simplemente conversar en una esquina con un amigo es un plan totalmente impensable para ellos. Todo se establece en Internet, y el celular es, en la mayoría de los casos, su único y gran aliado. 

Muchos ejecutivos también la padecen porque va de la mano con la adicción al trabajo. No pueden almorzar, dormir o disfrutar de un fin de semana sin estar pendiente de los últimos acontecimientos que ocurren en el trabajo, y desde sus celulares planean, ejecutan, ordenan y trabajan sin parar. Todo debe tener un límite. El justo descanso y la recreación son necesarios.

Para muchas personas, hombres, mujeres, adultos y jóvenes en general, su teléfono celular es como otro miembro más de su cuerpo. Han creado una dependencia tan importante en sus vidas que el solo hecho de imaginar su pérdida o la ausencia de su compañía los hace sentir mal. Su estado de ánimo cambia si tienen que quedarse algunos minutos sin el celular a su disposición. Deben tenerlo cerca como el amigo fiel. A donde quiera que vaya, a la hora del almuerzo, de la reunión religiosa, del baile, en el trabajo, en la siesta, en el gimnasio, en el cine, etc.  Apagarlo por unas horas es una decisión que no está en discusión. El celular está ahí, y punto. Es parte de su autoestima, de su seguridad como ser humano, de su productividad como trabajador, de su reconocimiento como ser social. Desprenderse de él es tan difícil como el adicto a las drogas o al alcohol.

El celular se ha convertido en una herramienta más para generar dependencia cuando existe inseguridad personal, factor común dela nomofobia. Es un problema de autoestima y de relación. La idea de perfeccionismo es otra de las razones por las que aparecen estos casos, ya que en estas personas existe una necesidad de hacerlo todo sin ningún fallo.
“Mi vida circula alrededor de satisfacer al otro, así que, si me llaman y no tengo la posibilidad de estar conectado, me siento solo. Aparece el miedo a decepcionar a los demás”, “Si estamos esperando una llamada y no contestamos, sentimos que estamos fallando y el miedo se apodera de nosotros” afirma Antonio de Dios, estudioso del nuevo padecimiento.

Al producirse una esclavitud absoluta al celular, la adicción a veces es incontrolable. No pueden apagarlo por las noches y que, por tanto, se ven interrumpidos durante sus horas de sueño. La consecuencia, el insomnio.

Una actitud inconsciente (o consciente) de los nomofóbicos es que tienen el celular entre sus manos, después de un rato sin utilizarlo, y consultarlo inmediatamente.

“Es como el que tiene adicción al tabaco, que lo pasa mal cuando se le acaban los cigarrillos y que, en cuanto tienen la posibilidad de fumar, lo primero que hacen es encenderse uno”

Si bien, el uso del celular está permitido en casi todos los lugares donde permanecemos, no quiere decir que su uso indiscriminado no sea molesto para los demás y dañino para nosotros mismos. Aunque al principio parezca difícil, se deben establecer algunas normas para nuestro beneficio:
  • En las noches, apagar el celular o ponerlo en silencio en un lugar apartado de la habitación. El descanso lo necesita todo nuestro ser.
  • Evitar hacer y recibir llamadas después de las 10 de la noche.  Los familiares y amigos deben saber que solo recibiremos llamadas en caso de emergencia.
  • No debemos chatear ni hablar por el celular mientras se almuerza, se cena o se platica con alguien. Es irrespetuoso con quien se está y no deja concentrarnos en lo que estamos haciendo.
  • No se chatea ni se habla por el celular mientras se conduce. Es peligroso para todos.
  • Apagar el celular en los sitios donde está restringido o prohibido su uso. 
  • Los fines de semana, disponer algunas horas para desintoxicarnos del uso del celular. Apagarlo por un tiempo y responder después las llamadas o mensajes.
  • En las oficinas, salones de clase y recintos cerrados, procurar que las llamadas sean breves. Hablar en un tono moderado, y si la llamada se extiende, hay que dirigirse a algún lugar abierto donde no pueda interrumpirse a los demás.
  • Educar los hijos sobre el uso respetuoso del celular. No permitir usarlos mientras se comparte en familia, y si hay uso obsesivo en ellos, buscar algunaos correctivos. 


Finalmente, el uso moderado del celular ayuda a la economía de la familia.



Kajkan Felipe Mejia Sepet, Noviembre 2014

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jueves, 22 de mayo de 2014

LA CULPA Y EL PERDON

La odiosa culpa

Aunque todos los humanos somos víctima de ella, la personalidad Tipo e es la que se lleva los honores. La culpa surge de la valoración moral negativa que la cultura o cada uno hace de ciertos comportamientos considerados inadecuados o indeseables. El sentimiento de culpa suele obrar como una forma de autocastigo que apunta directo al corazón, una especie de harakiri psicológico autodestructivo, donde se ataca a la persona y no la conducta específica: "Soy malo", "soy un asco" o "soy dañino"; en vez de decir: "He cometido una torpeza", "me he comportado egoístamente", "he sido inadecuado". En otras palabras, la autoevaluación culposa nunca está ajustada a lo circunstancial, sino a la esencia misma del sujeto comprometido en la falta, lo que es a todas luces absurdo e inadmisible, porque nadie es totalmente malo o bueno. No es lo mismo decir robó una vez, a decir es un ladrón.

No estoy promulgando la insensibilidad ante los daños que podamos causar, voluntaria o involuntariamente, sino una responsabilidad compasiva que no incluya necesariamente. la propia mutilación psicológica. Una cosa es asumir la responsabilidad y las consecuencias de los propios actos con preocupación sincera, arrepentirse y reconocer la equivocación, y otra muy distinta entrar en el tormento de la autolaceración psicológica. Enmendar, pero como un acto de fortalecimiento del yo, aprendiendo de los errores y sin lastimar descarnadamente la propia esencia.

La culpa tiene un sentido social y uno religioso. Desde la perspectiva del aprendizaje social, la culpa cumple una función de autocontrol. La sensación de sentirse malo es tan fuerte e insoportable que hacemos cualquier cosa para ser evitada, incluido "portarnos bien". Muchas personas son honestas por convicción, pero otras muchas por miedo a la culpa. Desde esta óptica, la culpa anticipada puede ser vista como un método para hacer que la gente no se deje llevar por impulsos indeseables y antisociales, so pena de ser sometida a escarnio interior. No obstante su eficiencia relativa, son preferibles aquellos procedimientos pedagógicos más benignos y con menos contraindicaciones, como por ejemplo la enseñanza programada y racional de los valores. Recordemos que la culpa, en tanto proceso autodestructivo, es la antesala de la depresión.

Desde el punto de vista religioso, la culpa parece obrar como un sentimiento de limpieza. Es la otra cara de la moneda. Aquí, sentirse culpable implica arrepentirse y un gesto de reparación. Dicho de otra forma: "Si al hacer algo indebido, no me siento mal de haberlo hecho, soy muy malo o me aproximo a un perfil psicopático". En otra versión más cinematográfica: "Si no siento culpa por mis metidas de pata, soy inhumano, una especie de Robocop insensible que no merece compasión". Así, algunas personas aprenden a sentirse bien sintiéndose mal. Un masoquismo moralista al estilo japonés y un culto al sufrimiento inútil. Los yakuza se cortan el meñique en señal de desagravio y se lo entregan en un pañuelo al ofendido. Los occidentales nos arrancamos un pedazo de yo, lo aplastamos y se lo entregamos a cualquier autoridad moral para que nos confirme la expiación. En el caso del autocontrol, la culpa se vive como una cosa horrible que hay le evitar; en la limpieza, como una bendición le permite resarcirse frente al mundo, ante los o ante uno mismo. No obstante las diferencias, en ambos casos los" arrepentidos" muestran la clara intención de descartarse de la emoción culposa. “discúlpame", es la forma más evidente de soltarle a otro que nos quite de encima la carga que el pecado ocasionó y que ya pesa sobre nuestra autoestima.

Una paciente que había enviudado hacía poco, mostraba ciertas fluctuaciones de su estado de ánimo muy atípicas. Sin que ningún elemento de su personalidad lo justificara, pasaba de la alegría a la tristeza de una manera milimétrica. Un día mal, un día bien, luego volvía a sentirse mal, y así. Al cabo de varias semanas de registro descubrí la causa. Ella confesó muy apenada que había días en que se sentía demasiado contenta de estar viuda, ya que su marido la maltrataba física y psicológimente. Como consideraba que eso implica, un irrespeto a la memoria del difunto por las noches la embargaba una enorme tristeza y la profunda culpa: "¿Cómo me voy a sentir en, si él está muerto?" Al otro día, reparaba el “desliz" castigándose de todas las maneras posibles, especialmente utilizando autoverbalizaciones destructivas frente a sí misma. Así limpiaba la supuesta falla, pero al mismo tiempo permanecía atrapada en un duelo de nunca acabar. Después de muchas citas, entendió que su sentimiento de alivio era totalmente comprensible y tan humano como el pesar que aún sentía por el alma del fallecido.

La culpa nos ata fuertemente al pasado y nos imposibilita vivir el aquí y el ahora con tranquilidad. Es un lastre que hace más aburrido y agotador el viaje.

Por medio de la culpa puedes llegar a odiarte a ti mismo de manera inmisericorde. Recuerda que tu esencia merece consideración. No necesitas suicidarte para quedar en paz, porque Dios te quiere vivo, mejorando, y dignificando tu calidad de existencia pensante. En vez de castigarte, puedes asumir el compromiso de tus actos, arrepentirte, dar la cara valientemente y aceptar las consecuencias. No necesitas castigar tu ser para salir bien librado. Si reemplazas la culpa por responsabilidad y compasión, asumirás el deber de la reparación, sin aniquilar tu yo. Después de todo, y aunque tu ego se resista, no eres perfecto. Bota la culpa y reemplázala por algo más constructivo y formativo que te haga crecer como persona. No te ataques a ti mismo: respétate.




La magia del perdón

Afirma el conocido dicho: "El tiempo cura todas las heridas", y como todo refrán, su contenido posee cierta sabiduría popular. No cabe duda, a veces el tiempo cura las heridas y los hechos se diluyen en el infinito mar de información almacenada hasta desaparecer. Es posible que la persona afectada, cuando alguien recuerde inoportunamente los acontecimientos negativos, simplemente se limite a contestar:
"Eso ya pasó... Ya no tiene importancia". Desgraciadamente, esta forma natural de alocución psicológica no ocurre tan frecuentemente como uno podría suponer. En la mayoría de los casos se necesita una vida entera, o más de una, para que los malos recuerdos se insensibilicen. 

Afortunadamente, el ser humano posee otra facultad sustitutiva a la amnesia primaria, que no necesita tanto de la memoria como de la decisión y el amor. A esta aptitud se la conoce como el acto de perdón. Perdonar es el acto por el cual remitimos o exceptuamos de la deuda psicológica a alguien o a nosotros mismos. Contrariamente a lo que se piensa, el olvido no es perdón, sino una alteración momentánea de la memoria, un bloqueo informacional patológico o una enfermedad neuropsicológica.

Al que perdona no le pasa nada raro en la memoria, simplemente decidió hacer y hacerse un regalo. Un golpe en la cabeza puede producir olvido, pero no perdón. Cuando el indulto se otorga, el recuerdo sigue, pero ya no hace daño.

El proceso del perdón incluye un beneficio en doble sentido: alivio del resentimiento para quien lo ofrece y de la culpa o vergüenza para quién lo recibe. No solamente es un obsequio que se entrega, sino una forma de autorrecompensa y liberación. Anthony de Mello decía: "Usted no hace nada para ser libre, usted descarta algo. Entonces es libre". El perdón es una manera de lavar el alma y la mente. Es purificar el mundo interior.

Al acto de perdonar se llega por dos caminos: la revaluación objetiva de los hechos o el amor. En el primer caso, la persona decide revisar el pasado desde una nueva óptica, más desprevenida y actual, tratando de darle una oportunidad a los implicados. Este revisionismo autobiográfico intenta desarrollar una actitud más comprensiva para entender por qué ocurrieron los hechos y cuáles fueron sus causas. Es un proceso totalmente intencional y guiado por la razón. Su meta no es justificar ni juzgar a los culpados, sino hallar una explicación que perfila una interpretación más benigna y tolerante.  Explicar el comportamiento no es lo mismo que justificarlo (podemos llegar a explicar psicológicamente cómo se desarrolló la personalidad de un delincuente, pero no justificar sus acciones). Muchas de estas investigaciones personales terminan en nuevas formas de percepción y evaluación, donde los agresores son aceptados desde una perspectiva más humana y, finalmente, absueltos. En otros casos, la indagación puede culminar solamente en una amnistía parcial, que no es perdón, pero sí una aproximación interesante.

Cuando tenía seis años, mi padre me mandó a comprar el periódico a la esquina. Yo estaba jugando con la colección de revistas de superhéroes (apenas diez), de la cual me sentía profundamente orgulloso. Interrumpí lo que estaba haciendo y fui a cumplir el mandado. Al llegar, el vendedor me dijo que el camión estaba por llegar y que lo esperara. A los veinticinco minutos compré el diario y me fui corriendo a mi casa. Al llegar mi mamá tenía cara de haber peleado, mi padre me arrebató el periódico y se fue para su cuarto. Cuando entré a mi habitación no encontré mis revistas. Le pregunté a mi madre por ellas, y entre lágrimas me señaló la cesta de la basura. Cuando me asomé vi mis revistas vueltas añicos, totalmente rotas. Mi demora había ocasionado en mi padre una impaciencia tan irracional que había descargado su ira con mis diez revistas rompiéndolas en pedacitos. Recuerdo que comencé a llorar mientras trataba infructuosamente de rehacer cada una de ellas. Mi madre me abrazó y mi padre jamás habló del asunto. Treinta años después, al poco tiempo de morir él, hablando un día con mis hermanas, lo recordé todo. Como un río fuera de control, el material reprimido se desbordó y comenzó a calar el alma. Desde entonces, me he sentado varias veces a revaluar y crear argumentos que me permitan, tal como decía el personaje de El príncipe de las mareas, "Aceptar a mi padre con su terrible humanidad". He encontrado excusas, atenuantes y paliativos, como por ejemplo la ignorancia del inmigrante, la segunda guerra mundial y la pobreza, pero aún no he llegado a perdonarlo de corazón.

Hay un segundo camino menos tortuoso y directo para llegar al perdón, y es el de llegar desde el amor. Aquí la indulgencia es plenaria e incondicional. Aquí no hay razones, ni intentos de comprensión. El indulto es porque sí, sin más motivos que el sentimiento de amar, y punto. Cuando nos ofende un hijo, no necesitamos análisis de ningún tipo, el perdón nace sin esfuerzo ni condición. Podemos jugar a estar bravos uno o dos días, pero luego, aunque intentemos que la rabia dure lo suficiente para darle un escarmiento, se nos pasa. Si hay amor, hay perdón. Si amamos a nuestra pareja, la perdonamos; si nos amamos a nosotros mismos, los perdonamos. Si no hay perdón, algo le está pasando al amor.

Para solicitar perdón, solamente se llega por un camino: la humildad. Pero una humillad decorosa. La absolución que se pide, si es digna, es decir, no humillante y atentatoria de la propia esencia, es un paso importante para el fortalecimiento del yo. Por ejemplo: "Vengo a pedirte perdón porque te he sido infiel. No me siento bien de haberlo hecho... Tú no lo mereces... Además te amo... Perdóname". Es casi como decir, "compréndeme, quiéreme o acépame", pero sin la autodestrucción típica del sumiso o el culposo crónico. Una versión menos respetable sería: "Te suplico que me perdones... Yo no tengo arreglo... Soy una porquería... No te merezco... Siempre he sido una persona infiel (arrodillándose y juntando las palmas de las manos en señal de súplica) Por favor, apiádate de mí.. No me dejes..." Obviamente, si este caso fuera real, independientemente de que se obtenga o no la clemencia, recomendaría asistir lo más pronto posible a un buen terapeuta. Requerir el perdón es un acto de valentía y un bálsamo, pero jamás debe hacerse como un acto de laceración personal, sino de engrandecimiento.

El perdón sirve para evacuar la memoria de malos recuerdos y alivia tus heridas. Si decides hacer uso de él, acabarás con buena parte de la carga del pasado. No necesitas ser un perdonador de tiempo completo, simplemente, dentro de tus limitaciones naturales, comenzar a intentado. Perdonar y ser perdonado es un método exclusivamente humano, al cual puedes apelar para cerrar un capítulo y enterrar lo que te mortifica. Comienza a desaguar el sistema hoy mismo, elige a quién vas a indultar y comunícaselo. Si no puedes, hazlo silenciosamente como un acto de autorrecompensa. Te quitarás un peso de encima y un problema menos por solucionar, además de aproximarte al amor. El perdón te permite no sólo estar" a paz y salvo", sino "en paz y a salvo".

Hablar de ello

Aunque el perdón limpie una buena parte de nuestra base de datos, no todo es resentimiento o culpa.
La memoria contiene sentimientos supremamente resistentes a la erosión del tiempo (como por ejemplo, los amores imposibles) y dudas sin solución (como las de algunos hijos adoptados que se preguntan quiénes habrán sido sus padres y por qué los abandonarían). Hay cosas que no podemos resolver por nosotros mismos, pero que desgraciadamente ya forman parte de nuestra hoja de vida.

Dudas, miedos, secretos ultraocultos, romances prohibidos, perversiones simpáticas, en fin, la memoria autobiográfica posee toda una enciclopedia de intimidarles que hacen más lento el andar y crean confusión.

Mi experiencia profesional es que cuando ese mundo clandestino sale a flote de una manera adecuada y con la colaboración de personas responsables y competentes, la cuestión es absorbida por el organismo. No significa que se encuentre necesariamente la solución, pero muy probablemente la información pasada perderá gran parte de su valencia negativa. Por lo general, cuando los pacientes cuentan su "gran secreto" sienten una mejoría inmediata y el restablecimiento automático de la autoaceptación. Por un lado, descubren que el oyente no se horroriza tanto como esperaban y, por otro, siempre parece haber alguien con un problema mayor y eso, aunque sea consuelo de tontos, ayuda.
Algunas personas se sienten sucias y no merecedoras de amor porque en su pasado esconden pequeñas "indecencias" y errores de juicio, que a la hora de la verdad no son tan graves, totalmente comprensibles y más comunes de lo que se piensa.

Nuestras reservas de sumario son similares. En la intimidad, cuando nadie nos ve, cometemos las mismas fechorías inofensivas en pensamiento, palabra y, casi nunca, en obra.

Cuando se tiene un problema hay que sacarlo y ponerlo sobre el tapete para mirarlo mejor y destriparlo si se puede. Hablar de ello y comunicarse asertivamente con amigos sinceros, asesores espirituales y psicólogos bien calificados, es bueno y saludable. Contarle a un buen escucha, que nos acepte pese a todo, nos hace sentir en casa. Es repartir, así sea por un rato, la carga entre dos.

Si tienes algún secreto que te agobia, alguna pregunta sin respuesta, algo de lo cual te avergüenzas, y el perdón no te sirve, no te quedes en silencio. Habla de ello. Busca alguien de confianza que pueda escucharte. Cuéntalo sin pelos en la lengua, ni esguinces de ningún tipo. Saca todo a relucir y te sorprenderás del resultado. Si te da pena, siente la pena hasta aturdirte con ella, pero habla. Nada de lo que ocultas es en principio inexplicable. Todo es entendible si lo expones con sinceridad. Comparte tu mundo interior: ésa es una manera saludable de comenzar a borrar el pasado improductivo y ponerle punto final a lo que no vale la pena.

DE REGRESO A CASA

Walter Rizo